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Las cosas de W&CC así como de ALMAYARA.

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domingo, febrero 08, 2026

"Por amor al arte. Seis generaciones de artistas"

Presentación del libro de Thais Martín de la Guerra en el Palacio Bauer



El viernes 6 de febrero de 2026 tuvo lugar un acontecimiento de esos que no se olvidan. Mi hermana Thais Martín de la Guerra presentó su libro Por amor al arte en un acto espectacular; lleno de arte, como no podía ser de otra manera. Para empezar hay que destacar el marco en que se produjo. Sólo visitar el precioso teatro de la Escuela Superior de Canto (Palacio Bauer) en la calle San Bernardo de Madrid, ya merece la pena. No en vano está declarado Bien de Interés Cultural.





Pero es que, además, el acto estuvo salpimentado con números musicales de gran valor. La soprano Eva Marco y el tenor Andrés Lara, acompañados de la pianista Cristina Presmanes elevaron la calidad del evento. También destacaron los meritorios miembros de la Rondalla Lírica de Madrid, que arrancaron al numeroso público a cantar pasajes de sobra conocidos. Hasta la hija de la autora, Dalila Garmendia Martín se prestó a interpretar una pieza al piano y poco después tuvo unas emotivas palabras hacia su madre. De este modo, se puede decir que hubo momentos de deleite sublime, de sonrisas y de emoción; hasta alguna lagrimita se escapó por ahí.



En lo que fue la presentación del libro, propiamente dicho, intervino como moderadora la polifacética Cristina Presmanes, antes citada. Junto a la autora del libro, Thais Martín, se encontraba su primo, Antonio Calero Westermeier, que habló de la rama familiar de los Westermeier y De la Paz. Otra cosa es la rama De la Guerra, que aunque suene a guasa, se acabaron encontrando, demostrando, como recordó la autora, que la realidad, a veces, supera la ficción. A los curiosos sólo me queda animarles a hacerse con el libro. Seguro que lo disfrutan.




Al final del entretenido acto, mientras la autora firmaba ejemplares de Por amor al arte. Seis generaciones de artistas, se ofreció un vino español en el que la mayoría de los asistentes coincidieron charlando animadamente de cientos de anécdotas surgidas al albor de lo recién referido en el teatro. No en vano coincidieron compañeros de profesión de la autora, del colaborador -ambos músicos- y hasta de las orquestas y centros en los que desarrollaron su vida laboral los padres de Thais y Antonio.





PICAR AQUÍ PARA VER VIDEO DE TODO EL ACTO

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editado por...Wladi Martín @ domingo, febrero 08, 2026
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domingo, enero 18, 2026

A propósito de Allen ¿Qué pasa con Baum?

Hoy que he terminado de leer el último libro de Woody Allen, me surgen algunas reflexiones y recuerdos.



El nonagenario genio neoyorquino ha sorprendido escribiendo a su avanzada edad su primera novela. En ella destila su peculiar humor, fino y cínico a partes iguales, basándose en un protagonista que inevitablemente nos recuerda a él mismo.


Yo vivía, hace muchos años, en Caño Roto, cerca del Canódromo de Carabanchel. Mi colegio estaba en la callejuela Bocarrana; fantástico nombre que se acabó perdiendo. También está en desuso el de poblado de Caño Roto, que ha devenido en barrio de Los Cármenes. (¿Dónde va a parar?).


Muy cerca del colegio, en la misma calle del canódromo, pero más arriba, hacia Carabanchel Alto, había dos salas de cine pegadas la una a la otra. Eran los cines Canadá y Kursal. Este último también tenía discoteca adyacente.


Daban, en sesión continua, dos películas. A mi siempre me ha gustado mucho el cine. A pesar de no encontrar compañía una tarde me decidí a pasar a una de las dos salas -no recuerdo cuál- a pesar de que las carteleras no me parecían sugestivas. Proyectaban, una detrás de la otra, “Trafic” de Jaques Tati y “Toma el dinero y corre de Woody Allen”. A ninguno de los dos genios se les podía considerar por entonces conocidos, ni mucho menos. Del cineasta francés ya hablaremos. Ahora nos ocupa Woody Allen.


Ambas películas me conquistaron. Quedé impresionado y comencé a seguir a ambos llegándome a declarar fan incondicional del judío neoyorquino. Por entonces, ya digo, nadie le conocía y mucho menos en mi entorno. Era la década de los 70. Todavía había un único noticiario y todas las cadenas de radio y las dos únicas que había de televisión, estaban obligadas a emitirlo. Otros tiempos.


Mi pasión por Woody Allen fue tal que llegaron a llamarme Woody, en lugar de Wladi. En aquella época el norteamericano aún no había sido galardonado con un óscar al mejor director por “Annie Hall”; cinta que también se llevó la estatuilla como mejor película (1977).


Por cierto que Woody Allen no recogió el galardón. Estaba tocando el clarinete en un club de jazz. No iba a dejar tirados a sus amigos. Esa fue su excusa para no acudir a tan rimbombante acto.


Y llegados a este punto recuerdo una estupenda anécdota que narra como conseguí el autógrafo del singular actor y director.


Debían estar próxima la década de los 80. Un amigo me llamó explicándome que una compañera de trabajo iba a ir de viaje a Nueva York y quería visitar el club dónde sabía tocaba regularmente el clarinete el señor Allen. Tenía pasión por el ya por entonces famoso cineasta, pero no encontraba forma de averiguar dónde verle.


Mi amigo Mario le explicó que tenía a la persona indicada para averiguarlo.


- Si quién yo pienso no te lo sabe decir, es difícil que encuentres alguien en España que lo sepa.


Se refería a mi.


Recuerdo que por entonces, no funcionaba Internet. Ni siquiera había ordenadores personales en los domicilios del común de los mortales. Tampoco teléfonos móviles.


Yo tenía un fantástico archivo con cientos y cientos de recortes de prensa. Guardaba todo lo que aparecía publicado sobre Allen o su obra o su entorno. Incluso era suministrado por mis amigos. Me entregaban regularmente artículos, fotos y otras publicaciones del tema.


Así es que le pedí a Mario un par de días pues no estaba seguro de tener el dato, pero quería repasar a fondo mi archivo.


Efectivamente, dentro del plazo que pedí facilité el dato requerido.


- Di a tu amiga que toca los martes en el Michael´s Pub.


No sólo eso. Le di la dirección, le proporcioné los horarios de las actuaciones. Hasta facilité el teléfono del club para poder hacer reserva; cosa muy recomendable.


La muchacha no se lo podía creer. Fue a escuchar al polifacético artista y tuvo el detalle de pedir su autógrafo para mi, en señal de agradecimiento. A su vuelta me fue entregado. Lo he guardado muchos años como un auténtico trofeo.


Volviendo a la novela “Qué pasa con Baum” y sin entrar en valorar técnicamente la obra -cosa que no me considero capacitado para hacer- diré que será del agrado de los seguidores de Allen y muy del desagrado de sus detractores – que también los tiene-.


Una de las muchas películas de Woody Allen se titula “Sombras y niebla”. También las hay en su dilatada vida. Pero, en todo caso, es curioso que tan aparentemente frágil personaje haya sido capaz de levantar grandes pasiones y, casi en la misma proporción, grandes y furibundas aversiones. En muy poquitos casos deja indiferente. Por algo será.

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editado por...Wladi Martín @ domingo, enero 18, 2026
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miércoles, agosto 05, 2020

Woody Allen

Leo mucho, siempre he leído mucho. No me considero un lector compulsivo, pero raro es el año que no me leo unos 14 libros. Incluso hay períodos en que, de media, me leo unos dos libros por mes o más. Lo bueno es que no suelo recordar básicamente lo que leo. Así experimento especial deleite en volver a leer, por ejemplo, El Principito de Saint-Exupèry. Pero, tengo que reconocer que no suelo releer libros porque tengo muy presente aquello que alguien dijo de que ni en toda la vida se lograría leer todo lo publicado (ni siquiera de lo bueno). Bajo este precepto también me permito dejar algunas obras apenas comienzo a deslizar sobre sus primeras páginas mi vista, si no me interesa. Lo hago sin llegar a acabar el libro. Eso no quita para que en algunas ocasiones vuelva a intentarlo e incluso a lograrlo, más adelante (acabar el libro en cuestión). Eso me pasó con La Regenta cuyas primeras 100 hojas se me atragantaron. Pero tiempo después pasó a ser una de mis novelas favoritas.

Leo novelas (muchas) y otro tipo de obras (algunas). Pese a no recordar lo leído, como sí hacen algunos de mis amigos, soy consciente de que lo leído me aporta mucho. Se podría decir que soy lo que leo (sobre todo lo que he leído). Estoy seguro.

