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domingo, octubre 13, 2013

Días, meses... Momentos, instantes



Van pasando los días y nos vemos arrastrados por ellos a la rutina de una nueva temporada. Algunos miden el paso por la vida por meses, otros por años. También somos muchos los hechos a medir en base a cursos escolares o temporadas deportivas. Ya está aquí una nueva, recién estrenada. Y las fuerzas, en merma permanente, nos recuerdan el paso del tiempo del que estamos hablando.

Quizás lo malo no es ciertamente ese paso, ese fluir, acompasado o no, de días y meses. Quizás lo malo sea mirar para atrás, sobrecogido, por si a uno le sorprende la futilidad. A veces uno se pregunta por ¿qué es lo que no es vano, ligero e inútil? Supongo que la respuesta va marcada por el estado de cada cuál; por el optimismo de la propia cuestión.

No obstante, hay momentos en que el tiempo deja de ser protagonista para dar paso a la prioridad del instante. Son esos momentos mágicos en que sabemos que vivimos, como si en otros, con una especie de automatismo, no lo hiciéramos. O por lo menos no de la misma manera.

Acabamos la sobremesa del Día del Pilar escuchando a Enrique García Requena cantando boleros

Hace poco tiempo, tuve ocasión de volver a disfrutar con Rafael Álvarez “El Brujo”. Vi su montaje de El Evangelio de San Juan. Unas semanas antes ya había tenido ocasión de alucinar (sí, alucinar) con La Odisea. Hay que estar muy agradecido a este extraordinario actor, a este prodigioso artista por lo mucho de positivo que hace por todo aquel que tiene la suerte de acudir a verle en cualquiera de sus trabajos. También harían bien en escuchar sus quejas por maltrato a que someten la cultura, en general, los actuales gobernantes. Ayer mismo vi fugazmente su intervención en un programa de esos llamados de debate en que periodistas e intelectuales acaban atropellándose en pleno discurso (algunas veces racional o razonado). Los tildados como “de derechas” rebatían airados las quejas de “El Brujo”. Los tildados de izquierdas las aplaudían sin apenas escuchar. Un gran espectáculo. Quizás por ello, estaba siendo ofrecido en televisión. Creo que también en eso tenemos lo que nos merecemos (e incluso un poco menos).



Hablando de merecimientos, estoy seguro de que a estas alturas de sucesión de momentos o de instantes –quién sabe- uno tiene lo que se merece. Lo que preocupa es que uno empieza a sospechar que aunque se aplique a tratar de merecer, con denuedo, algo más, va a servir de bien poco. No sé si la historia a la que me estoy refiriendo ahora la escriben los vencedores, pero me parece a mí que a los que quieren meter algún párrafo por su cuenta, o nos les dieron papel, o no les dieron ni un simple lápiz. Siempre nos queda en esta era digital abrir un blog como éste en el que hacer catarsis y tratar de compartir algún que otro pensamiento con las muchas almas gemelas que andan vagando por ahí.

Mi madre disfrutando del improvsiado recital de poesía de uno de los yayoflautas

Ayer mismo, en otro de esos momentos en que el tiempo pierde protagonismo para pasar a ganarlo el instante, estuve de celebración familiar. Todo salió bien, desde la comida –todo riquísimo- hasta la sobremesa. Claro que tener familia de músicos viene a ser algo así como acabar escuchando a alguien cantar o tocar el piano, por ejemplo. En el día del Pilar tuvimos ambas cosas y, además, recital de poesía. Otro oasis. 

Javier García Requena cantando en casa de mi hermana

He recordado, tras la reunión escuchando versos de García Lorca y boleros de Agustín Lara, otros tiempos. No digo mejores, que está muy manida esa expresión. Tanto que la pongo en duda. Pero sí que he recordado con gran sentimiento las invitaciones de mi amigo el novelista, poeta y catedrático de Literatura, Ezequías Blanco. Una vez por año, reunía a un grupo de amigos y se recitaba poesía. El motivo era siempre la publicación de un nuevo número de la increíble revista Cuadernos del Matemático.Era una ocasión única de escuchar a poetas modernos declamando sus propias composiciones. También gustaba Ezequías, con su increíble amigo Cristóbal López de la Manzanara, de preparar alguna que otra sorpresa. El año en que conocí, en una de aquellas fiestas, a Quico Cadaval, quedé fascinado por su genialidad. Recuerdo con mucho agrado lo mucho que me reí. Fue un gran descubrimiento y otro de esos instantes atemporales de los que vamos coleccionando para poder decir, llegado el caso, he vivido.

