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Las cosas de W&CC así como de ALMAYARA.

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jueves, agosto 10, 2017

Va el verano deslizándose

Va el verano deslizándose, poco a poco, entre sudores, como cuando te pones unas botas ceñidas; a base de empujones y tirones. Lo mejor: el no depender del reloj, la pereza cercana al que ha perdido el miedo a la muerte.



Nada ha cambiado, pero ir medio en cueros a cualquier parte es un verdadero logro de la humanidad. Más que un logro, la recuperación de un derecho que las religiones -algunas- escamotearon. Y mucha luz; siempre luz.

Pronto empezarán las sombras de nuevo. Pero ahora, tenemos el antídoto de la Literatura, refugio de soñadores y de capaces de transitar entre la realidad y los sueños con cierta dignidad. También están los paseos a ninguna parte, siempre con un objetivo feraz… como si hubiera que tener razones para pasear.




No va mal lo que llamamos verano. El tiempo se estira como una goma aún sabiendo que es finito. Finito y esquivo con los que reflexionan; con los capacitados en procurar no herir aún a costa de eso otro que llamamos razón; nunca la hay. Y menos para herir a gente buena que se cruza en nuestro camino y de la que conseguimos sacar el pliegue peor. Eso sin contar con la falta de redaños para echar bien lejos a los que vienen a herir (aunque estén enfermos).

La bicicleta, que dejé en medio del salón para no tener que salir a la terraza a por ella, se ríe de mi pereza. Pone el manillar en mi paso para que me tropiece con ella. A veces es el pedal que se cruza en mi paso y golpea mi espinilla: ¡qué mal nos llevamos últimamente! Como un matrimonio huero y gastado. Alguna compensación habrá.



Luego están los libros. Los que sueñas y los que te da tiempo a leer. Ahora en verano, hay más tiempo para ellos. Me acabé Los besos en el pan -fantástico- de Almudena Grandes, con quien he tenido el honor de charlar cuando me la presentó Inés Sabanés, profesora mía de Educación Física -hace lustros- y actualmente edil de Medio Ambiente y Movilidad en el Ayuntamiento de Madrid. Luego, casi de un bocado, El amor en el jardín de las fieras de Juan Eslava Galán: entretenidísimo.

Como junto al libro de Almudena Grandes había sacado de la biblioteca de mi barrio Máscaras, de Leonardo Padura, me puse de inmediato con él. no me decepcionó para nada y he prometido leer alguna otra ventura del inspector Mario Conde, su personaje magistral al que da réplica el actor Jorge Perugorría en cuatro grandes películas. Fíjate que no me acababa de convencer el actor cubano y lo he acabado reivindicando a través de este gran trabajo.

Luego, para seguir con novela policíaca, me fui a saldar una deuda; una doble deuda de la que, de momento, quedó saldada una de ellas. Me explico. Tuve noticias de que la ganadora del Planeta 2016, Dolores Redondo, además de la galardonada Todo eso te daré -otra deuda que tengo- escribió una trilogía del Baztán. Me había leído El guardián de lo invisible y quedé fascinado. Así es que me compre la segunda parte y la devoré. No me defraudó Legado en los huesos y ya tengo comprada la tercera novela: Ofrenda a la tormenta, con nuevas aventuras de la inspectora Amaia Salazar.



Así es que vamos ahora con lo que me queda para esta segunda parte de mi verano. Además de la referida tercera pata de la trilogía de Dolores Redondo, ya ando liado, tras haber ido a buscar otra cosa a la biblioteca, con Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé. No había leído nada del autor catalán desde que hace muchos años me emocioné con Si te dicen que caí. También ahora disfruto de la singular prosa del barcelonés.

Para más adelante, tengo preparados Patria de Fernando Aramburu -del que he escuchado muchos elogios- y Sobre los ríos que van de António Lobo Antúnes. Este último libro lo compré en la Librería Lello (Oporto) haciendo uso de la prebenda de aprovechar la entrada como descuento en la compra de algún ejemplar. El prolífico escritor portugués, nacido en 1942 en Lisboa, viene sonando para el nobel de literatura desde hace años. Dice que sus libros "nacen de la basura". Ya tenemos una fuerte motivación para sumergirnos en su universo.