Actualmente estoy divirtiéndome mucho con la autobiografía de Woody Allen, mi otrora ídolo Woody Allen. Hoy día mis ídolos no suelen rebasar los 5 años de edad.

Puedo presumir de haber sido su introductor (el de Woody Allen), si no en España (que no lo fui), sí, al menos, entre mis amigos. He llegado a tener una fabulosa colección de recortes del cineasta neoyorquino lo que me hizo, tiempo atrás, todo un experto en el actor y director. Eran tiempos en que no se tenía acceso a Internet.




En una ocasión recibí la llamada de un gran amigo. Me explicaba que una compañera de trabajo tenía previsto viajar a Nueva York. Expresó su deseo de ir a ver a Woody Allen pues le gustaba el personaje y se había enterado de que tocaba el clarinete en un pub de la ciudad norteamericana. Mi amigo le dijo que conocía a la persona que podía tener la información; que consultaría. Yo, por entonces, sabía que el neoyorquino efectivamente tocaba el clarinete en el pub en el Michael´s Pub y poco más. Pero me puse a revisar mi colección de recortes. Encontré la información de los días en que el cineasta tocaba en el local con su banda. Le facilité la ubicación del pub, las horas de actuación… hasta conseguí el número de teléfono del garito.

Muy ufano llamé a mi amigo y le di toda la información. Poco después me olvidé del asunto, hasta que semanas después coincidí con él. Me trajo una postal de propaganda del Michael´s Pub con el neoyorquino tocando el clarinete con su banda en una cara. En la cara contraria estaba su autógrafo que su amiga había tenido oportunidad de pedir para mi y que guardé como un tesoro (tanto que no sé si lo encontraría en la actualidad).

He visto todas las películas del autor incluso algunas que no ha dirigido y algunas varias veces. He leído todo lo que ha publicado. Le defiendo desde que en un cine de barrio (el Kursal o quizás el Canadá -en Carabanchel-) vi “Toma el dinero y corre”. Nadie le conocía. Me impactó.

Llegó el momento en que incluso hubo quien confundía mi nombre con el del astro neoyorquino. Yo encantado.

Me molestaba que algún amigo le llegase a comparar con el actor francés Pierre Richards, que, sin duda, era gracioso, pero a mi me parecía que no le alcanzaba en talento. No obstante, Allen reconocía que tardaba mucho más, de lo que aparentaba en sus películas, en dar una respuesta graciosa. Como dice el propio autor: “si los seres humanos tuviésemos dos cerebros, seguro que haríamos el doble de tonterías”.


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editado por...Wladi Martín @ miércoles, agosto 05, 2020
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miércoles, junio 24, 2020

Sacks se despide



Yo que estaba tan tranquilo en el frenético carrusel de mi vida, de repente y sin aviso, me llegó la “hoja roja” como la llamó Miguel Delibes. Se refería a la hoja que sale en un librillo de papel de fumar cuando quedan pocas ya.

He perdido mucho pero también he ganado cosas; así al menos lo creo yo.

Apenas puedo caminar sin el apoyo de alguien a mi lado pero aprecio, más que nunca, ir agarrado de la mano de mi compañera.

Me he vuelto más sensible, de lágrima fácil, pero también más comprensivo.

Sigo teniendo mi carácter y, a veces, más del que me conviene – eso me dicen – pero prometo que día a día me intento volver más contemplativo, más comprensivo.

He perdido paciencia para algunas cosas. A penas me sostengo en pie en una larga despedida, en un largo saludo; pero he ganado paciencia en casi todo lo demás. Soporto cosas que antes me parecían insoportables.

Disfruto como nunca de la presencia de mis seres queridos y disfruto, como no sé explicar, con tal de verles a ellos pasarlo bien.

Antes podía disfrutar de un baño en la piscina o en el mar, ahora disfruto de ver a los demás jugando con el líquido elemento, no necesito más.

Me estoy preparando mejor para agotar esos últimos papelillos que aún me quedan en mi librillo de papel de fumar y lucho a diario porque esa degeneración diagnosticada sea la menor carga posible para los demás; faltaría más.

Doy pocos consejos y escucho lo que me dicen. He descubierto, con claridad - antes sólo lo intuía -, que incluso gente que te quiere escucha poco. Quiere eso decir que a todo el mundo le confiero el don de enseñarme algo. Por eso, creo que soy yo el que ha aprendido a escuchar y no creo que todos los mortales hayan aprendido a decir algo interesante, de repente.

Por supuesto que echo de menos cosas de antes pero es muy raro que nadie me vea abatido o pesaroso. Me niego a dejar de ser optimista. Es de lo poco que me queda, como legado hacia los demás.

Tengo miedo, claro, pero no es un miedo paralizante. Aprecio lo poco que puedo hacer y lo hago. Espero estar a la altura, más que nunca, aunque tengo mis momentos bajos. Me planteo mi resiliencia como forma de vida; me da fuerzas.

He dejado de considerarme indispensable, me limito a transmitir mis recuerdos, sobre todo donde sé que son tenidos en cuenta; a quién le puedan interesar.

Cuando me cortan al hablar no chillo más, me limito a callarme. Pienso que no debía ser muy interesante lo que iba a decir; casi nunca lo es.

Cada vez es más profundo mi amor y, cada vez, hacia menos gente; pero tengo amor para todo el mundo.

Dicen que Oliver Sacks, neurólogo británico, escritor y aficionado a la química, fue diagnosticado de metástasis múltiples en el hígado a los 81 años. Escribió “De mi propia vida. En el tiempo que me queda, tendré que arreglar mis cuentas con el mundo”. Dejo enlace al escrito en el Wladiario, por si alguien tiene interés en leer el escrito (merece la pena)

https://wladiario.blogspot.com/search?q=Sacks

De todo su escrito me quedo con el siguiente pasaje:

“Mi trastorno me ha producido muy poco dolor; y, lo que es aún más raro, a pesar de mi gran empeoramiento, mi ánimo no ha decaído ni por un instante. Poseo la misma pasión de siempre por el estudio y gozo igual de la compañía de otros “.

En casi todo estoy de acuerdo, pero discrepo un poco de la segunda parte. Poco estudio ahora aunque gozo con lo poco que lo hago, pero la compañía de otros se me ha vuelto codiciosa; la aprecio más que nunca. Sobre todo la de algunos con alma noble. Yo os bendigo.

Me despido – de momento – con las últimas palabras del escrito de Sacks:

“sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura”.

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editado por...Wladi Martín @ miércoles, junio 24, 2020
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domingo, mayo 17, 2020

El gesto de la piedra

He visto mucho teatro gracias a ciertos privilegios por ser periodista. Sobre todo en Getafe he asistido a obras de gran calidad.

Recuerdo una vez en dicha localidad que me invitaron a una obra de ElBrujo al que no conocía, hace muchos años. Creo que era sobre el Lázaro de Tormes y me quedé en el teatro casi a regañadientes; muy escéptico. Me lo pasé en grande. Todavía recuerdo con agrado aquella velada. Rafael Álvarez “El Brujo” paso a ser un auténtico ídolo para mi; yo diría que un maestro o gurú.

He asistido a docenas de sus representaciones. Hasta Mérida me desplacé para verle en un marco singular como pocos.

Ya le conocía cuando descubrí que la parte musical en sus obras se debe al maestro Javier Alejano. Es el único ser viviente que se sube al escenario cuando Rafael Álvarez actúa. Pues bien, hace muchos años, un joven Javier Alejano visitaba mi casa para recibir lecciones de violín de mis padres. Eso me unió todavía más a “El Brujo”.

En una de sus obras, el actor contaba una espléndida anécdota que intentaré narrar a mi manera.

Cuenta Rafael que de joven tuvo un breve papel de pícaro y que no acertaba con el gesto correcto. Un día paseando por la playa se tropezó con un guijarro que tenía exactamente el rictus que le parecía adecuado adoptar para su personaje. El Brujo, en escena, parodiaba aquella cara entre grandes risas de su público.

Pocos días después de aquello, parece ser que le llevaron a visitar una escuela de arte dramático. Muchos aprendices del noble oficio de actor estaban pendientes de cuanto escuchaban.

Allí, Rafael contó la anécdota de la piedra, ante la cual, un joven candidato a actor se mostró un tanto escéptico.

“¿Cómo va una piedra a enseñar un gesto?”

ElBrujo le contestó con otra pregunta: “¿cómo vas a ser actor si no sabes escuchar lo que dice una piedra?”

La anécdota me pareció genial. Seguramente Rafael se refería al oficio de actor en su más amplio término, casi cercano al de poeta. Seguramente el chaval era un maravilloso estudiante en su escuela. No obstante se abre la reflexión ante la respuesta de “ElBrujo” sobre lo que se aprende y de quién se aprende.