El actor Ernesto Gil recitando poemas de Lorca


Pero no es cuestión de ponerse el traje mimetizado –entre manchas de optimismo y colores de fantasía- para salir a la caza de esos instantes. Qué sería de un optimista melancólico como quien esto firma si lograse hilvanar uno de esos momentos de los que estamos hablando con otro, sin solución de continuidad. En un mundo con contrastes, pasar frío quiere decir apreciar el calor. También vale lo contrario: pasar calor es apreciar el frío. Luego viene lo de pasar frío y calor que no tengo muy claro qué es lo que se aprecia más allá de la vida de quienes ni pasan frío ni calor.

Quiero decir que para apreciar ciertos momentos sutiles en que la vida alcanza relieve quizás sea menester pasar por esos otros días y hasta meses de tedio, inapetencia y ausencia de cromatismo. No deja de ser un consuelo pensar así. Lo mismo acaba aburriendo el poder salir de un momento especial sólo para entrar en otro. Tal vez canse y deje sin el valor que realmente pueda tener el acudir a un gran espectáculo, tras el cual pasar a otro en que uno es reconocido por su poder, para, acto seguido, irse a cazar elefantes, por ejemplo. Verdaderamente excitante, pero quién sabe… Igual es “demasiado” y se te acaba haciendo polvo una cadera, por poner otro ejemplo.

Tal vez todas estas reflexiones no hubieran surgido en otro contexto. Aquello de yo soy yo y mi circunstancia, del filósofo; ya saben: Ortega. Y mi –nuestro- contexto hoy día recibe el nombre de crisis. Eso de que en chino es mezcla de riesgo y oportunidad. ¿Otro cuento chino?

El caso es que algo de riesgo sí que hay. No de ese riesgo excitante que sube la adrenalina y te hace rejuvenecer. No; más bien de ese otro que te tiene cabreado y con pelín de angustia por ir a peor (y es que muchos están peor –también se repite mucho en estos días-).

Y oportunidad también; claro. Tenemos oportunidad de hacer dieta, de dejar de fumar, de dejar de beber (sólo agua), de practicar la ascesis (de todo tipo y no sólo cristiana), de escupir al cielo antes de que se imponga la multa por hacerlo en la ciudad de Madrid. También tenemos la oportunidad de tirar al suelo el móvil –curioso que esas tarifas no suban en proporción a las de electricidad, gasolina o gas- y charlar más con los amigos y familiares, tenemos oportunidad de disfrutar de las horas de luz de este país mediterráneo antes de que nos cobren impuestos por ello –ya pretenden hacerlo de alguna manera con las renovables-, y también de practicar el estoicismo que tan espectaculares resultados diera al maestro Séneca hace unos 21 siglos.

Oportunidad, lo que se dice oportunidad hay más de una. Hay oportunidad de resignarse y también de indignarse. La hay de discrepar y también de posicionarse en el “y tú más” o “los otros peor”. También hay oportunidad de pasar a la acción, bien sea con una camiseta verde, con la insumisión, con la voz, con la dignidad… con lo que sea. Claro que el riesgo siempre está –como en el cuento chino- pues lo mismo, una vez se toma la oportunidad, se corre el riesgo de no poder volver atrás. A ver si llega ese momento en que todas las gentes sencillas que no salen por televisión, ni gustan de amontonarse tras banderas de colores (los que sean ¡me da igual!), ni siglas (las que sean ¡me da igual!), encuentran la oportunidad, la aprovechan y corren el riesgo de no poder echarse atrás. ¡Estamos todos esperando!

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editado por...Wladimiro Martín @ domingo, octubre 13, 2013