Ya os iré contando, si me apetece y venzo la pereza. De momento, me acabo de tropezar con la bicicleta. Así es que he reactivado este rincón digital que bauticé Wladiario y que nació en marzo de 2005. ¡Buen verano!

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editado por...Wladimiro Martín @ jueves, agosto 10, 2017
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Vídeo de mi novela "50 días 100 viajes"

He encontrado por ahí este viejo vídeo que me apetecía compartir.





Video 50 días 100 viajes por wlady-martin

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editado por...Wladimiro Martín @ jueves, agosto 10, 2017
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sábado, marzo 25, 2017

La provocación y el samurai

Tenía por ahí guardado este cuento que me apetece compartir ahora con cuantos se apresten a leerlo. Espero que lo disfrutéis.

Vivía cerca de Tokio un anciano samurai, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría el rumor de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.
 Cierta tarde, un guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apreció por donde vivía el anciano samurai. El guerrero era famoso por utilizar la técnica de la provocación. Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contra atacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha con esa simple técnica de la provocación y conociendo la reputación del samurai fue a su encuentro para derrotarlo y aumentar su fama. Todos los estudiantes del anciano se manifestaron en contra de la confrontación. Pero el maestro aceptó el desafío. Se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzó a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos y algunos nunca antes oídos. Durante horas hizo todo por conseguir provocar a su rival, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró. Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos preguntaron: - ¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?
 - Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio? Preguntó el samurai.
 - A quien intentó entregarlo. Respondió uno de los alumnos.
 - Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos - dijo el maestro -. Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.

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editado por...Wladimiro Martín @ sábado, marzo 25, 2017
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sábado, enero 21, 2017

Homenaje a Ángel Oliver Pina



Hoy 21 de enero de 2017 hemos estado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Se presentaba el libro Ángel Oliver Pina. Pasión por la música, en un acto en memoria de mi tío -Ángel- premio internacional Reina Sofía de composición. El acto consistió en la charla de tres importantes personalidades a la que siguió un concierto con obras del homenajeado. Entre los intérpretes de estas obras estaba mi prima Laura Oliver, hija del compositor.



La introducción corrió a cargo de José Luis García del Busto, académico de Bellas Artes y musicólogo. Dio paso a la alocución del compositor José Luis Turina, rematando el turno de charlas José Abadía, presidente de la Asociación cultural Arbir Malena de Moyuela (Zaragoza), pueblo natal de mi tío Ángel.



El esfuerzo de esta asociación es notable dado que desde Moyuela, pueblo que ya quisiera llegar a los 100 habitantes, realiza una gran labor, centrada ahora, en la recuperación de la memoria histórica en uno de sus hijos más notables como es Ángel Oliver.



El concierto, en el magnífico marco de la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la madrileña calle de Alcalá, comenzó con el Tríptico cervantino. La obra de órgano estuvo interpretada por Adolfo Gutiérrez Viejo.



A continuación se ejecutó el Cuarteto número 2 por parte del Cuarteto Ars Hispánica, integrado por Alejandro Saiz (violín), María Saiz (violín), José Manuel Saiz (viola) y Laura Oliver (violonchelo). Posteriormente, se pudieron escuchar Miniaturas improvisatorias. In memoriam Francisco Guerrero, también a cargo de Adolfo Gutiérrez Viejo. Para finalizar, Laura Oliver y el propio Adolfo Gutiérrez interpretaron Epílogo, obra -como todas las anteriores- compuesta por Ángel Oliver, para órgano y violonchelo.




Se me pidió la realización de un reportaje fotográfico, de manera que dejo aquí una pequeña selección como adelanto para quienes gusten en echar un vistazo.


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editado por...Wladimiro Martín @ sábado, enero 21, 2017
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viernes, diciembre 30, 2016

Vuelve la ilusión del cuaderno nuevo

Vuelve la ilusión del cuaderno nuevo, con las hojas sin mácula. Todo por escribir, por dibujar. La mente se ilusiona con la idea de afilar el lápiz mientras piensa en historias o tareas que apuntar. La sensación del estreno del inminente futuro huele a uva; a doce uvas. Cada una es un deseo. Cada una es una página limpia en la que aparecerán hermosos dibujos que luego -lástima- quedan en garabatos, las más de las veces.



