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Las cosas de W&CC así como de ALMAYARA.

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domingo, noviembre 10, 2024

LO CONSEGUÍ. LA MONEDA


La niña dormía. Había sido un día intenso. También era muy imaginativa. Quizás por todo ello, Alexia soñaba con mucha claridad. Se veía, en el sueño, en la playa haciendo un pozillo, muy cerca del mar. Justo donde la arena cambia de color por la humedad.

Era un juego que practicaba con sus amiguitos. Cavaban con las manos en la arena hasta que aparecía agua en el fondo del agujero. Lo que pasa es que en este sueño, casi cuando empezaba a filtrarse un poco de agua, Alexia descubrió asombrada que sus dedos tropezaban con algo rígido. Era una moneda.

La niña estaba dormida, pero se daba cuenta de que se trataba de un sueño. Lo tenía claro. Llegó a darse cuenta de que si despertaba lo haría sin la moneda en su mano; a fin de cuentas se trataba de un sueño. De manera que apretó el puño con toda su fuerza con la esperanza de que al amanecer estuviera allí atrapada.

La sensación era reconfortante. Tenía dos euros agarrados; todo un tesoro para una niña de cinco años. Su imaginación le llevaba a fantasear con muchas cosas que podría comprar al abrir los ojos.

Llegó el amanecer y la niña se despertó pese a ser más temprano de lo habitual. Estaba excitada y enseguida recordó su moneda de dos euros. Abrió la mano muy despacio. Pero el dinero no estaba allí. Se había evaporado o quedado en el sueño. Todo un disgusto.

Por aquellos días, Alexia pasaba unos días de vacaciones en la costa. De manera que solía ir todos los días a la playa con su familia.

Esa mañana se fue a desayunar y encontró a su madre en la cocina preparando los desayunos y algo de almuerzo para pasar el día de excursión junto al mar. Como estaba muy excitada por lo que había soñado contó todo a su madre que parecía escuchar sin prestar mucha atención.

Acabaron de desayunar y de prepararse para salir de excursión. Llegaron a la playa donde solían ir. Al poco tiempo, la madre de Alexia recomendó a la niña, que estaba como embobada, hacer un pozo en la arena. La hija reaccionó justo cuando su mamá decía: Lo mismo hasta encuentras la moneda del sueño.

La chavalilla se aplicó con esmero, poniendo los cinco sentidos que se suele decir. Transmitía, a sus tiernos dedos, toda la fuerza mental que encontraba. Sudaba más por la concentración que por el propio ejercicio físico.

Así, hasta que -¡oh sorpresa!- tropezó con algo rígido. Al principio pensó que sería una concha, pero redobló su fuerza mental y empezó a sacudir la arena pegada a aquel objeto. Y, efectivamente, lanzando destellos plateados al sol resultó ser una moneda de dos euros. El tesoro de su sueño.

Lanzó un grito que llegó a asustar a los que estaban cerca incluidos sus familiares. ¡Mira mamá!

Lo conseguiste, contestó su mamá esbozando una sonrisa enigmática.

Alexia contestó sin soltar la moneda: Como dice la profe Puri, “el que de verdad quiere algo lo consigue”.

Pasaron los días y se acabaron las vacaciones. La familia de Alexia volvió a su casa y a su rutina. Luego pasaron semanas y meses. Hasta que llegaron las Navidades.

La familia de Alexia tenía por costumbre acudir a comer a casa de los yayos uno de esos días. Allí se juntaba con sus tíos y primos. Tras la comida, Papá Noel se las ingeniaba para dejar los regalitos junto al abeto decorado al efecto.

A la voz de los mayores, los niños corrían a buscar sus regalos cuidadosamente envueltos con papeles de colores. Eran momentos de mucho alborozo salpimentados por gritos histéricos de júbilo y emoción.

Días antes, Alexia había declarado que le gustaría pedir a Papá Noel una muñeca que por entonces tenía enamorada a miles de niñas como ella. Sus papás ya le habían advertido que igual Santa Claus no podía atender su demanda, pero que probase a solicitarla en su carta.

La niña, sensata como era, sabía que había serias dificultades en recibir tan importante regalo. Pero no perdió las esperanzas. Puso en el deseo toda sus fuerzas mentales. Se acordó del episodio de la moneda en la playa. Activó ciertos mecanismos similares a los de aquel momento. Creía haber descubierto un proceso mental mágico y recurrió a él.

Entre codazos, risas, empujones… Alexia acabó encontrando un voluminoso paquete con su nombre escrito en él. Tenía las letras mayúsculas y en grande. Así es que no tuvo dificultad en leerlo.

Tenía los ojos abiertos como platos. Redobló sus energías psíquicas. Su estado emocional era similar al que experimentó cuando descubrió la moneda junto al mar.

Apenas rasgó el papel del envoltorio empezó a descubrir las formas que ella deseaba ver. No podía ni creérselo. Con un tirón violento sacó la muñeca que tanto deseaba de un amasijo de papel y cintas. Lo alzó como el que lleva un trofeo que acaba de conquistar y vuelta hacia sus padres, tíos y abuelos gritó: Lo “consigué”.

Sí, la niña, de tan emocionada emocionada que estaba se confundió. Quería decir: ¡Lo conseguí! Era tal el esfuerzo que había realizado que nunca dudó de que gracias a ello la muñeca era una conquista más que un regalo. Su tenacidad, su fortaleza llevada en secreto le había llevado a recorrer el camino mental y mágico del éxito.