Hay un dicho zen que viene muy al caso: “Cuando el alumno está preparado, el maestro aparece”. Lo que pasa es que el maestro no siempre lleva una túnica, ni velas de incienso , si se me permite (nada tengo contra las túnicas, ni las velas de incienso). A veces, aprendemos de extraños maestros, a veces aprendemos de un guijarro al que hemos dado una patada, casi por azar (¿existe el azar?).

Habrá que seguir pendientes de las piedras del suelo, del camino que recorremos, del cielo bajo el que caminamos, de las flores en las orillas, de los pájaros que las huelen, de los insectos que las liban. Se puede aprender tanto de tantas cosas y, por supuesto, de tantos maestros (y maestras)...


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editado por...Wladi Martín @ domingo, mayo 17, 2020
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sábado, enero 21, 2017

Homenaje a Ángel Oliver Pina



Hoy 21 de enero de 2017 hemos estado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Se presentaba el libro Ángel Oliver Pina. Pasión por la música, en un acto en memoria de mi tío -Ángel- premio internacional Reina Sofía de composición. El acto consistió en la charla de tres importantes personalidades a la que siguió un concierto con obras del homenajeado. Entre los intérpretes de estas obras estaba mi prima Laura Oliver, hija del compositor.



La introducción corrió a cargo de José Luis García del Busto, académico de Bellas Artes y musicólogo. Dio paso a la alocución del compositor José Luis Turina, rematando el turno de charlas José Abadía, presidente de la Asociación cultural Arbir Malena de Moyuela (Zaragoza), pueblo natal de mi tío Ángel.



El esfuerzo de esta asociación es notable dado que desde Moyuela, pueblo que ya quisiera llegar a los 100 habitantes, realiza una gran labor, centrada ahora, en la recuperación de la memoria histórica en uno de sus hijos más notables como es Ángel Oliver.



El concierto, en el magnífico marco de la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la madrileña calle de Alcalá, comenzó con el Tríptico cervantino. La obra de órgano estuvo interpretada por Adolfo Gutiérrez Viejo.



A continuación se ejecutó el Cuarteto número 2 por parte del Cuarteto Ars Hispánica, integrado por Alejandro Saiz (violín), María Saiz (violín), José Manuel Saiz (viola) y Laura Oliver (violonchelo). Posteriormente, se pudieron escuchar Miniaturas improvisatorias. In memoriam Francisco Guerrero, también a cargo de Adolfo Gutiérrez Viejo. Para finalizar, Laura Oliver y el propio Adolfo Gutiérrez interpretaron Epílogo, obra -como todas las anteriores- compuesta por Ángel Oliver, para órgano y violonchelo.




Se me pidió la realización de un reportaje fotográfico, de manera que dejo aquí una pequeña selección como adelanto para quienes gusten en echar un vistazo.


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editado por...Wladi Martín @ sábado, enero 21, 2017
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domingo, octubre 13, 2013

Días, meses... Momentos, instantes



Van pasando los días y nos vemos arrastrados por ellos a la rutina de una nueva temporada. Algunos miden el paso por la vida por meses, otros por años. También somos muchos los hechos a medir en base a cursos escolares o temporadas deportivas. Ya está aquí una nueva, recién estrenada. Y las fuerzas, en merma permanente, nos recuerdan el paso del tiempo del que estamos hablando.

Quizás lo malo no es ciertamente ese paso, ese fluir, acompasado o no, de días y meses. Quizás lo malo sea mirar para atrás, sobrecogido, por si a uno le sorprende la futilidad. A veces uno se pregunta por ¿qué es lo que no es vano, ligero e inútil? Supongo que la respuesta va marcada por el estado de cada cuál; por el optimismo de la propia cuestión.

No obstante, hay momentos en que el tiempo deja de ser protagonista para dar paso a la prioridad del instante. Son esos momentos mágicos en que sabemos que vivimos, como si en otros, con una especie de automatismo, no lo hiciéramos. O por lo menos no de la misma manera.

Acabamos la sobremesa del Día del Pilar escuchando a Enrique García Requena cantando boleros

Hace poco tiempo, tuve ocasión de volver a disfrutar con Rafael Álvarez “El Brujo”. Vi su montaje de El Evangelio de San Juan. Unas semanas antes ya había tenido ocasión de alucinar (sí, alucinar) con La Odisea. Hay que estar muy agradecido a este extraordinario actor, a este prodigioso artista por lo mucho de positivo que hace por todo aquel que tiene la suerte de acudir a verle en cualquiera de sus trabajos. También harían bien en escuchar sus quejas por maltrato a que someten la cultura, en general, los actuales gobernantes. Ayer mismo vi fugazmente su intervención en un programa de esos llamados de debate en que periodistas e intelectuales acaban atropellándose en pleno discurso (algunas veces racional o razonado). Los tildados como “de derechas” rebatían airados las quejas de “El Brujo”. Los tildados de izquierdas las aplaudían sin apenas escuchar. Un gran espectáculo. Quizás por ello, estaba siendo ofrecido en televisión. Creo que también en eso tenemos lo que nos merecemos (e incluso un poco menos).



Hablando de merecimientos, estoy seguro de que a estas alturas de sucesión de momentos o de instantes –quién sabe- uno tiene lo que se merece. Lo que preocupa es que uno empieza a sospechar que aunque se aplique a tratar de merecer, con denuedo, algo más, va a servir de bien poco. No sé si la historia a la que me estoy refiriendo ahora la escriben los vencedores, pero me parece a mí que a los que quieren meter algún párrafo por su cuenta, o nos les dieron papel, o no les dieron ni un simple lápiz. Siempre nos queda en esta era digital abrir un blog como éste en el que hacer catarsis y tratar de compartir algún que otro pensamiento con las muchas almas gemelas que andan vagando por ahí.

Mi madre disfrutando del improvsiado recital de poesía de uno de los yayoflautas

Ayer mismo, en otro de esos momentos en que el tiempo pierde protagonismo para pasar a ganarlo el instante, estuve de celebración familiar. Todo salió bien, desde la comida –todo riquísimo- hasta la sobremesa. Claro que tener familia de músicos viene a ser algo así como acabar escuchando a alguien cantar o tocar el piano, por ejemplo. En el día del Pilar tuvimos ambas cosas y, además, recital de poesía. Otro oasis. 

Javier García Requena cantando en casa de mi hermana

He recordado, tras la reunión escuchando versos de García Lorca y boleros de Agustín Lara, otros tiempos. No digo mejores, que está muy manida esa expresión. Tanto que la pongo en duda. Pero sí que he recordado con gran sentimiento las invitaciones de mi amigo el novelista, poeta y catedrático de Literatura, Ezequías Blanco. Una vez por año, reunía a un grupo de amigos y se recitaba poesía. El motivo era siempre la publicación de un nuevo número de la increíble revista Cuadernos del Matemático.Era una ocasión única de escuchar a poetas modernos declamando sus propias composiciones. También gustaba Ezequías, con su increíble amigo Cristóbal López de la Manzanara, de preparar alguna que otra sorpresa. El año en que conocí, en una de aquellas fiestas, a Quico Cadaval, quedé fascinado por su genialidad. Recuerdo con mucho agrado lo mucho que me reí. Fue un gran descubrimiento y otro de esos instantes atemporales de los que vamos coleccionando para poder decir, llegado el caso, he vivido.

El actor Ernesto Gil recitando poemas de Lorca


Pero no es cuestión de ponerse el traje mimetizado –entre manchas de optimismo y colores de fantasía- para salir a la caza de esos instantes. Qué sería de un optimista melancólico como quien esto firma si lograse hilvanar uno de esos momentos de los que estamos hablando con otro, sin solución de continuidad. En un mundo con contrastes, pasar frío quiere decir apreciar el calor. También vale lo contrario: pasar calor es apreciar el frío. Luego viene lo de pasar frío y calor que no tengo muy claro qué es lo que se aprecia más allá de la vida de quienes ni pasan frío ni calor.

Quiero decir que para apreciar ciertos momentos sutiles en que la vida alcanza relieve quizás sea menester pasar por esos otros días y hasta meses de tedio, inapetencia y ausencia de cromatismo. No deja de ser un consuelo pensar así. Lo mismo acaba aburriendo el poder salir de un momento especial sólo para entrar en otro. Tal vez canse y deje sin el valor que realmente pueda tener el acudir a un gran espectáculo, tras el cual pasar a otro en que uno es reconocido por su poder, para, acto seguido, irse a cazar elefantes, por ejemplo. Verdaderamente excitante, pero quién sabe… Igual es “demasiado” y se te acaba haciendo polvo una cadera, por poner otro ejemplo.

Tal vez todas estas reflexiones no hubieran surgido en otro contexto. Aquello de yo soy yo y mi circunstancia, del filósofo; ya saben: Ortega. Y mi –nuestro- contexto hoy día recibe el nombre de crisis. Eso de que en chino es mezcla de riesgo y oportunidad. ¿Otro cuento chino?