Pero allá vamos de nuevo. El abuelo empieza a pensar más en los demás que en sí mismo. Mucho más que los que habitan la edad de la inmortalidad. Para ellos, cada frase tiene una puerta con un letrero: invariablemente en ese letrero pone: Yo, Mi o Me. ¿Cómo pensar en los demás si son simple atrezo de lo mío?

"Por un mundo sin guerra y baja la puta tele que parece que estamos locos y nadie la hace ni caso".

"Que se acabe el hambre en todo el planeta y tira eso que se ha quedado mohoso".

"Si me toca a mí, lo primero a repartir. Yo eso no lo declaro, no te jode".

"Que trinquen a todos los corruptos. Cada año les digo que me cambio de compañía y me regalan un móvil nuevo para que no me vaya".

¡Tolón, tolón!

"El último que me fumo" Y entonces el recuerdo de cáncer, de la putada del que padece que siempre parece vivir en otro canal hasta que te estalla la tarta en la cara. Ahora es cuándo ves a todo el mundo igual. Lo mismo que la embarazada ve más bebés que nunca y el que ha sufrido una fractura sólo ve escayolas, hasta en la galería de esculturas del Museo del Prado.

Si he de ser oveja, al menos que no sea la lenta a la que coge el lobo. Las uvas me las acabo el primero. Las rebajas no me las pierdo. Las felicitaciones que no se me olvide ni una ("has visto esta tan chula; te partes de risa, mira, mira"). Cojo el coche el mismo día uno y directo a la playa.

Y ya que soy del rebaño a ver qué me pongo para ser diferente. "Me voy a personalizar con un tatuaje". Mejor un piercing en el ombligo, de momento.

Yo el piercing  me lo puse hace tiempo en el cerebro profundo, en la amígdala. A ver si me luce sexy el sistema límbico y dejo de preocuparme también por banalidades como  la rabia o el miedo. Total, ¿"pa" qué?

Quiero ser Ronaldo, aunque lo de cristiano me vaya grande. Quiero la audacia de la ignorancia y la constancia del ególatra. No más dudas. Las dudas para el filósofo. Pienso luego existo. Yo no pienso luego…

Luego, es después, Hommer Simpson (¡Cerveza!)

Pero sí que existo porque dedico mi parte alícuota de humano agilipoyao a las redes sociales. "Me siento feliz con…" "JAJAJA". "XD".

Voy a coger el cuaderno de la ilusión y lo voy a tirar por la ventana. Como dice el chiste: "métase el gato por el culo".


Y hablando de chistes aquí dejo uno genial que resume todo lo que torpemente yo quería decir. ¿Ves como no era tan difícil?


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editado por...Wladimiro Martín @ viernes, diciembre 30, 2016
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Quedan pocos

Tenía este texto perdido por ahí sin publicar. Por alguna razón sería. Alguna razón que no acierto a recordar así es que me da ahora por compartirlo por si a alguien le gusta y se toma la molestia de leerlo. 

A ver si me calzo el espadín de corto y sacudo a Campanilla. Necesito sus polvos (no seáis malpensados que todos andamos necesitados de polvos mágicos ¿qué otra cosa queda?) Pego un salto y vuelo… me lanzo a descabezar al dragón. Pero es cicatero, mucho más fuerte que yo y tiene varias cabezas. Todas huecas; todas provistas de feroces mandíbulas que hieden y echan fuego. Ese dragón no come; devora. Por donde pasa no vuelve a crecer la hierba. Y yo que me había vuelto vegetariano.

He despertado del letargo a fuerza de coscorrones. He despertado y no reconozco nada a mi alrededor. Siempre estuve orgulloso de esta tierra en la que nací. Ahora no la reconozco. Ahora me avergüenzo de este país. Entre todos los hemos dejado hecho un erial. Está irreconocible. Campo de batalla donde hasta las ratas se ocultan. Sólo el dragón pasea sin saber qué arrasar. Nada queda en pie. La esperanza fue la segunda víctima; la primera fue la verdad. Eso dicen los que saben.

Sólo los nobles podrán entregarse a su última tarea; morir con dignidad. Yo ya he empuñado mi espadín de juguete. Espero no pincharme con él. ¡Qué más da ya! Al menos caer con el arma en la mano. Al menos caer luchando ahora que aún nos quedan fuerzas para mantenernos en pie; para reconocer a los nuestros; a los pocos que quedan.