La anécdota de la muñeca, unida a la de la moneda quedaron como un arcano en Alexia. Nunca se le olvidaba aquella vivencia y cuando necesitaba algo imperiosamente, recurría al proceso que ella iba depurando y agilizando para volver más práctico y accesible. Pronto descubrió, por ejemplo, que nada funcionaba si no se trataba de un deseo importante. Para conseguir tonterías o caprichos no servía.

Pasaron varios meses y la zagala aún jugaba con su muñeca a la que había puesto nombre. Se refería a ella como Puri; la había bautizado con el nombre de su profesora a la que tanto admiraba.

Uno de esos días, Alexia descubrió que el bolsito de la muñeca Puri se abría. No lo sabía. Así es que lo abrió y metió sus dedos. Algún recuerdo surgió de lo más profundo de su mente. Tropezó con algo rígido. No daba crédito a su memoria, mucho menos a lo que iba viendo. ¡Increíble! Se trataba de uno moneda de dos euros; todo un tesoro.

Por alguna extraña razón la chiquilla no comentó lo sucedido con sus padres. No lo comento a nadie. Lo mantuvo en secreto. Pero no por ello olvidó lo sucedido ni dejó de pensar en que había encontrado un camino mental o un sistema para hacer realidad los sueños.

Dicen que esa niña maduró y se acabó haciendo una gran mujer. Sabía desear con firmeza y conseguir lo que de ese modo se proponía. No queda claro que consiguiera todo aquello que se proponía, pero sí que era cierto que todo cuanto consiguió era por habérselo propuesto. Tampoco se sabe a ciencia cierta si fue feliz. Pero a todos cuantos se consultó reconocieron que fueron felices al cruzar sus vidas con la de ella.

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editado por...Wladi Martín @ domingo, noviembre 10, 2024
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jueves, marzo 14, 2024

La infancia y la patria


La verdadera patria del hombre es la infancia, dijo el poeta. Quizás la verdadera bandera sea, entonces, la camiseta del chaval. Esa que en los veranos se quita el zagal en cuanto aprieta el calor. Ya después, cuando se madura, se muda la prenda, si es preciso, y no sólo por razones climatológicas.


Otro poeta pedía al padre que le agrandara la puerta por la que al crecer ya no podía pasar. O que, al menos, se le achicase -a su persona- volviéndole a la edad bendita en que vivir es soñar. La cosa es caber en ese cerco con la patria a cuestas. No con la del Congreso, ni la del equipo de fútbol, ni siquiera con la del famoso jugador… sino con la de los vecinos y amigos, con la del chico o chica que hizo florecer los primeros impulsos sexuales, con la de la peonza, la comba y la mochila del colegio.


¡Qué más da el idioma o el lenguaje! Si en cada zona cambia; también en cada barrio y, por supuesto, en cada país. Bien lo saben los que se mudaron de niños, aunque fuera a la zona de un poco más allá. Al poco, ni la madre entendía al zagal en muchas ocasiones. El niño-camaleón hace suyos los nuevos palabros y hasta la forma de pronunciarlos. ¡Cosas de guajes o rapaces!


Lo raro es cuando se juntan algunos mayores y defienden una supuesta patria aún proviniendo de barriadas distantes. Es como cuando el anunciante de un vehículo promete la singularidad e independencia al posible comprador. Y hablamos del coche del año; el más vendido. No es fácil que entre en la chola, dicho así. Pero hace mella el mensaje.


De ahí la importancia de la bandera que a cada cual evoca su goma de borrar o el olor al bocata del recreo. La misma insignia nos lleva a gente muy diferente a los mismos sentimientos basados en diferentes recuerdos de la edad en que vivir es soñar; sean los que sean.


Todos queremos el coche del año porque nos hará diferentes, como nuestro ídolo, tan bien plantado él o tan guapa ella. Nos volvemos clones para ser como él o ella; para ser “diferentes”.


Pero mucho antes, en la edad en que vivir es soñar, dábamos abrazos de esos en que se ofrece la piel aunque estuviera protegida por una parka o un anorak. Ofrecíamos la mano para que otra, más fuerte sirviera de luz. A cambio, se concedía el privilegio de dejar guiar al que todo lo tiene por recorrer.


Habrá que volver a buscar la patria de las costras en las rodillas, de la colleja al soltar un taco. Nos lo están poniendo difícil. Tanto que dudamos de si no viviríamos en un sueño


¿Queda alguno de mi patria? ¿Queda alguien de alguna de esas patrias?

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editado por...Wladi Martín @ jueves, marzo 14, 2024
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domingo, diciembre 18, 2011

Esfuerzo y diversión

En estos últimos días ando yo metido en el embrollo del esfuerzo. Dicen que se había perdido eso de esforzarse y conseguir algo a cambio. Hace poco, se insistía en que entre la pérdida de valores de nuestros jóvenes estaba el de la superación, que nos lleva a la idea de esfuerzo con mucha facilidad.

Recuerdo que cuando era joven apareció el concepto del pasota y del pasotismo. Antes, cuando aún era un niño, oía hablar de los hippies con su haz el amor y no la guerra. Se enfrentaban a los tanques con flores en la mano y emboscados en pelambreras muy llamativas. Menudas melenas…

El otro día le decía a un alumno gordito que debía trabajar más en la clase (esfuerzo). El muchacho, un pillastre de cuidado, hacía el búho. Abría mucho los ojos para que pareciera que me escuchaba. En realidad bastante tenía con prepararse para entrar de lleno en la pubertad que estaba ya barruntando. ‘Pasaba’ de mí. Yo, por mi parte, también pasaba de su pasotismo y seguía a lo mío; esa rara tarea que algunos nos hemos impuesto y que llamamos educar. Trataba de explicar al muchacho que a pesar de su pereza o vagancia vendría a acudir en su ayuda un día de estos el cambio metabólico. Pero también le aconsejé que sería conveniente que cuando llegase ese cambio metabólico le pillase haciendo ejercicio. De esa manera acabaría siendo un tío fuerte, cachas… En realidad lo que estaba intentando era inocular en el despótico jovencito el deseo de hacer ciertos ejercicios que acometía con displicencia. Me proponía sugerirle que confiara en la voz de la experiencia (la mía) para que se sometiera a ejercicios físicos que él conocía perfectamente, pero que también perfectamente eludía un día sí y otro también. El resultado era que el muchacho, con trece años cumplidos, seguía siendo un zampón atolondrado con agilidad parecida a la de los moluscos bivalvos y eso pese a llevar siete años de práctica continuada de yudo bajo mi tutela. Un verdadero desperdicio.