El caso es que algo de riesgo sí que hay. No de ese riesgo excitante que sube la adrenalina y te hace rejuvenecer. No; más bien de ese otro que te tiene cabreado y con pelín de angustia por ir a peor (y es que muchos están peor –también se repite mucho en estos días-).

Y oportunidad también; claro. Tenemos oportunidad de hacer dieta, de dejar de fumar, de dejar de beber (sólo agua), de practicar la ascesis (de todo tipo y no sólo cristiana), de escupir al cielo antes de que se imponga la multa por hacerlo en la ciudad de Madrid. También tenemos la oportunidad de tirar al suelo el móvil –curioso que esas tarifas no suban en proporción a las de electricidad, gasolina o gas- y charlar más con los amigos y familiares, tenemos oportunidad de disfrutar de las horas de luz de este país mediterráneo antes de que nos cobren impuestos por ello –ya pretenden hacerlo de alguna manera con las renovables-, y también de practicar el estoicismo que tan espectaculares resultados diera al maestro Séneca hace unos 21 siglos.

Oportunidad, lo que se dice oportunidad hay más de una. Hay oportunidad de resignarse y también de indignarse. La hay de discrepar y también de posicionarse en el “y tú más” o “los otros peor”. También hay oportunidad de pasar a la acción, bien sea con una camiseta verde, con la insumisión, con la voz, con la dignidad… con lo que sea. Claro que el riesgo siempre está –como en el cuento chino- pues lo mismo, una vez se toma la oportunidad, se corre el riesgo de no poder volver atrás. A ver si llega ese momento en que todas las gentes sencillas que no salen por televisión, ni gustan de amontonarse tras banderas de colores (los que sean ¡me da igual!), ni siglas (las que sean ¡me da igual!), encuentran la oportunidad, la aprovechan y corren el riesgo de no poder echarse atrás. ¡Estamos todos esperando!

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editado por...Wladi Martín @ domingo, octubre 13, 2013
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martes, mayo 01, 2012

1 de Mayo. Convicción y filosofía




Me van faltando las fuerzas. Ya no tengo energía como antes (¿derrochaba?). Sólo he adquirido una especia de resistencia que yo llamaría sorda; por no decir muda. Ya no grito al hablar, por más que clame al cielo, que se suele decir. Procuro que no se me marque la vena del cuello al manifestar airado cualquier tipo de agravio. Hay que cuidar la tensión, que en mi caso suele estar por las nubes… como muchos ciudadanos con los que convivo. Tanta más información, tanta más intoxicación; como en los alimentos. ¿Por qué se iba a librar la comunicación (la verdad) si un yogur ya no se te pone pocho fuera de la nevera?


Me van faltando las fuerzas. Ya no tengo energía como antes (¿derrochaba?). Sólo he adquirido una especia de resistencia que yo llamaría sorda; por no decir muda. Ya no grito al hablar, por más que clame al cielo, que se suele decir. Procuro que no se me marque la vena del cuello al manifestar airado cualquier tipo de agravio. Hay que cuidar la tensión, que en mi caso suele estar por las nubes… como muchos ciudadanos con los que convivo. Tanta más información, tanta más intoxicación; como en los alimentos. ¿Por qué se iba a librar la comunicación si un yogur ya no se te pone pocho fuera de la nevera?


De mis años de estudiante de periodismo (de mis muchos años) aprendí algunas cosas. No las que se suponen -a escribir correctamente, a saber comunicar, a saber informar- que eso ya lo sabía. Más bien me mataron el deseo de escribir, o, al menos, me lo encarcelaron durante muchos años; llegué a pensar que era cadena perpetua. Aprendí a leer más que a escribir. Me enseñaron que hay que leer entre líneas. Me enseñaron que unos escriben lo que quieren que se lea y, sobre todo, tapan, escamotean, lo que no quieren que se lea. 


Me enseñaron lo que es la ‘agenda setting’ término hoy en día inútil pues todos los telediarios, por ejemplo, dan las mismas noticias. Hasta la del parto de niños siameses o el ladrón al que detiene con una escoba la china del local que asaltaba la repiten en todos y cada uno de los informativos televisivos.


Hoy día a los sindicatos se les ataca. Se ataca a los sindicatos para que se odie a los sindicalistas. Todos, en mayor o menor medida hemos picado. Nos escriben que se trata de una especie de casta de aprovechados, que viene ‘explotar’ de algún modo al propio trabajador como lo hace la propia empresa salvaje. Y la mayoría lee que son unos golfos que predican una cosa y, en cambio, se enriquecen gracias a oscuros pactos con el sistema y los que lo hacen posible. 

La Puerta del Sol poco antes de que llegase la marcha desde Neptuno (ver reloj)
 Algo de razón pudiera haber en todo eso. Incluso puede que el porcentaje de sindicalistas golfetes, trinquetes, vagos y mantenidos sea alto. Ud. que está leyendo esto conoce a un par de ellos. 

La Puerta del Sol poco después de que llegase la marcha cuando empezó a llover (ver reloj)
También está en la mente de todos algún concejalucho o pliticastro que trinca, que empezó con una mano delante y otra detrás y que, ahora, está fuera de cacho, sin mérito ni merecimiento, más allá de los conseguidos en pasillos y pasamanos.


Otro caso del que ahora no se habla (¡¿mucho!?) es el de la policía. Siempre ha habido en ese cuerpo del orden público brutos, trincones, corruptos, abusones y gentes de escasa conciencia por no decir algo peor. Pero hasta los más próximos al anarquismo (como quien esto firma), ruega que haya cerca un policía si se ve en un verdadero apuro en plena calle a altas horas de la madrugada.

Quizás por ahí vayan los tiros y nunca mejor dicho. Si, hoy por hoy, en tiempos de revolución larvada y crisis de sistema, la policía no debe desaparecer ¿por qué iban a desaparecer los sindicatos? Pues está muy claro por qué.


¿Es que acaso los partidos políticos deben desaparecer por la cantidad de delincuentes que cobijan en su seno? Más aún, ¿es que tenemos que acabar con esta democracia que tanto ha costado conseguir porque unos pocos se empeñan en no mejorarla? 

La pelea es otra, me parece a mí. El ataque más grave, siendo brutal todo el que se está perpetrando contra el ciudadano medio, es el que se embosca en el futuro. Se ataca a la Educación que es el futuro de toda nación, de todo pueblo; y ya no digo país, porque este país se ha ido a la mierda. Sólo queda que nos salvemos como nación, como pueblo de gente orgullosa y trabajadora que siempre habitó esta puta y puteada piel de toro. Por eso ese ataque que ahora se ejecuta está calculado como una carga de profundidad. Y les va a estallar en la cara a nuestros hijos y a los hijos de estos. Un ejemplo: ¿qué pasa con los abogados que tendrían que licenciarse este año? Pues pasa que no serán abogados ni podrán colegiarse hasta que no cursen un ‘master’, un post-grado o como lo quieran llamar. ¿Y quién coño se puede permitir pagar un ‘master’? Pues eso, el que tenga la pasta. ¡Maldito parné!

José Ricardo Martínez, líder de UGT Madrid
Si consiguen narcotizar a nuestra juventud es que no ha valido para nada todo esto. Si no somos capaces de transmitir y ellos de entender que en este país hubo una guerra cainita, superada (quizás), pero no olvidada, es que podemos caer en los mismos errores. ¡Qué horror!

Hoy más que nunca es tiempo de convicciones, de ética y de filósofos. De filósofos como los que callan los grandes grupos editoriales o como los que domestican esos mismos grandes grupos. Pero también de filósofos como los que tenemos a nuestro lado en ralos parajes de desidia y molicie, camuflados como simples hombres y mujeres que van a lo suyo, cuando en realidad se comprometen con lo de todos. He conocido gente íntegra en la política, en el mundo sindical, en el mundo empresarial …y, también, en la policía. Son pocos y la chusma les suele tapar como la maraña tapa algunas raras flores de nuestra flora. Es fácil distinguirlos por su equilibrio, por su convicción y por saber enmendar sus propios errores, que, por supuesto, cometen.

Javier López, CCOO Madrid
Búsquese un filósofo. Procure seguir su ejemplo. Haga de sus convicciones su camino en esta vida y no coja atajos. No llevan a ninguna parte. Y no se haga el jara-kiri (sepuku)cuando vea una mácula en su filósofo; no todos son Séneca y, sin embargo, nadie quiere acabar con la filosofía. ¿Nadie?


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editado por...Wladi Martín @ martes, mayo 01, 2012
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miércoles, marzo 16, 2011

Algo de información sobre el desastre de Fukushima

Uno se siente orgulloso de los amigos que tiene. Una vez más el periodista comprometido y honesto, Gustavo Catalán, informa pegadito a la verdad y sin concesiones de ningún tipo.