Ayer estuve en un campeonato de yudo y me entregué a vibrar con las emociones que proporciona. No fui el único. La gente está alterada. Y algunos empiezan a recoger tempestades donde antes sembraron vientos. ¿Qué esperaban?

Hubo un rifirrafe con los de siempre; los que acuden con los primos a todos lados y en bandada. Los que chillan más para tener ‘más’ razón (y nunca la tienen). Yo esperaba entregarme a la pasión pero siempre tuve lejanos los límites, así es que me vi, una vez más, apaciguando ánimos. Al cabo de un rato, un estupendo muchacho al que no conocía más que de vista me saludó efusivo y me dedicó estas hermosas palabras: “quedan pocos como tú”.

Y menos que vamos a quedar –pensé para mis adentros-. Luego me di a eso tan en desuso que me tiene a mí echo unos zorros; a reflexionar. La primera sensación de orgullo se diluyó en un cóctel de tristeza, pudor, timidez y perplejidad. Así es que esta mañana acudí con la resaca de la pócima al Auditorio Nacional. Hacía tanto tiempo que no iba, pese a haber sido asiduo de los conciertos de la Orquesta Nacional. De niño, los de mi barrio se sabían la alineación de su equipo de fútbol favorito. Yo repetía los nombres de los músicos de la Orquesta Nacional por cuerdas o grupos. Los trompas Bruguera y Colmenero, Ortiz el trompeta, Calero el fagot, Arias y Cuesta los flautas, Tudela el oboe… Corvino, Cañete, Víctor Martín, Romo, mis padres, mi tío Francis, Periáñez, entre los violines y así hasta completar más de un centenar de nombres, muchos de ellos de familiares. Cómo pasa el tiempo. Sólo reconocí a Romo y a una tal Julia, alumna de mi padre a cuyos encantos me asomé cuando éramos jóvenes y teníamos todo por delante. Quedan pocos…

Al menos escuché de nuevo la Consagración de la primavera de Stravisnky y a la magnífica soprano Patricia Petibón. ¡Qué gozada! He recargado pilas para toda la semana (espero). Cantó una obra de Nicolás Bacri al que tampoco conocía. De hecho la obra era estreno absoluto. Me pareció una verdadera maravilla, máxime teniendo en cuenta que se trata de un compositor de “sólo” 50 años de edad. Quedan pocos… pero habrá que seguir buscando para conocerlos.



Empezaré la semana restañando heridas y lamiendo cicatrices. Cogeré el espadín y volaré de un salto. Cuando me enfrente al temible dragón empuñaré con fuerza mi arma y comprobaré aterrado que me equivoqué de nuevo. En mi mano no es una espada lo que tengo, es un arco de violín. Es el arco que rompí de niño cuando no quería estudiar música y elegí un camino diferente. Ahora será mi única arma, inútil arma ante el dragón, como también lo sería mi espadín. Qué más da el arma si lo que importa es acabar de una vez; acabar peleando y salvando lo que nos queda: el honor. Nos queda poco y nos queda a pocos.

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editado por...Wladimiro Martín @ viernes, diciembre 30, 2016
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viernes, enero 29, 2016

Campamento de la Esperanza de Sintel

Hoy hace 15 años que se plantó

Hoy, día 29 de enero de 2016 hace quince años que los trabajadores de Sintel levantaron el que sería Campamento de la Esperanza en pleno Paseo de la Castellana. Allí permanecieron hasta agosto del mismo año reclamando sus derechos pisoteados por la gran maquinaria estatal en lo que, para mí, fue una de las más grandes luchas por la dignidad en este país.