Cocktail del joven maduro y con futuro
INGREDIENTES:
Esfuerzo y diversión a partes iguales.
Un chorrito de deseo
Unas gotas de disciplina
Agítese y sírvase en frío
Beber inmediatamente y a discreción.
Precaución: Puede tener efectos a largo plazo


Hay profesores (o maestros, como Uds. prefieran) que acaban enloqueciendo o quemándose ante la displicencia de su alumnado. Hay otros que se vuelven más pasotas que la comuna hippie de Woodstock. Luego hay otros que se dejan la puta piel en su empeño… ¡educar! Y hoy día, además de educar a los niños, hay que hacerse las mañas para educar de rebote a los padres; esos sujetos que en cinco minutos te joden toda la labor didáctica y educativa que has realizado en horas. Y digo educativo no formativa. No voy a entrar ahora en que los padres de hoy día quitan la autoridad al profesor y no se compinchan con los educadores en esa labor de educar a los jóvenes. Pero queda dicho ya.

De lo que vengo hablando hoy es del cocktail que lleva por ingredientes, principalmente esfuerzo y diversión, a partes iguales. A esa sana bebida, se le añade un chorrito de deseo, unas gotas de disciplina y tenemos una explosiva medicina que puede TRANSFORMAR (todo con mayúsculas) al niño en hombre, con sólo agitar todo un poco.

La palabra esfuerzo lleva dentro otra que es la palabra fuerza. Eso nos debe hacer reflexionar. La fuerza la tenemos todos pero la debemos ejercitar para que crezca o se mantenga. No se debe entender pues la palabra esfuerzo como cargar con un peso en forma penosa. Más bien se trataría de comprender que el esfuerzo es el brío, el ánimo, el valor, el vigor. Si comprendemos esto, alejamos la palabra esfuerzo de otra muy metida hasta la médula de nuestra tradición judeo cristiana como es el sacrificio. Algunos usan estas palabras indistintamente y lo que hacen es un pan como una hostia. Nada que ver. Esforzarse no es sacrificarse. Para esforzarse no hay que sacrificar nada, ni realizar ofrenda alguna a ningún tipo de credo o religión. En el esfuerzo no hay perdida sino ganancia, aunque sea a medio o largo plazo. Y ahí viene uno de los problemas… el tiempo.

La juventud, por su naturaleza, es impulsiva; sabe poco de la paciencia del viejo (casi se ríe de ella). Todo ha de ser rápido y tener sentido con algo de inmediatez, en caso contrario, el joven sospecha. Entonces surge el problema de cómo conseguir que el educando crea al educador. Antes esta cuestión la resolvía con mucha eficacia la fe, también gracias a nuestra secular cultura judeo-cristiana. Se creía a pies juntillas en lo que decía el señor cura, el señor maestro y más adelante, se creía lo que decía el periódico, lo que decía la tele. Se creía.

Hoy día hay mucho descreimiento. Los políticos mienten, los periódicos sólo dicen ‘su’ verdad (sesgada y adulterada), la publicidad engaña, los bancos esconden la letra pequeña, la justicia es más ciega que nunca (apunta a un farol y mata a una vieja… y nunca mejor dicho)…

Retomemos. En el caso del gordito vago que consigue escaquearse (como decíamos antes) día tras día, año tras año, a la hora de practicar ciertos ejercicios gimnásticos, hay mucho de todo esto que estamos hablando. Y créanme, se trata de un caso real de un muchacho apto, pero que por vagancia ha resultado que no sabe ni hacer la voltereta de yudo de manera correcta. Seguramente el chico nunca llegó a esforzarse o lo hizo en el sentido que antes hemos querido erradicar (se sacrificaba yendo a sus entrenamientos, semana tras semana, año tras año). Nunca dejó de hacerlo porque seguramente encontraba la suficiente diversión en sus clases de yudo. ¿Entonces?

Voy a explicar lo que yo creo que ocurrió con este zangolotino al que vamos a poner un nombre inventado para referirnos a él a partir de ahora. Yo creo que lo que le pasa a Arturito es que acudía sistemáticamente a unas clases de yudo que le parecían divertidas porque encontraba en ellas los suficientes ingredientes para que así fueran. Pertenencia a grupo de iguales, afirmación de ciertas cualidades, juego, estímulos en forma de excursiones, festivales, regalos, etc. Pero, a cambio, fallaba el esfuerzo en el sentido del vigor, del brío, de la entrega. No hay disciplina en Arturito que emplea mucha de su energía en mostrarse invisible al profesor para que no le corrija. Arturito es un especialista, donde los haya, en parecer y no ser, en engañar o soltar mentirijillas. Un ejemplo, cuenta hasta diez repeticiones y jamás realiza las diez repeticiones (si acaso llega a nueve). Así siete años seguidos.