ENERGÍA

Mienten como bellacos, por Gustavo Catalán Deus

Autor: Gustavo Catalán Deus

Si hay un sector opaco en nuestras sociedades, ese es el de la industria nuclear. Lo han demostrado cada vez que ha ocurrido algún “incidente” nuclear en cualquier rincón del mundo. Con los desgraciados y graves acontecimientos de Japón se están convirtiendo en los mejores discípulos de Pinocho.

No lo digo sólo por las autoridades políticas niponas, que ya han demostrado en el pasado ser mentirosos en este terreno, sino por todos en general, que son incapaces de comunicar a la población los riesgos radiactivos a los que están expuestos con tal de no salirse del repetitivo discurso de “todo está bajo control”.

Desde el lunes 14 de marzo Francia y Alemania han exhortado a sus ciudadanos residentes en Tokio a que abandonen la ciudad. La causa alegada para que se alejen de la zona caliente es que hay riesgos de un nuevo seísmo. Pero la real, la que se habrá comunicado por lo bajini a alemanes y franceses para que salgan pitando, es el riesgo a que Tokio sea barrido por una nube radiactiva procedente de los reactores nucleares de Fukushima, a punto de reventar.

De hecho, las primeras partículas radiactivas ya han sido detectadas en la capital nipona, a 240 kilómetros de la central, y eso que “todo está bajo control”, según el Gobierno japonés y sus técnicos nucleares.

Tan controlado está todo que mira por donde, 17 tripulantes de tres helicópteros del portaviones estadounidense Ronald Reagan se han contaminado cuando sobrevolaban la zona ayudando en las labores de rescate, según fuentes de EEUU.

Uno, que apenas sabe nada de riesgos nucleares, se queda con los pelos como escarpias, cuando le dicen que los helicópteros volaron accidentalmente dentro de una nube radiactiva y que los detectores de a bordo activaron la alarma. Al final, y por lo que nos han contado, los helicópteros dieron media vuelta hacia el portaviones y este puso pies en polvorosa retirándose 200 kilómetros de la zona cero. Dicen que a los tripulantes les han descontaminado con una simple ducha de “agua y jabón”.

La situación no debe estar tan controlada cuando Francia ha reiterado a los periodistas galos que han acudido a Japón para informar de los graves sucesos, que abandonen el país. Hay que recordar que desde la agencia de seguridad nuclear francesa han elevado el índice del “incidente” en la escala de riesgos hasta seis, un valor menos que el de “siniestro total” como el que ocurrió en Chernobil hace 25 años.

Está claro que al menos Francia, Alemania y EEUU tienen información sensible sobre lo que está ocurriendo, pero que no divulgan. Conocen los valores de la radiación emitida en las cuatro explosiones y un incendio que se han sucedido en Fukushima y de las zonas de riesgo para la población.

Y sin embargo, callan. El silencio les hace cómplices de las consecuencias sobre la salud que en el futuro puedan aparecer entre una población disciplinada, aterrada y desinformada, precisamente en el único país que ha sido víctima de la bomba atómica y sus letales consecuencias.

Ya sabemos que no hay que alarmar a la población, menos aún cuando ésta se encuentra más desprotegida que nunca. Pero ocultar la realidad no es la misión de los que nos gobiernan ni está en su programa electoral. No es de extrañar que, como acaban de publicar varios grandes medios internacionales, tengamos tan mala opinión de los políticos que nos gobiernan.

Por cierto, ¿piensa tomar alguna medida de prevención el Gobierno español con los residentes en el país del Sol Naciente?

Gustavo Catalán Deus

Periodista ambiental

Premio Nacional de Medio Ambiente y Premio Fundación BBVA a la conservación de la biodiversiadad

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editado por...Wladi Martín @ miércoles, marzo 16, 2011
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domingo, enero 16, 2011

Te vas a enterar (pues peor para tí)

Hace muchos años trabajaba yo en una emisora local de radio de mi pueblo. Era una empresa familiar con un explotador al frente, que nos hacía trabajar entre 50 y 60 horas a la semana, como cosa normal. Cubríamos noticias de nuestro ámbito más cercano llegando a recoger algunos asuntos de las localidades vecinas; sobre todo para el noticiero de la radio. Es que también editábamos un libelo con carácter mensual en el que se ahondaba en la información del municipio. Estamos hablando de Torrejón de Ardoz en tiempos en que la alcaldesa era Trinidad Rollán.

La alcaldesa vivía, por entonces en un piso de promoción social en la zona que se conoce como La Zarzuela, seguramente por los miles de matojos espinosos que otrora hubiera allí. En aquellos momentos era un barrio emergente caracterizado por la presencia de multitud de gitanos de los que se conoce con el apellido de ‘realojados’.

Nos llegó la noticia de que Trinidad Rollán se había comprado un chalecito en una zona próxima en que costaban un riñón y parte del otro; en Los Berrocales (Paracuellos del Jarama).

A mi compañero (periodista como yo) y a mí nos dio por echar cuentas. Trinidad Rollán pasó de ser concejala a alcaldesa sin haber pasado por el INEM para sellar ningún contrato de trabajo (que se sepa) anteriormente. Es decir que su carrera política fue meteórica (como la de su señor esposo Valentín Gómez, hijo de Valentín Gómez –hombre de peso en el PSOE de Torrejón de Ardoz-). Sabíamos que el señor esposo, Valentín junior, era cargo de confianza en otro Ayuntamiento también gobernado por os socialistas madrileños (casualidades de la vida). Con todo, sumando ambos sueldos (que conocíamos), no nos salían las cuentas como para acceder al colosal chalecito de Los Berrocales.

Recientemente la prensa publica que Trinidad Rollán va a ser inhabilitada por ocho años para ostentar cargo público alguno por delito de prevaricación. Lo lamento porque siempre me ha caído fenomenal Trinidad. Pero aún lamento más que una persona que me cae bien sea una tramposa y se aproveche de su cargo para beneficiarse materialmente (económicamente casi siempre) por el atajo de hacerse con lo que no es suyo.

Lo lamentable de todo esto es que había caldo de cultivo en todo el municipio sobre los ‘trapis’ de estos políticos y que el propio ‘Sistema’ te aplasta para que estés calladito y no te salgas del tiesto. Siendo yo periodista se me aplomó, amordazó y se me quitaron las intenciones por el vil sistema de la explotación. No sólo en este caso al que me asomé mucho antes de que la lenta y torpe justicia haya actuado. También se sabía quién era Ginés Jiménez en Coslada y por qué se marchó Pepe Huélamo del PC para pasar a gobernar, poco después aliado con el PP (un alcalde comunista pactando con el PP para gobernar y, sobre todo, para quitar del Gobierno municipal a PSOE e IU). Algo se sabía también de la escandalosa forma de proceder del alcalde Fernando Peñaranda en Mejorada del Campo con el vertedero de residuos radioactivos de la Comunidad de Madrid a menos de cien metros de zonas urbanizadas. Algo se sabía también de la labor del concejal de Deportes Santos Vázquez que rescató al club de fútbol de los tribunales y como premio fue ‘ascendido’ a concejal de Urbanismo de donde salió pitando a la Agencia Estatal Antidopjae dejando un rastro maloliente (quedó grabado).

Como suelo decirle a mi madre… cuánto más sabes menos feliz te sientes con estos corruptos que invaden todos los órganos e instituciones que hacen mover el país.

Ahora me doy cuenta de que he puesto ejemplos sólo de gentes de las que se presuponen son de izquierdas. Para empezar no lo son (si es que alguna vez lo fueron). En segundo lugar es lo que me tocó; eran tiempos en que el Corredor del Henares era el ‘corredor rojo’, lo mismo que el sur era bastión del PSOE. Pero también tuve ocasión de ver, un breve período de tiempo, cómo se las gastaron los chicos de Ginés López en Arganda (ahora que le ha llegado a salpicar el caso Gurtell) o los de Raúl López en Coslada (los que pactaron con la Plataforma de la Izquierda de Coslada –PIC- del antes mencionado José Huélamo) o los de Julián López en Torrejón de Ardoz. Sus propios compañeros le traicionaron y se fue al Partido Demócrata Español después del caso más esperpéntico de moción de censura de la historia de la democracia. Acabó su mandato pese a que iba a perder dicha moción porque el encargado de entregar las copias selló la que no tenía su firma y se llevó el impreso que sí la tenía (con ello, Julián se agarró a que faltaba una firma para conseguir promover dicha moción y que no se podía promover otra en la misma legislatura ¡de locos!).

A ver si el gran hermano que todo lo controla nos atonta un poco más y seguimos flotando muelles y confiados hacia la sala de despiece a la que nos conducen (del matadero ya no nos saca nadie).