Sábado 5 de agosto de 2001, desmontando el Campamento


Conocí el caso de refilón, sin poder meterme de lleno en esa desigual lucha de cerca de 1.500 familias, algo antes. Por entonces yo era periodista y trabajaba para una empresa familiar en Torrejón de Ardoz y, también, en la cabecera de MERCADO del grupo SEGUNDAMANO para Getafe. Desde el principio me llamó mucho la atención el fenómeno que se estaba desarrollando y las noticias que producía. Pero se escapaba del ámbito en que me movía. Cuando llegaron a Torrejón de Ardoz con una de sus reclamaciones, intentando visibilizar el grave problema que tenían, fue otro compañero el que cubrió la noticia, muy a mi pesar. Luego, también tuvieron presencia en Getafe. Di testimonio de lo que estaba sucediendo con los afectados del desguace a que se estaba sometiendo a la empresa otrora filial de Telefónica. Fue más adelante cuando, desde mi faceta de periodista, pude hacer un reportaje más extenso para una revista, también del grupo SEGUNDAMANO. Pero, en realidad, cuando pude tomar parte activa, de alguna manera, en el conflicto y convivir con los afectados -aunque fuera indirectamente- fue cuando me impliqué en mi faceta de profesor de yudo. Leí que los hijos de los afectados iban a pasar sus vacaciones escolares con sus padres en el Campamento de la Esperanza. Fue entonces cuando vi que podía ser útil.

Emocionante anuncio de que se levanta el Campamento


Por aquellos tiempos yo tenía una furgoneta destartalada y veinte planchas de tatami para la práctica del yudo. Me acerqué al grupo municipal de IU de Torrejón de Ardoz y solicité que me pusieran en contacto con alguien de Sintel. Hablé con un tal Valeriano, que hoy día es un gran amigo y le propuse llevar mis colchonetas para montar un taller de yudo y defensa personal para entretener a los hijos de los afectados. Pronto empezaban mis vacaciones y disponía de tiempo. La cosa cuajó y la siguiente semana ya estaba dando clases de yudo en plena plaza de Cuzco, al aire libre, junto a la boca de Metro. Fueron días maravillosos. Me invitaron -a mi y a mi inseparable compañera Cristina Carbonell- a cenar con ellos, a pasar la noche, a ver la obra de teatro Pareja abierta de Darío Fo, montada por Juan Margallo; también en pleno paseo de la Castellana. Tuve oportunidad de coincidir con el nobel Saramago dirigiéndose a los afectados, de ver si quehacer diario para que los ánimos nunca decayeran, de gestos de solidaridad de gran valor…

Adolfo Jiménez, Wladi y Valeriano Aragonés

Esta mañana volví a visitar a mis amigos de Sintel y coincidí con Valeriano Aragonés y con Adolfo Jiménez, cabezas visibles del conflicto que siguen, hoy en día, en la brega. Aún queda por hacer aunque se puede decir que ganaron aquella batalla en una muestra de tesón, dignidad, coherencia y tenacidad sin precedentes. No en vano mi reportaje lo titulé "Los irreductibles de Sintel".

Yo no sabía que mi visita a la nave que hoy en día tienen en el Polígono de Los Olivos coincidía con esta fecha que supone el aniversario de la plantación de tiendas de campaña en la Castellana, que luego irían transformándose en casetas y convirtiéndose en lo que un periodista bautizó como el pueblo 8.106.

Hacía tiempo que había quedado con Valeriano en intercambiar mi novela (100 días 50 viajes), que él quería leer, por una copia de la película Nosotros.

Con Valeriano en la proyección de 'Nosotros'


Como siempre que se producía una ocasión similar, Valeriano me llamó para invitarme a ver la película. Acudí con Cristina y al día siguiente, de nuevo, con mi madre. Yo ya no ejercía como periodista pero seguía recibiendo las gentiles invitaciones de Valeriano y, por supuesto aprovechaba para airearlo con mis humildes y ya menguadas fuerzas, siquiera fuera en este blog.


El encuentro se ha producido casi dos años después. El tiempo pasa volando y no siempre se hace con él lo que realmente se quiere, aunque él sí que hace con nosotros lo que le da la gana. Es parte del juego. Pero algo queda en este tránsito que llamamos vida. A algunos les queda más que a otros y lo que van a dejar este irreductible grupo no debe de perderse porque es un ejemplo para futuras generaciones.

De mi encuentro con mis amigos de Sintel he salido con copias de todas las películas que se han filmado sobre el fenómeno: El efecto Iguazú, 200 Km.. La mano invisible, Alzados del suelo y Nosotros. Pero, además, me he llevado copia de la última realizada por los propios implicados y estoy deseando ponerla en mi aparato DVD. Se trata de Interregno y la verdad es que promete porque con material propio y recopilado de otros documentales vienen a dar explicación, desde los mismísimos orígenes. Así es que seguiremos informando.