Hay sujetos así que acaban haciéndose hombres (al final les llega el cambio metabólico, estén donde estén o haciendo lo que estén haciendo) y se les ve ocupando los más insospechados puestos en la sociedad. Es increíble pero cierto. ¿Recuerdan Uds. al tal Roldán? Ese no creo que practicase yudo pero sería un alumno parecido al Arturito de nuestra historia si lo hubiera practicado.

Volvamos a nuestro cocktail. Decíamos que esfuerzo y diversión a partes iguales y nos queda aún mucho por definir. Lo queremos hacer en poco tiempo (espacio) para no aburrir, que ya llevamos mucha lectura. Vamos con la diversión que lo del esfuerzo ya parece más claro.

Diversión ha de ser dentro de cauces o normas. Así garantizamos que todos podamos divertirnos y que no sólo lo hagan unos a costa de otros, como ocurre hoy día en política y en nuestra sociedad. Eso nos remite a una cierta disciplina; la suficiente para comprender, aceptar y cumplir normas, que normalmente impone el educador (la voz de la experiencia y que goza de potestas –autoridad si se quiere- y de la complicidad de quienes representan a los menores que son educados: sus padres).

Pero todavía hablábamos de un ingrediente nada desdeñable en nuestro cocktail; el deseo. Es el deseo el que hace paciente al joven o al menos le vuelve perseverante. El deseo ha de ser reconocido, primero, y luego perseguido con tenacidad. Ojo con la perversión del deseo cuando no se sigue la línea recta y co-rrecta de su consecución. Para cumplir el deseo hay que ser personas sanas, es decir honestas (no engañarse como al zorra de la fábula que acaba diciendo que “total, si las uvas no están maduras…” y se retira babeando de las ganas que tiene de comérselas).

Vamos con el ejemplo. Artutito se apunta a clases de yudo cuando tiene seis años. Es vago y su entorno le lleva a la obesidad con facilidad, como al 20 por ciento de los niños españoles de su edad. Pasa siete años supuestamente practicando este deporte sin lograr resultados aparentes. Entre tanto tiene episodios de indisciplina, algún que otro acto vandálico, se descubre como mentiroso contumaz, protagoniza algún desdeñable caso de acoso a compañeros… ¡cosas de chiquillos! ...pueden pensar algunos. Pero, tras este largo período de entrenamientos, Arturito, a cambio, no sabe realizar las llaves de yudo que le corresponden por cinturón y edad de manera correcta, apenas consigue realizar algo parecido voltereta de yudo, su forma física no es la del resto de sus compañeros en ninguno de sus valores… Lo malo es que Manolito se ha encontrado de frente con un profesor (o maestro) que ni ha acabado enloqueciendo (que a punto ha podido estar eso sí que es cierto) ni se ha dado al pasotismo. Sigue en sus trece de EDUCAR. Y el bueno de Arturito ha acabado descubriendo que no podrá tirarse otros siete años haciendo lo mismo (¿o podrá?). Todo apunta a que si es por su voluntad y la de sus cómplices-progenitores así debería ser (para eso paga; ¿qué coño le pasa ahora al profesor de yudo con mi hijo?; mi hijo es un buen chico; no será para tanto…)

Concluyendo. Todos los deportes tienen una alta carga educativa. Con ellos se inculca en el niño valores que ahora no vamos a enumerar aquí, por lo obvio que resulta. Lamentablemente, se observa que en nuestros tiempos se ha descuidado esta faceta educativa en muchos deportes y escuelas, no así en el yudo y aún menos en nuestra escuela. Si el niño no ‘entra’ el padre debe asumir el papel de cómplice del profesor como el profesor asume el papel de cómplice de los progenitores desde el momento que entiende que su labor es educar. Si el niño se encuentra ante un obstáculo se trata, primero de que lo reconozca, segundo de que se enfrente a él y tercero de que lo supere o rebase (que no suponga más obstáculo en el futuro). Normalmente, nuestra experiencia es que ocurre todo lo contrario precisamente por la perversión en la fórmula que encuentra el niño en su ambiente familiar. No se sigue esa línea recta o co-rrecta de reconocimiento, enfrentamiento y superación. Todo lo más se cumple el reconocimiento, lo primero, pero no se enfrenta el problema, que es lo segundo y, las más de las veces, cuando se enfrenta es para intentar por todos los medios no superarlo, que es lo tercero y definitivo. Señores padres, échenle más carne al asador que está en juego la educación de los que son el futuro. Vamos a volver a menear bien los ingredientes de nuestro cocktail: esfuerzo + diversión + un chorrito de deseo + unas gotas de disciplina. Menudo brebaje. Ya lo hubiera querido Asterix.

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editado por...Wladi Martín @ domingo, diciembre 18, 2011
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jueves, julio 16, 2009

Número musical de nuestros hijos cuando eran menores



Domingo 20 de febrero de 2000. Nuestros hijos Raúl, Yaiza y María nos obsequiaron con esta maravillosa muestra de buen humor. La hemos digitalizado como hemos podido pero merece la pena. Ellos, ya se van haciendo mayores y sabrán perdonarnos el haber colgado este video, para que lo vea todo el que quiera. Nosotros no les perdonamos por haber crecido. Pero lo aceptamos y les seguimos queriendo igual o más. Qué no pase el tiempo (al menos por este vídeo inmortal).

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editado por...Wladi Martín @ jueves, julio 16, 2009
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viernes, julio 04, 2008

La educación, los juegos de palabras, las lesbianas...

Ayer, en una clase, una niña monísima de doce años me explicó que la educación no vale para nada (o casi). Llegó a convencerme (o casi); me lo dijo con mucha educación.




Hoy leo la columna (que ya no es tal) de Juan José Millás en EL PAIS. Recomendable (la columna; el diario ya es otra cosa).