TRIBUNALES | Caso 'Patrimonio siglo XXI'

La mano derecha de Tomás Gómez, inhabilitada ocho años por prevaricación

Trinidad Rollán, junto a Tomás Gómez durante una reunión de la  Comisión Ejecutiva Regional.

Trinidad Rollán, junto a Tomás Gómez durante una reunión de la Comisión Ejecutiva Regional.

  • El delito fue cometido en 2001, cuando Rollán era alcaldesa de Torrejón
  • El Alto Tribunal establece la misma pena a dos ex concejales del municipio
  • El grupo municipal aprobó un proyecto urbanístico pese a ser alertados de su 'ilegalidad'
  • El PSM anuncia que recurrirá la sentencia

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha condenado a la 'número dos' del PSM, Trinidad Rollán, a ocho años de inhabilitación especial por prevaricar en 2001 en Torrejón de Ardoz, municipio del que era alcaldesa en ese momento.

El Alto Tribunal ha impuesto la misma pena a los concejales Francisco Martín Rojas y a Valentín Gómez Morán. El TSJM también ha condenado a siete años de inhabilitación a Esperanza Rozas; Francisco Martín Rojas; Julia López Jiménez; María del Mar González Romero; Josefina Ginovart Amorós; María de los Desamparados Gallego Alfaro; y Francisco Montero Almirón, imputados en la causa, informó hoy el presidente del tribunal, Francisco Javier Vieira.

EL PSM ha anunciado que recurrirá el fallo ante el Tribunal Supremo.

El juicio se llevó a cabo por un presunto delito de prevaricación cometido en en 2001 y vinculado al Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz, del que Rollán era alcaldesa en esa época.

En su escrito previo la fiscalía acusaba a Trinidad Rollán y a otros trece concejales de haber aprobado un "convenio urbanístico" a pesar de que el secretario del Ayuntamiento y el interventor les advirtieron de su "ilegalidad".

Según el escrito de acusación, el convenio lo suscribió el concejal de Urbanismo Francisco Martín Rojas en dependencias del Ayuntamiento, el 14 de septiembre de 2001, con la entidad Patrimonios Siglo XXI.

En virtud de ese convenio, dicha sociedad "materializaría a su costa las obras de urbanización de terrenos propiedad del Ayuntamiento" en una unidad denominada "Mancha Amarilla" en el Plan general de Ordenación Urbana, por un monto económico previsto de 539.291.000 de las antiguas pesetas.

El secretario del Ayuntamiento, en un informe emitido el 23 de noviembre de ese año, advirtió de la "ilegalidad" de ese convenio por no "ajustarse al procedimiento de concurso" y por "el fondo del negocio pactado".

El 26 de noviembre de 2001, el pleno del Ayuntamiento de Torrejón aprobó el convenio, que fue elevado a escritura pública el 20 de enero de 2002.

Ante esta acusación, la mano derecha del líder de los socialistas madrileños aseguro que 'no tenía motivos para dudar de la ilegalidad del convenio'.



Gómez dice que Rollán buscará "mejor justicia" en el Supremo

E. G. SEVILLANO - Madrid - 16/01/2011

Tomás Gómez, candidato socialista a la Comunidad de Madrid, volvió ayer a proclamar la "inocencia" de su número dos, Trinidad Rollán, condenada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid a ocho años de inhabilitación especial por prevaricación. "En este partido, a la gente que es inocente, los defendemos", aseguró durante un acto de su partido en San Sebastián de los Reyes. El PSM, añadió, siempre respeta las decisiones judiciales, que se cumplen "más allá de lo escrupuloso". Esta decisión, que afecta también a otros nueve concejales socialistas de Torrejón de Ardoz, condenados algunos a siete y otros, a ocho años de inhabilitación, se recurrirá: "Los concejales del grupo municipal socialista de Torrejón van a ir al Supremo a buscar una mejor justicia", afirmó.

Todos los condenados dejarán sus cargos públicos y no figurarán en las listas a las próximas elecciones municipales y autonómicas, pero Gómez ha decidido mantener en su puesto orgánico a Rollán, actual secretaria de organización del partido en Madrid. Una decisión que le ha vuelto a enfrentar con la ejecutiva federal. Cuando era alcaldesa de Torrejón de Ardoz, en 2001, Rollán aprobó un convenio urbanístico ilegal a sabiendas de que lo era, según la sentencia del tribunal que la ha condenado.

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editado por...Wladi Martín @ domingo, enero 16, 2011
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miércoles, septiembre 08, 2010

Trini o Tomás; Tomás o Trini



Me muevo en Parla, ciudad de tranvía y loco crecimiento. Llevo casi una decada acudiendo a la localidad del sur desde mi domicilio (a medio centenar de kilómetros) por cuestiones laborales. He visto crecer esta ciudad (bastante bien, pese a todo, sobre todo en contraposición a otras). La he acabado cogiendo cariño; a sus calles, a sus rincones... Le he dado un trocito de mi corazón.

Conocí al antiguo alcalde de Parla en una Fiesta del Deporte en que mi pequeño grupo de alumnos (yudocas) y yo nos fotografiamos con él. Entonces, le aseguré que recordase nuestra escuela porque iba a dar algún Campeón Olímpico (yo soy así). Mi chulería es un sueño, un sueño que aún alimento en lo más profundo de mi ser (en ese cajón que tenemos junto al corazón, para guardar besos furtivos, sonrisas complices, sueños y deseos...)


Al enterarme de la diatriba (por llamarla de alguna manera) planteada en el Partido Socialista de Madrid me interesé por cómo se desarrolla este nuevo caso de pugna de intereses en un partido político. No es que me vaya un higo en su resolución, pero sí que ha despertado mi interés por ver hasta qué punto van a llegar los intereses ocultos (algunos se desvelarán) y hasta dónde van a saber guardar la compostura unos y otros (los de 'Trini Puede' y los de Tomás 'un año más').

De momento, lo más curioso que he encontrado es este fenomenal divertimento que firma un genial 'jubilado de Moratalaz'. Que lo disfrutéis y que sirva para apostar siempre (siempre) por el humor (por el buen humor).


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editado por...Wladi Martín @ miércoles, septiembre 08, 2010
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domingo, septiembre 05, 2010

Anton Geesink. En su memoria (en la mía)

Geesink en Oviedo (1998)
Me encuentro con mucho tiempo; unas 24 horas al día. Me encuentro con mucho tiempo, pero con pocos ánimos. Pero también es cierto que había prometido contar algunas anécdotas sobre el gran maestro Antón Geesink, recientemente fallecido en Utrecht (Holanda). Creo que ya han pasado unos días desde que conocí la triste noticia y es hora de soltar lo que se lleva dentro, siquiera sea por el mero truco de sentirse mejor. Ahí va esa catarsis, que aprovecho para rendir mi humilde homenaje a Antón.

Tengo que reconocer que no sabía muy bien quién era Antón Geesink cuando mi profesor, Rafael Ortega, nos comunicó que iba a organizar un nuevo ‘stage’ de yudo en el que contaríamos con el legendario yudoca (cosas de la juventud –léase ignorancia-).

Creo que no me equivoco en mucho al señalar al maestro Ortega como introductor del concepto de ‘stage’ de yudo en nuestro país. También espero recordar bien si señalo como el primero de sus ‘Stage Internacionales’ el de Sacedón en 1974. Yo tuve la suerte de acudir a él, contando con 13 o 14 años de edad. En ese primer ‘Stage Internacional’ se contó con la presencia de profesores de brillo y fuste como el propio Ortega, su inseparable amigo José Luis de Frutos, Rolando Sáinz de la Peña, Patrick Vial, Claude Beau y el, por entonces seleccionador nacional de EE.UU., Mastsumura. ¡Qué tiempos!

Al año siguiente, con el mismo plantel de profesores, se celebró un segundo ‘stage’, también en Sacedón (Guadalajara). Por esas fechas, el francés Vial, presumiría ya de su medalla de bronce en unos Juegos Olímpicos.

El tercer ‘Stage Internacional R. Ortega’ pasó a celebrarse en El Escorial y, como decíamos, con la presencia de Antón Geesink. O sea, que debía correr el verano de 1976 por aquellas fechas. Si mal no recuerdo, se dividió el cursillo en dos etapas. En la primera (¿semana?; ¿quincena?) el gran maestro holandés se dirigió a maestros, profesores y altos grados. En la segunda, el ‘stage’ estaba enfocado a deportistas en general. En ese segundo participé yo, que por edad, tuve vedada mi presencia en el primero. Si bien ya ejercía, en precario, como ‘profe’ de yudo.