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editado por...Wladimiro Martín @ viernes, enero 29, 2016
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jueves, diciembre 24, 2015

Píldoras contra la envidia

En estos días en que la hipocresía compite por quedar por encima de luces de colores y cánticos almibarados ofrezco cápsulas para no rabiar. Ahora que la zambomba ha dejado paso al mensajito digital me esforzaré en aconsejar pastillas para combatir la desazón y el rencor. Y es que la felicidad no deja indiferente, o te cala o te provee de coraza: envidia se llama.

Antes de pasar a las dosis hay que mentalizarse de que la riqueza se encuentra dentro de uno mismo (si es que la hay) y nunca fuera; mucho menos dentro de otro. Por eso, las pastillas para combatir la envidia suscitan siempre reacciones de pecho adentro, bien sea a través del oído (oír para dentro), de la vista (ver para dentro), del tacto (sentir), del gusto (paladear) o del olfato (oler los perfumes de las estaciones y de la Naturaleza).

En ayunas conviene respirar el primer aire fresco del día como si se fuera a acabar, que realmente se está acabando. Una primera cápsula de música para uno mismo, para escuchar agarrado a las vibraciones y dejarse mecer por la alquimia de uno de los grandes. Yo propongo el triple concierto de Beethoven que debiera escucharse en todos los colegios al menos una vez a la semana. Y lo propongo tras haber dado una buenas bocanadas de aire fresco.

Para pensar menos en los demás también hay que gritar un poco. Lo mejor es cantar a voz en cuello ya se tengan cualidades o voz de gato aterrado. También puede valer María la portuguesa de Carlos Cano.

No todo son buenas noticias, es necesario también eructar y tirarse pedos a menudo. Incluso en público. Precisamente en público. O es que hay envidia mayor que la que se siente hacia el que eructa y se pee en público y se queda tan pancho.

Tan importante es el peinarse y asearse como el ir despeinado o desaliñado. El equilibrio es casi siempre la respuesta. Y el equilibrio es no caerse, hacia fuera, para mantenerse firme uno, dentro. No se olvide este punto importante.

A la hora de comer siempre hay que buscar lo que gusta, antes que lo que atrae. Para ello se habrá educado previamente a lengua, papilas gustativas y demás compinches, a saborear lo que se cuece a fuego lento, lo que se asa al amor de la leña, antes que lo que manipulan rodillos automáticos, máquinas de colorear y demás ingenios de las diversas industrias. Es importante paladear la fruta recién cogida del árbol al menos dos veces por año.

Conviene caminar mirando al suelo y al cielo. Se puede alterar, pero no se debe desviar la mirada al frente para ver con quien se cruza uno. Lo interesante no está ahí. Conviene beber de arroyos y fuentes naturales, mojar los pies en riachuelos y balsas así sea otoño o invierno. Como también conviene lanzarse a la nieva en plancha o de espaldas procurando ofrecer en el choque cuanta más superficie mejor.

No olvidemos abrazar una vez cada tarde un árbol que nos tenga enamorados por su sombra en verano y por los pájaros que soporta en los cambios de estación. Tampoco está de más trepar sobre ellos aunque esta píldora se puede sustituir por la de columpiarse en los juegos infantiles de los parques.

Montar en bicicleta y nadar es obligatorio si bien se puede sustituir por largos paseos en zonas vegetadas con la compañía de un solo compañero o de una sola compañera.

Las manos están para tocar y coger. Los brazos están para abrazar. No se cohíba. Es imprescindible para alejar definitivamente de nuestras vidas la envidia saber abrazar, tocar y acariciar con la naturalidad de los niños, con el calor de las madres, con el interés del ciego.

Al pasear, tocar, abrazar, nadar, montar en bicicleta o al respirar bocanadas de aire fresco por las mañanas hay que saber oler. No sólo se trata de descubrir la procedencia de las fragancias sino de rescatar en la memoria los pliegues de esos olores. "Me huele a verano en las tardes de mi barrio cuando jugábamos en pandilla". Es un ejemplo.

El sexo está sobrevalorado, pero ayuda. La risa está sobrevalorada pero libera. La natación está sobrevalorada pero te recuerda que hay que mantenerse a flote. Tan importante es reír a menudo como llorar cuando se requiere. Tan necesario es el desahogo sexual como vital el abrazo fuerte y sincero; mejor piel con piel, eso sí.