La titula Filantropia y habla del juego de palabras de los políticos, de los que mandan, y pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino. Dice que nos quieren hacer creer que "la jornada laboral de 60 horas semanales mejorará los derechos sociales en Europa" (habría que preguntar: ¿los de quién?). también dice que hemos sido capaces de llamar "daños colaterales a las víctimas civiles, cine de adultos al pornográfico, hombre de color al negro, establecimiento penitenciario a la cárcel, intervención militar a la guerra, solución final al crimen (¿vieron cómo se cargaron al loco de la excavadora en Israel?), niveles a los precios, métodos de persuasión a la tortura, privación sensorial a la asfixia inducida, productor al obrero, colaborador al asalariado, becario al esclavo, limpieza étnica al genocidio, campaña aérea al bombardeo, financiación al préstamo, moderación salarial a lo que usted ya sabe..."



¿Qué nos queda cuando nos defrauda un padre? (Padre-patrón, padre-ley, padre-cariño, padre- genético, el otro-padre)
¿Defraudemos como padres?

¿Qué nos queda cuando defraudamos como hijos? (Hijos del agobio, hijos de pu... rísima señora y de vividor que no pasa la pensión)
¿Defraudemos a nuestros hijos?



Las lesbianas pelean hoy por dejar de ser invisibles. ¿no se trataba precisamente de eso? ¿Por qué no nos invisibilizamos, todos los que defraudamos, en la Isla de Lesbos? ¿Habrá vuelos baratos, este verano, a tan fabuloso mundo en que la especie se sujetaría en los desviados, pero jamás defraudados, ni defraudadores -al menos por padres e hijos-? Por si acaso reservaré plaza junto a la playa de mis vanidades a ver si me tuesto el narcisismo que me está empezando a brillar de puro pálido.

Feliz verano


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editado por...Wladi Martín @ viernes, julio 04, 2008
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sábado, mayo 24, 2008

Decálogo para formar un delincuente (del juez Calatayud)

1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

8: Déle todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

Emilio Calatayud Pérez, autor de este decálogo con el que se invita a la reflexión, (Ciudad Real, 22 de diciembre de 1955) es un magistrado español, juez de menores de Granada conocido por sus sentencias ejemplares. Sus sentencias educativas han bajado la delincuencia en Granada y han aumentado el número de menores que no reinciden en el delito. En casi 20 años, el "padrazo" ha juzgado a más de 10.000 jóvenes a los que, siempre que puede, da esa segunda oportunidad que todos alguna vez hemos necesitado. Está casado y es padre de dos hijos.

En 2007 ha publicado el libro "Reflexiones de un juez de menores" en el que aparece este decálogo que os hemos dejado aquí.

Entre las sentencias que han salido en los medios están:

  • Una condena a 100 horas de clases de informática a un joven que había crackeado varias empresas granadinas provocando daños por 2000 ..
  • 100 horas de servicio a la comunidad patrullando junto a un policía local por haber conducido temerariamente y sin permiso.
  • 50 horas dibujando un cómic de 15 páginas, en el que cuenta la causa por la que le condenaban.
  • Visitas a la planta de traumatología de Granada por conducir un ciclomotor sin seguro.

Hace poco tiempo, se popularizó una intervención personal suya en una Sala. El vídeo en cuestión se puede ver en

Emilio Calatayud publica el libro 'Reflexiones de un juez de menores'


El presente libro recoge las reflexiones que el Juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, ha ido expresando a lo largo de estos últimos años en conferencias, entrevistas, ponencias, etcétera. Se ha tomado como punto de partida las videograbaciones de dichos actos y, a partir de los mismos, ofrecemos aquí sus opiniones con el convencimiento de que se trata de una valiosa mirada para entender mejor nuestra realidad social.

Emilio Calatayud es Licenciado en ICADE y Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada en 1977. Abogado en ejercicio en Ciudad Real durante dos años, en 1980 ingresa en la Carrera Judicial, siendo destinado a Güimar, Tenerife. Es profesor adjunto de Derecho Penal en la Universidad de la Laguna desde 1981 a 1984, año en el que es destinado a Granada para desempeñar los Juzgados de Distrito nº3, Juzgado de 1ª Instancia nº4 y Juzgado de Instrucción nº4. Profesor asociado de Derecho Procesal de la Universidad de Granada durante los años 1985 a 1994, en 1988 realiza el primer curso de especializacion como Juez de Menores, ejerciendo como tal en dicho juzgado hasta la actualidad.

Reflexiones de un juez de menores
Autor
: Emilio Calatayud
GRANADA , 2007.
160 pp. 23 x 15 cm.
Colección: ALMINARES
ISBN: 978-84-96677-09-8
MATERIA: ENSAYO POLITICO
FORMATO: CUARTO - RUSTICA

EDITORIAL: www.edicionesdauro.com

· ENTREVISTA JUEZ DE MENORES EMILIO CALATAYUD

"Por no parecer fachas, los padres no ejercen"

Tengo 51 años. Soy manchego del Albaicín. Nací en Ciudad Real y hace 23 años que vivo en Granada. Soy juez de menores. Estoy casado y tengo dos hijos, Emilio (21) y Alba (15). ¿Política? ¡Inconformista! Creo en Dios, soy católico poco practicante. ¿Afición? No hacer nada y descansar. Publico ‘Reflexiones de un juez de menores’ (Dauro)

VÍCTOR-M. AMELA

07/06/2007 SACROMONTE

Me cita en una terraza de la plaza Aliatar, corazón del Albaicín, alma de la vieja Granada. Llega en su moto Burma, se quita el casco y pide una caña. Le ofrezco unos caracoles picantes, y declina: "Yo, no: las almorranas...". Acabamos de conocernos y ya habla claro. Es de los que van al grano y sólo teme una cosa: apartarse del sentido común. "¡Es de sentido común!", me repite al referirse a sentencias que le han hecho popular. Y respetado. Y querido. Al día siguiente me paseo por el Museo del Sacromonte y el taquillero me pregunta: "¿Es usted periodista? Le vi ayer hablando con el juez Calatayud...". Asiento. "No sabe usted lo que ese hombre ha hecho aquí por muchos chicos. ¡Ha hecho tanto por Granada...! Ese hombre es muy importante, puede decirlo".