Geesink en El Escorial

Al principio, tengo que reconocer que las ideas del holandés no me acababan de convencer. Eso de caer sobre un solo pie… sin golpear… Ahora, muchos años después, me doy cuenta de lo ignorante que era (y conservador; muy conservador pese a lo que yo mismo pensaba de mi persona). No obstante, lo que sí penetró, desde un primer momento, hasta la médula era la arrolladora personalidad del gran campeón, su sentido del humor, su humanidad: era genial.

La primera anécdota

Como decía (y hablo de memoria) era el verano de 1976 cuando participaba en el III Stage Internacional R. Ortega. Mis objetivos, por entonces, no eran los de aprender el método Geesink ni ningún otro. Ya idolatraba yo lo suficiente a mi maestro Ortega como para prestar atención a algo más que a mis propios entrenamientos con los que esperaba llegar a ser un gran campeón (pobre iluso).

Geesink ya había dado muestras desde el principio de reírse hasta de su propia sombra. Con ello, impregnó todo el ambiente de un especial sentido del humor. Era dado a bromear y a poner ejemplos graciosos que provocaban sonrisas, en todo momento, y hasta carcajadas, en muchas ocasiones.

Una de las cuestiones más chocantes fue la de comprobar lo ‘irreverente’ que se mostraba Antón. Todo ceremonial le resultaba alejado y desprovisto de valor como para dedicarle el más mínimo interés.

Enmarcado en ese desenfado (tan ajeno al mundo del ceremonioso yudo que proviene del ceremonioso Japón) llega una magnífica broma que nos regaló el holandés. Fue capaz de poner ‘a mear como perros’ a los grandes maestros…

Geesink dirigía la sesión de yudo y, tras una de sus explicaciones, se acercó a Rafael Ortega que, además de director del curso oficiaba de traductor en su calidad de francófono. Algo debió decirle Antón, muy serio, a Rafael, porque éste acabó llamando a los maestros presentes en el ‘stage’ (José Luis de Frutos, Rolando Sáinz de la Peña) y a los más destacados yudocas (Josele Campo, Alfonso de Lucas…). Así lo recuerdo.

Stage en El Escorial (Agosto 78)

Mientras los alumnos practicábamos según las indicaciones que habíamos recibido. Antón se llevó a los más destacados y los fue colocando junto a la pared, separados de forma equidistante para explicarles (supongo) un gran secreto del yudo.

Acabó poniendo a los mencionados con un pie en el suelo y el otro en la pared, ejerciendo una especie de genuflexión, en muy ridícula pose. Entonces Antón, a grandes voces y llamando la atención de todo el mundo comenzó a vocear entre grandes risotadas: “Así, así mean los perros en mi país”. El grandón holandés, viendo a todo el personal perplejo no se contentó con su gracia hasta que hizo traducir al mismísimo Ortega sus palabras. Rafael, también con mucho sentido del humor tradujo la broma que nos dejó aún más perplejos, pero soltando la sorpresa entre risotadas y gestos de complicidad. Aquel tipo no tenía límites.

Otra anécdota.

En aquel cursillo, como estaba acostumbrado a hacer por aquellos gloriosos tiempos destaqué entre los jóvenes de mi edad y gané la competición que se efectuó al final del ‘stage’, tanto en mi categoría individual como en la de por equipos. En esta última hubimos de forzar la cuestión para poder con los marroquíes que acudieron con dos campeones nacionales y que nos opusieron feroz resistencia. Creo recordar que el árbitro Álvaro Pastoriza (nada amigo de gentes de colores –colores oscuros de piel, quiero decir-) nos echó una generosa mano. Pero esa es otra historia.

Decía que al acabar el campamento, merced a varios ipones de ‘mi uchi-mata’ Antón Geesink llegó a alabar una habilidad que yo tenía y que no era otra que la de conseguir la posición ideal de mi rival (para lanzar mi uchi-mata) obligando con una especie de couhigari a atrasar el pie adelantado de mi adversario. La maniobra era muy efectiva y yo no había reparado en ella hasta que me comentaron lo que Geesink había dicho.

Antonio Bendala, R. Ortega, A. Geesink, J.L. de Frutos y R. Sáinz de la Peña

Meses después de finalizado el ‘stage’ se celebró en Madrid el primer mundial ‘junior’ de nuestro deporte. Yo entonces debía ser uno de los peores profesores de yudo del mundo, pero lo cierto es que con 16 años recién cumplidos ya impartía clases de yudo en el antiguo Gimnasio Yudansha de la calle General Pardiñas. Como el horario de esas clases de yudo infantil incluía las mañanas del sábado propuse a los padres de mis escasos alumnos una excursión. En lugar de la clase acudiríamos al cercano Palacio de Deportes (que por entonces no se había quemado) a ver el fabuloso acontecimiento. Los padres aceptaron de buen grado y yo acudí a presenciar, por primera vez en mi vida, un campeonato oficial internacional de mi deporte. Tan fascinado salí, que quise volver por la tarde. Y para ello llamé a mi amigo Miguel Campo (hermano menor de Josele y Teresa Campo) y juntos accedimos a las instalaciones deportivas. Por hacer un inciso diremos que se nos facilitaba el acceso gratuitamente con sólo presentar nuestra licencia de yudo (¡qué tiempos!)

Ya acomodados en donde pudimos, nos dispusimos a disfrutar del acontecimiento deportivo cuando me sobresaltó la irrupción de una enorme figura muy cerca de donde estábamos sentados. Nada menos que Antón Geesink se había sentado unas cinco o seis butacas a nuestra derecha. Miguel no se había dado cuenta así es que le hice reparar en ello. Al hacerlo, intenté ser discreto, pero, probablemente, mi emocionado tono de voz se alzó por encima de lo que yo deseaba. Llevaba semanas calentando la cabeza a mi amigo Miguel (también yudoca y compañero de ‘doyo’) sobre todo lo que concernía a Antón Geesink. El holandés debió escuchar su nombre pronunciado por mí y miró para ver quien lo profería. Yo descubrí su mirada de refilón y, muy pudoroso, retiré la misma, sin siquiera hacer un mínimo gesto en forma de saludo. Instantes después, una enorme sombra se acercó a mí. Antón Geesink había abandonado su asiento, se había acercado y se había plantado a escasos centímetros de nosotros. Alargó su enorme mano y pronunció parsimonioso y poderoso: “Monsieur”. Yo me levanté un poco y apreté la mano tendida mientras notaba que las mejillas se calentaban más que el motor de un Boeing. Intenté mascullar en francés algo así como “enchanté” y perdí la noción espacio-temporal que tan propia es a los humanos para saber dónde están y lo que hacen.

No sé el tiempo que pasó (ya he dicho que perdí toda noción en ese sentido), pero recuerdo que fue Miguel Campo el que me rescató a la plena consciencia. “Macho, te ha venido a saludar Geesink”; creo que me dijo. Y no recuerdo mucho más de aquello. Bueno. Algo más sí que recuerdo. En ese campeonato vi por primera vez a Yamashita que ganó todos sus encuentros por ipón (menos el que le enfrentó al español Brieva –creo que se llamaba-, a quien marcó dos ipones, porque los árbitros debieron pensar que había que echar una mano al representante del país organizador).

Bebedores de cerveza

Ya que se me ha calentado el teclado voy con otra anécdota. Se produjo también en El Escorial en tiempos de uno de aquellos ‘stages’ (creo que en el segundo en que Geesink nos visitaba).

Steg en El Escorial (Agosto 79)

Al acabar las sesiones de entrenamiento de la tarde solíamos ‘maquearnos’ y salir a pasear por el pueblo o los pueblos. Sabido es que junto a El Escorial se encuentra San Lorenzo (que es dónde acudíamos a costa de un buen paseo que ponía a prueba nuestras mermadas fuerzas) a comprobar si las muchachas de la localidad eran generosas con los forasteros o no. Yo en eso no me puedo quejar pues (cosa rara) me hice con las atenciones de una simpática holandesa que había venido a tomar parte en el cursillo. Andy Vincent se llamaba; nombre que nunca he olvidado como algunos otros interesantes elementos de su persona sensual y generosa.

El caso es que los amigos nos reuníamos para beber cerveza antes de organizar nuestro plan de ocio (asalto a la discoteca Keeper –abajo-, paseo por los chiringuitos de la verbena, ruta por los mesones de la zona alta…) Ya habíamos descubierto, por entonces, un barcito interesante por contar con una terraza tranquila y agradable, que solíamos copar por el simple procedimiento de la avalancha. Era una especie de punto de encuentro y en la ocasión que ahora recuerdo debíamos ser unos diez o doce los sentados alrededor de varias mesas que juntamos. Recuerdo entre otros a Gonzalo Galán, Mario Guillardín, Josele Campo, de Lucas… así hasta la decena más o menos.