Otra importante pastilla antes de irse a la cama es cerrar los ojos y seguir "viendo" la luz. La hay por todas partes y nos empeñamos en apagarla. Somos luz (algunos incluso después de haber vivido).

También hay que aprender a escuchar el silencio, a hablar sin abrir la boca, a respirar sin ruido, a abrir las orejas para adentro, a rezar sin arrodillarse, a caminar no sólo con los pies, a mirar con la frente y no sólo con los ojos. Hay que entrenarse en hacer dos cosas a la vez: oír y escuchar, reír y perdonar, sonreír y ser indulgente, pedir y dar, crecer y menguar, vivir y morir.

A los que me hayan tenido envidia alguna vez les ofrezco pastillas de compasión. Nunca debieron de tomarse esa molestia. De verdad que no merece la pena.

A los que hayan tenido alguna vez envidia de los míos les ofrezco píldoras de solidaridad: háganlos suyos y podremos compartir el éxito.

A los que hayan sentido envidia por alguno de mis pocos éxitos les ofrezco cápsulas de clarividencia. Si lo he podido hacer yo lo puede hacer cualquiera. Si me ha sucedido a mi le puede suceder a cualquiera.

A los que nunca hayan sentido envidia les felicito y les propongo añadan, en este escrito, cuantas pócimas y remedios les haya venido bien en su camino de sabiduría. Sería muy de agradecer.


Y, finalmente, a los que se hayan visto contagiados en mis menguados momentos de felicidad, por favor, que me recuerden, cuando volvamos a vernos, que me arranque un cachito de corazón para ellos, como hago cada vez que yo consigo albergar la felicidad de otros en mi. Como he intentado hacer al escribir estas líneas dejando un jirón de corazón en cada frase.

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editado por...Wladimiro Martín @ jueves, diciembre 24, 2015
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martes, diciembre 22, 2015

Abrim Ahmud Daluz. Magister dixit

"Cuando eres pequeño te transformas en una persona distinta todos los años. Suele ser en otoño, cuando vuelves al colegio, ocupas tu sitio en un curso superior y dejas atrás el letargo y el desorden de las vacaciones de verano. Es entonces cuando aprecias el cambio con más nitidez. Después no estás seguro del mes ni del año, pero los cambios continúan siempre igual. Durante mucho tiempo te desprendes del pasado con facilidad y de una forma que parece automática y adecuada. Las escenas del pasado, más que desvanecerse, dejan de tener importancia. Y entonces se produce una brusca vuelta atrás, lo que está acabado y bien acabado resurge de repente, requiere tu atención, incluso que hagas algo al respecto, aunque salte a la vista que no se puede hacer nada".Alice Munro

Se cuenta que el gran sabio Abrim Ahmud Daluz dijo en gran ocasión su frase célebre, que ha venido a perdurar siglos y siglos: "que se jodan". Se ha venido usando desde tiempos inmemoriales este profundo pensamiento en las más variadas ocasiones y por muy diversas gentes de diferentes linajes y procedencias. Hoy, el llamado día mundial de la salud, también me he visto tentado a utilizarla -y públicamente-, en varias ocasiones. Pero es como aquel amigo mío que confesaba tener ganas de hacer el Camino de Santiago y se sentó a ver si se le pasaban; las ganas. A mi no se me han pasado; sigo tentado de hacer mío el sabio mensaje. Pero me he vuelto cobarde. Sobre todo después de conocer el Gordo. No me ha tocado.

Ya tenía planes, como la niña que llevaba el cántaro de leche y se dio la ídem. De manera que me limitaré a expeler algunas ideas que me están contaminando la bilis, apretando el bolígrafo al papel, para ver si me expreso mejor de ese modo. Y, sobre todo, por ver si logro entrar en catarsis de manera barata, inocua y elegante. Espero no ofender más que a aquellos que se lo merezcan y sólo en el caso improbable de que se tomasen la molestia de leer estas turbadas líneas y encontrasen motivo en ellas. No es mi intención molestar ni ofender. Ya digo que no me mueve otra cosa que la catarsis: Liberación o eliminación de los recuerdos que alteran la mente o el equilibrio nervioso.