- ¿Cuál ha sido su última sentencia?

- Ha sido para dos niños pijitos de 16 años que habían hecho unas gamberradas... Ellos esperaban que los condenase a un trabajito por escrito... ¡Ja! Los he enviado dos días a servir al comedor de indigentes.

- ¿Cómo son los menores que llegan a su juzgado?

- Antes la mayoría eran de familias marginadas. Ahora casi no hay diferencias por clases, me llegan muchos de familias de clase media y media alta.

- ¿Acusados de qué?

- Vandalismo, desórdenes públicos, conducir alcoholizados, lesiones, robos... También he juzgado 40 violaciones y 30 asesinatos.

- ¿A cuántos menores lleva juzgados?

- Soy juez de menores desde hace casi 20 años, a 600 casos por año..., ¡multiplique!

- Doce mil sentencias... cuya creatividad le ha dado fama: los condena a hacer cosas.

- Lo único que hago es creerme la ley.

- ¿En qué sentido?

- La ley ofrece recursos a los jueces para que intentemos que el delincuente regrese a la comunidad de modo constructivo.

- No le gusta encerrar a los menores.

- Hay delitos en los que el internamiento es automático. Pero en los restantes... creo que hay modos más eficaces de apartar al menor de los comportamientos delictivos.

- ¿Por ejemplo?

- Siempre tengo a un par de chicos lijando la fachada de mi juzgado... La voz se corre: hay menos pintadas ahora en Granada.

- Cuénteme alguna de sus sentencias.

- La primera que llamó la atención, en 1990, la impuse a un chavalín de 14 años que robaba televisores y vídeos en grandes almacenes con gran pericia. ¡Todo un fenómeno!

- ¿Qué condena le impuso?

- Lo envié al reformatorio de San Miguel, y entonces me enteré de que no sabía leer, así que le dije: "Si aprendes a leer y escribir, te suelto". ¡Y a los dos meses había aprendido, el espabilado! Y le di libertad vigilada.

- Quizá le ayudó a ser un ratero letrado...

- El otro día un armario de 90 kilos y casi 30 años me abraza, me planta un beso en plena calle y me da las gracias. Lo reconocí: a los 16 años era un hijo puta..., y hoy es un fenómeno de la electricidad.

- ¿Se emociona, juez?

- Es como aquel pobre que desde chico recogía aceituna, sin escolarizar, sin saber leer ni sumar. Uno mayor le enredó para que robara material de una obra, y me llegó. "En seis meses te examinaré de leer, escribir y las tres reglas", le condené. Y con clases de apoyo... ¡no me salió un Cervantes, pero aprobó!

- ¿Qué otro tipo de sentencias dicta?

- A un chulito, maltratador de colegio, lo he enviado a servir el catering en un centro de paralíticos cerebrales. Según el caso, los envío por horas a ayudar en los comedores de indigentes, en la Cruz Roja, en los centros de Cáritas de viejecitos, en asociaciones de vecinos (a los que la lían en un barrio), al cuerpo de bomberos, a alistarse al ejército...

- ¿Más provechoso que estar encerrados?

- Tengo ahora a 900 menores en libertad vigilada. A los chicos de costa los coloco en grupos de asistencia a pateras en las que llegan menores. O a limpiar playas...

- Eso será sólo en verano.

- Es que tengo sentencias de temporada: en Navidades, a niñas que roban en grandes almacenes las tengo ayudando en campañas de recogida de juguetes para niños pobres.

- Arguménteme estas originales medidas.

- Para que un menor no reincida, ¡lo primero es que sea consciente de lo que ha hecho! Y de que vivimos en comunidad. ¡Estos servicios a la comunidad les ayudan a entender!

- Acumulará mil anécdotas...

- Tengo a uno de mis chorizos condenado a servir durante 50 horas en las oficinas de una asociación de mujeres tetrapléjicas. Les arregla cosas, les hace recados... ¡Ahora esas mujeres acaban de publicar una carta en la prensa, rogándome públicamente que le baje la condena, que es muy buen chico, ja, ja...!

- Les llama usted "mis chorizos"...

- He juzgado a choricillos de la edad de mis hijos. ¡Eso influye...! Al marginado le ayudo a estudiar y a sacarse el graduado escolar; y al pijito, a servir a los demás. ¡Ah, y tengo a muchos en la limpieza del botellón!

- Granada tiene fama de botellonera...

- Sí. Les condeno a levantarse a las siete de la mañana, y ¡a limpiar plazas y calles!

- ¿Tiene a tantos chicos como chicas?

- La chica se ha masculinizado, en el sentido agresivo del término: hace 20 años me llegaba un 7% de chicas..., y ahora es ya un 20%. ¡Y en maltratos, ya casi hay paridad!

- ¿A qué tipo de maltratos se refiere?

- Maltratos de los hijos a los padres. Chantajes, coacciones, golpes... Son los casos que más veo aumentar, semana a semana...

- ¿No le parece espantoso?