Teníamos por costumbre pedir un gran vaso lleno de cerveza. Era lo que hoy se conoce como ‘litro’ y antes llamábamos ‘mini’. El que lo había pedido tenía derecho a dar el primer trago y acto seguido dejaba el gran vaso a su derecha. Entonces le llegaba el turno al siguiente que repetía la operación. Pero había que tomar una enorme precaución: si el compañero de tu derecha se bebía todo el contenido del vaso te obligaba a pagarlo y pedir otro. En esas estábamos cuando acababan de pedir un ‘mini’ y vimos paseando a Rafael Ortega con su esposa Puri y el maestro Geesink. Creo que también iban con ellos Rolando y su mujer Lola, así como José Luis de Frutos.

Nos saludaron y yo, muy solícito, tomé el vasazo y se lo acerqué a Antón. Ya nos habían dicho que era un gran bebedor de cerveza. Le ofrecí un trago y el holandés bromeó preguntando si nosotros no bebíamos. Al tiempo que, entre todos, intentábamos explicar nuestro juego, el gigantón agarró el vaso como si tuviera menor tamaño y le dio un largo trago que acabó, escasos segundo después, con el resultado de que hubo que pedir otro. Como era yo quien había ofrecido el turno a Antón, me hube de hacer cargo de pagar y pedirlo.

Al regresar, aún permanecía el grupo intercambiando bromas. De manera que volví a alargar el vaso a Antón (ya con bastante malicia, lo reconozco) y renové mi invitación. Puse tanta mala leche como ingenuidad en ello. Lo supe enseguida. Me llevé una buena lección que sirvió para menguar mi economía en similar medida a la que crecía la leyenda del Geesink bebedor de cerveza. Y es que el holandés volvió a tomar despreocupadamente el vaso, casi como el que coge una tacita de moka. Volvió a bromear con que era extraño que nosotros nos hubiéramos reunido en un bar y no bebiéramos y sí en cambio invitáramos a los que pasaban por allí. Y volvió a vaciar de un trago el ‘mini’ o ‘litro’, como quien se bebe una cañita. ¡Menos mal que no pidió el pincho!

Con Geesink en el Cto. Europa 1998 (Oviedo)

Otra anécdota más

No voy a ser extenuante en mis recuerdos que, a fin de cuentas, son míos y administro yo mismo. Sí que haré mención al cursillo organizado por el entonces aún presidente de nuestra RFEJYDA Alejandro Blanco en el INEF de Madrid. Se buscaron una inexperta traductora y yo protagonicé una escena que llenó de rubor a más de uno y de la que salió más que airoso (como yo esperaba) Antón.

Yo andaba molesto por el ringo rango con que Alejandro Blanco presentó a Geesink rememorando tiempos aquí narrados. Blanco explicó que conoció a Geesink en El Escorial (en aquel cursillo subdividido, al que antes me referí). También contó, con mucho énfasis, que había quedado impactadísimo con su método, cosa que dudé cuando lo explicó y aún hoy sigo dudando por recordar aquellos tiempos y los muchos comentarios de rechazo (incluidos los míos, más arriba confesados).

Pese a todo, Alejandro Blanco siguió argumentando que no había parado hasta conseguir traer a Geesink en una explicación que a mí me pareció harto cínica pues ya había tenido muchísimos años antes para haberlo hecho. Lo que tampoco se me escapaba era el sentido y la oportunidad de traer a Geesink a España en vísperas de que el COI (del que él formaba parte, con voz y voto) eligiera ciudad candidata a los Juegos de 2012.

Asistí interesadísimo al cursillo con mi compañera Cristina y tomamos nota de todo aquello, que bien conocemos, por observar si nos habíamos alejado del método Geesink y corregirlo.

La mala leche esa, a la que antes he hecho mención, volvió a aparecer cuando pregunté en inglés al maestro qué opinaba de una Federación, como la Española que le había invitado, que aplaudiendo su método, insistiera en pedir nague-no-kata a jóvenes de 15, 16, 17 o 18 años para su examen de cinturón negro, cuando, según él, debieran estar en la etapa de desarrollo (muy alejada de ese tipo de formas tradicionales tan poco acordes a su metodología).

La anécdota se salpimentó porque yo mismo, tras cuestionar al maestro en inglés, traduje mi pregunta e incluso traduje la respuesta de Geesink, saltándome a la meliflua traductora (que, desde luego, no pasó un buen rato, la pobre).

Geesink, como un gran diplomático que es, contestó que no había acudido a España invitado por la Federación Española para juzgar sus planes de estudio. Pero añadió sonriente: “Me encanta este tipo de hombres que hacen la pregunta, ellos mismos la traducen y también incluyen la respuesta”. (Genial como siempre el holandés).

Al hilo de esta anécdota quiero dejar constancia de que efectivamente Alejandro Blanco y un servidor, coincidimos en el Stage R. Ortega de El Escorial. Hasta tal punto fue así que acabamos enganchados en una ‘tangana’ (que se dice ahora) al disputar un partidillo de fútbol. Hubo una discusión subida de tono y tanto Blanco, como yo mismo, intentábamos imponer cordura y paz entre nuestros respectivos compañeros de equipo. Pero cosas del fútbol (supongo) nos tuvieron que acabar separando a nosotros dos, que llegamos a engancharnos. ¿Quién me iba a decir a mí que casi me peleo con el que acabaría siendo presidente del COE?

Aquella escena la presenció Geesink y sacó sociológicas conclusiones. Explicó que los españoles manoteaban y amenazaban con pelearse o golpearse pero no llegaban a hacerlo.

Vamos con la última

Me apetece recordar aún una anécdota más. Se produjo en Palma de Mallorca con ocasión de la celebración de la Universiada. Yo estaba incluido en el equipo técnico de arbitraje en mi calidad de árbitro nacional y, por tanto, ejerciendo algunas labores de control (no recuerdo si marcadores, estadística, control o qué carajo; da igual).

Fue una etapa estupenda con mucho tiempo libre que me permitió algunas escapadas con mis compañeros Enrique Eraña, Emilio Juan Fuentes, Carlos Yuste y mi amigo Chema Montero. Pero también me permitió mantener una costumbre que tengo cuando viajo. La de llevar mi yudogui y acudir a entrenar a algún club local, si se tercia la ocasión. Ya lo hice en los tiempos en que trabajaba para el Corte Inglés recalando en gimnasios de Valencia, Galicia y Zaragoza y no iba a ser menos en la isla donde tengo grandes amigos.

De este modo, visité el Judo Club Palma de Jordi Boixó y el Club Felanitx de Joan Obrador. Resulta que Boixó mantenía gran amistad con Antón Geesink y había quedado con él para acudir a presenciar algunos acontecimientos deportivos de la Universiada (entre ellos la jornada de yudo, claro).

Cuando acudí, como todos los días, al recinto en que se iba a celebrar la nueva jornada de yudo me encontré con la inconfundible silueta de Antón. Estaba plantado en uno de los accesos al pabellón. Le saludé muy emocionado y contento de volver a verle. Alguno de mis acompañantes solicitó que nos fotografiásemos con él y así lo hicimos. Luego yo me quedé charlando en spanglish-french con el maestro, mientras mis compañeros se adelantaron para no llegar tarde. Yo, no dudé un solo instante que era más importante acompañar a toda una personalidad como Geesink, que ya me había explicado que había quedado con Jordi Boixó y había habido algún malentendido. Así es que llamé a Boixó que corroboró el malentendido y me pidió que acomodase a Geesink en el palco de autoridades como le correspondía.

Al entrar al pabellón acompañado por Antón Geesink era imposible pasar desapercibido. El encargado del arbitraje agarró un micrófono para reclamar mi presencia inmediata. Sabido es que no se trataba precisamente de un amigo, sino de un enemigo confeso de la ANPEJ, de Jordi Boixó, que la había presidido muchos años, y del propio Geesink (también mío por lo que pude comprobar). A mí, aquel cruce de antipatías me pillaba por el simple hecho de estar en mal lugar y en mal momento (y bien que me lo hicieron pagar tiempo después). El caso es que desoyendo las llamadas de la megafonía llevé a Antón Geesink al palco de autoridades que hice abrir a la azafata explicando, con una sonrisa, que si no sabía quién era Anton Geesink.

Al incorporarme a mi puesto el mencionado responsable de la secta de arbitraje me dirigió una furibunda mirada pronunciando con retintín mi nombre completo: “Wladimiro”.

Yo forcé una cínica sonrisa e imitando su timbre de voz y el tono con que había pronunciado mi nombre, añadí por toda respuesta: “Antón Geesink”. El efecto de mi respuesta se reflejó en aquellos ojos, que no aguantaron mi mirada. Y, como luego, he comprobado, no la han vuelto a aguantar nunca más. ¡Mediocre gerente arruina-hoteles!

En memoria de Anton Geesink (en homenaje a los míos)

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editado por...Wladi Martín @ domingo, septiembre 05, 2010
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