Eso de mandar a tomar por el bul (de Estambul) puede ser caro y de ahí las esperanzas -ya desvanecidas- que tenía depositadas en el decimito. Anda que si a los aludidos les da por aceptar... A ver a la hora de pagar la orgía que tú mismo has propuesto. Entre eso y Hacienda se te va el monto. Y luego están las consecuencias, claro. Las benditas o malditas consecuencias. El simple hecho de vivir ya tiene consecuencias y la principal es que te acabas muriendo.

Como ya nos vamos metiendo en materia, vamos a dejar por el momento la muerte, que ya nos llegará a todos con su rodillo de comunismo y nivelación, y nos centraremos en la vida y en los vivos. ¡Qué fácil y gratuito resulta en estos tiempos de falsas libertades ir tocando los escrotos por doquier! Recuerdo con sorpresa (por la memoria que tengo para eso y no para otras cosas) los tiempos en que el simple hecho de mirar fijamente a la cara a otro podía derivar en ajuste de tarifas: el mirón y el mirado acababan tarifando, que se dice o decía.

Me dicen que se ha dado una queja de mi prostituida -iba a decir sagrada- persona. Debe de ser la enésima. Y en esta ocasión parece ser que hay mucha razón -nunca falta la razón o las razones aunque sean espurias- para tal reclamación. Y voy yo y me acuerdo de las inmortales palabras de Ahmud Daluz: "que se jodan". Craso error. Si de lo que se trata es de que me joda yo. Bueno venga. Lo hago público: estoy jodido. Me ha sentado muy mal. ¿Todos tranquilos?

He visitado y trabajado en muchos municipios y en todos he encontrado razonables proporciones de eso que llamamos gilipollas. Es, de alguna manera, tranquilizador; se mueve uno por terrenos conocidos. Pero la concentración por metro cuadrado en que me muevo últimamente me empieza a preocupar. Una cosa es la tranquilidad de lo conocido (y si no véase mapa electoral de nuestra querida España) y otra muy distinta que te empieces a contaminar y acabes agilipollao. Estoy en ello (yo también).

Las continuas vueltas a la humildad

Estoy muy agradecido, pese a todo lo escrito arriba, a esos seres grandiosos que yo he intentado minimizar con mi torpe prosa, y que son capaces de bajarme de la nube tan pronto estoy empinando los pies para abrazarme a ella. Gracias por esos simpáticos cachetes que tan a menudo me llevo y que con tanta agilidad canalizan quienes, entiendo yo, debieran defenderme o al menos hacer valer aquello de la presunción de inocencia. (¿Habeas corpus?)

Debiera estar acostumbrado a esos galletazos que devuelven a la cruda realidad. Fue volver de Canadá, donde me sentí reconocido, respetado y hasta querido, y llevarme un bofetón más grande que el Marianico, en cuanto pisé suelo patrio y me enfrente a mi quehacer rutinario.

Ha sido finalizar una semana grandiosa con un alto reconocimiento profesional y un festival de campanillas para todos mis alumnos y alumnos de mis alumnos y... ¡zas! Hostia en toda la jeta.

Debiera estar acostumbrado -decía-, después de haber estado unido por arras con la que logró que me fuera a dormir al coche en el estacionamiento del entonces Pryca de San Fernando la noche anterior a mi examen de cuarto dan de yudo. Aquella mujer, al menos, era "preventiva" en relación a lo que ahora me encuentro: "acción correctiva". Que está contentito el payaso ese, dedito en el ojo que es fácil y gratuito y "que se joda" (Ahmud Daluz).

Me queda recapacitar y reconocer que esa acción correctiva es por hacerme más humilde. Y aunque no fuera esa la intención, acaba obrando ese efecto; qué remedio. También pienso que hay que ser más samurai; es decir, capaz de mostrar ninguna expresión. Al menos habría que ejercitarme en mostrarme menos feliz. La felicidad -entiendo yo- es un sentimiento propio que al intentar exportar, no siempre se vierte en iguales dosis del mismo y etéreo elemento, sino que extrañas alquimias, que no alcanzo a comprender, transforman en envidas. Es lo que tiene ser feliz (aunque sea a ratitos) que a muchos les acaba jorobando.


Así es que para finalizar voy a desear a todos cuantos hayan leído estas líneas muchas felicidades y espero, con ello, no jorobar a nadie.

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editado por...Wladimiro Martín @ martes, diciembre 22, 2015
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