- Los padres tienen poca autoridad a ojos de los hijos. Los hijos ya no les respetan. Y muchos padres, desesperados, tienen que denunciar a sus propios hijos por malos tratos.

- ¿Cómo se llega a tan horrible situación?

- Fácil: dé al niño todo lo que pide, no le obligue a nada en casa, no le afee malas conductas, desautorice a sus profesores...

- ¡Fallos de los padres, por lo tanto!

- Sí: por miedo a parecer fachas, muchos padres no se han atrevido a poner límites a sus hijos. Y queriendo ser sus colegas... ¡les han dejado huérfanos!

- ¿Mejor volver al ordeno y mando?

- Un niño necesita padres, y un padre es alguien que marca límites, que dice: "Hijo, te quiero mucho y por eso ahora te digo NO".

- ¿Usted lo ha hecho así?

- Con peloteras, sí..., pero ejerzo de padre


Ir a los famosos vídeos del juez

Algunos testimonios de jóvenes 'salvados' por el juez



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editado por...Wladi Martín @ sábado, mayo 24, 2008
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jueves, abril 03, 2008

Reflexiones sobre fútbol, educación y otros

El wladiario hace tiempo que no recoge imágenes de ese deporte que juegan muchachos millonarios en pantalón corto. Volvemos a la carga con ello sabiendo que son del gusto de quienes visitan este vomitorio de la persona (mientras no se demuestre lo contrario) que suscribe; osease: un servidor.

Además, tengo que decir que asistí al que puede pasar a ser uno de los goles más famosos de este campeonato que conocemos por el sobrenombre de Liga (y todo el mundo lo entiende). Me refiero al gol que le metió el Getafe CF SAD (equipo al que sigo, muy a mi pesar) al Real Madrid (equipo al que seguía muy a mi gusto; al gusto de adolescente que dejé de ser el siglo pasado).

Lo vi en el propio estadio que lleva por nombre el de un famoso fascista. Contemplé ese tanto cobrado por el ‘Geta’, cuando los jugadores del otro equipo festejaban –sin sentido- el que creían haber conseguido. Yo estaba bastante cerca de Casillas por lo que no me pispé del asunto. Además, ya he explicado varias veces que donde peor se ve el fútbol es a pie de campo; pero es desde donde se toman las fotos que luego se ven en los periódicos.

La cosa es que, tras el gol del Real Madrid (que no fue tal) vi que Iker Casillas (portero del Real Madrid como sabe medio mundo) se ponía a dar saltos como un poseso o militante de IU que comprueba a votado por error a Rajoy. Pensé para mis adentros: ‘éste tío parecía sereno y sensato y al rato de marcar el gol sus compañeros se pone a celebrarlo como si hubiera sido en una Final de Copa de Europa’. Vi que del equipo contrario venían corriendo, como conejos, cinco jugadores sin que encontrasen más obstáculo que el de dos rivales que corrían tratando de emparejarse con ellos (cosa harto difícil por la diferencia de números mentada). Algo raro estaba pasando y mis cortas entendederas, tanto más pronunciadas en temas del deporte rey –absolutista por ende-, no ayudaban a dar sentido a aquello. Lo que sí empecé a comprender es que Casillas no festejaba nada y menos aún cuando el tal Uche le lanzó el balón cerca de su lado dejándolo en las redes de la portería.

Tengo que reconocer, no sin cierta vergüenza, que hasta los 47 años, no había estado jamás dentro del Bernabéu. Deben ser cosas de la educación que recibí, pues el Teatro Real lo he visitado, domingo tras domingo durante muchos años de mi infancia y aún de mi adolescencia temprana (que aún no me la he sacudido del todo, al menos en eso de estar con el pavo). Mientras los chicos de mi barrio se aplicaban a competir por ver quién se sabía mejor la alineación del Madrid (los menos) o del Atleti (los más), yo tenía que recitar los violines primeros, los violines segundos, las violas, etc. de la Orquesta Nacional. Tras la primera sarta de collejas que me conllevó esta salida que tuve, acabó haciendo gracia a aquellos pendejos mi ‘alineación’. Era frecuente que me pidieran que la repitiera. Se ve que les acababa dando igual que citase a Víctor Martín ‘Vitín’, Romo, Periáñez, Argimiro, ‘la Ratita Mecánica’, Francis, ‘la Galerna del Cantábrico’, Valverde, Cuesta, Westermeier, Colmenero, Paco Burguera, Natalio, Peñarrocha, … Les debía de sonar bastante similar a lo que ellos pronunciaban. Se ve, también, que mi seguridad y buena memoria les producía cierto respeto y, a fin de cuentas, yo era ‘diferente’: hijo de músicos (de música clásica ¡ojo!), con nombre ruso, que tocaba el violín en vez de bajar a la calle a jugar al guá y que iba al Teatro Real en domingo en vez de a misa y luego a bailar la peonza… ¡Esta todo dicho! …y seguimos en las mismas (solo que ahora voy al fútbol cada domingo que el ‘Geta’ juega en el Coliseum o aledaños –al Vicente Calderón aún no he ido-). Y es que tampoco he visitado en mis 48 años de vida el estadio Vicente Calderón, más que para escuchar a los Pink Floyd (pasada de concierto, pese a haber acudido a él con mi ‘ex’ que parecía un búho tomando el sol en Benidorm a las dos de la tarde)
Ahora, a colación de este relato, voy a obsequiar a mis jóvenes alumnos (a los que tanto debo) con un enlace al lugar en que pueden encontrar las fotos de este partido que sorprendentemente ganó el getafe CF SAD al que jamás me referiré, como hacen algunos ‘indocumentados’, como ‘club humilde’. ¡Menudo dislate!

ELACE A LAS FOTOS DE LOS PARTIDOS Real Madrid – Getafe

Algunos 'Real Madrid - Getafe'


No obstante, como solemos ser siempre críticos hacia el mundillo del fútbol (ya llegaremos al de los toros, que, dónde esté una buena corrida…) seguiremos en la misma línea. Es decir que vamos a ir ilustrando este relato con algunas nuevas imágenes de ese mundillo, de las que no suelen publicarse por muy diversas causas (casi todas obvias) y aprovechando para no dejar títere con cabeza.

Un caso muy significativo.

Conozco un caso muy chulo que paso a intentar explicar. Hablo de una persona madura que tiene sueldo fijo (deduzco de algunos de sus comentarios que trabaja para la administración pública). Creo que es persona honrada y no he detectado jamás que tenga mal trato en su roce con las personas.

El caso es que este buen señor, se dedica, a la conclusión de su jornada laboral, a instruir a un nutrido grupo de chavalines en las artes de dar patadas a un balón, de modo que se pueda decir practican un deporte. Para ello acude tres veces por semana a un colegio que tiene a escasos minutos de su residencia habitual. Se aplica en esta labor habiendo dividido a su colectivo de pupilos en tres grupos que atiende en diferentes horarios. Con todo, invierte en estos entrenamientos 5 horas semanales (repartidos en los mencionados tres días). A cambio se lleva unos 500 euros -de vellón, pero también de curso legal- (libres de impuestos y nunca mejor dicho).

Este ‘entrenador’ de fútbol acude religiosamente a su cita con los niños (de edades comprendidas entre los 6 y los 12 años) con el propósito de organizar sus sesiones de entrenamiento en el patio de un colegio público. La actividad extraescolar la patrocina la asociación de padres de alumnos de dicho colegio público. Pues bien, este entrenador acude a los entrenamientos sistemáticamente ataviado con unas gafas de sol que no se quita en toda la sesión, con pantalones vaqueros y zapatos de piel. Yo me pregunto: “¿será que no tiene para un chándal?”

Una imagen vale más que mil palabras

Estamos en la era de la imagen y no nos queremos dar cuenta de ello, sobre todo algunos. Cuando decimos que la escuela falla todos estamos de acuerdo. Cuando buscamos las causas casi nadie se pone de acuerdo. Claro que seguramente no hay una sola causa.

Yo voy a disertar sobre el tema, porque tengo unos minutos y me apetece aportar algo; por si cuela. Cuando un niño acude al instituto (voy a poner por caso) lo hace pleno de sensaciones, algunas de ellas alteradas por la cocción de hormonas que se está produciendo en su cuerpecito, empezando por los órganos más externos (los que penden). Pero también llega, con muchas expectativas, al nuevo centro (casi siempre nuevo centro, que no todos pueden ir al Kotska u otros de ‘religiosos’ pago donde sólo tienes que ir pasando de curso). De hecho, sus profesores de Educación Primaria ya les han ido preparando sobre el salto que van a tener que dar, las más de las veces con amenazas.

En estas condiciones llega al instituto el chaval o la chavala (éstas aún más desarrolladas, por caprichos de la madre naturaleza y a veces de la biológica, que les permiten a esa edad ponerse tangas de apenas 5 gramos de peso y adornos metálicos en el ombligo). Esta caterva, a estas alturas, se compone de individuos que ya manejan con soltura el ordenador que le compraron sus padres. Son padres que creen que las computadoras (los ‘PC’) son herramienta imprescindible hoy día para los estudios de sus retoños. En cambio, los niños lo usan para chatear, mandarse mensajes incomprensibles e inútiles o hacerse unas pajillas mientras visitan páginas guarras; bueno, y a veces, para bajarse una peliculilla que ven en familia. También son criaturas que manejan su teléfono móvil con soltura. Manejan el suyo, que tienen en propiedad, y el de los padres al que quitan y ponen molestas funciones bajo indicaciones (materno-paternales). Además, suelen ser los encargados de sintonizar la tele cuando se ha vuelto majareta, tienen MP3 y lo manejan sin que los padres sepan ni por dónde se cargan –las más de las veces-, ni lo que escuchan. En fin, controlan los aparatos con los más avanzados sistemas tecnológicos con la soltura del que pasea sin prisas por el parque.

Pues bien, estos mismos muchachos tan bien adaptados a los tiempos que les ha tocado vivir, llegan expectantes al nuevo centro escolar (el instituto) y se encuentran con un profesor (ya no hay maestros) que coge una tiza en la mano y con ella hace unos garabatos en una cosa plana y opaca que denomina ‘pizarra’. Es como querer ver las Cuevas de Altamira con una gafas de cine tridimensional. No es que esos muchachos no sepan lo que es la pizarra y las tizas; lo que pasa es que se les trata de enseñar, educar y captar la atención con ‘tecnología’ del siglo pasado (y aún decimonónica). Y claro, me preguntarán… ¿Qué otra opción queda?

Ahí quería yo llegar. Para empezar, seguramente habría que hacer un esfuerzo desde donde está la pasta y su gestión o administración. Tal vez hubiera que invertir más en Educación y menos en mantener un ejército rancio, con el que, por cierto, hace mucho que no se mete nadie. (Ya iremos a ello después de lo de los toros). Tal vez fuera más barato ir preparando a las generaciones que pronto ‘harán sociedad’, para que se conviertan en hombres y mujeres de bien, que seguir viendo la forma de castigar, controlar, vigilar, echar, eliminar, erradicar a los que ya no hay forma sencilla de reconducir socialmente. No es que nos vayamos a librar de un problema presente tratando de prevenir uno futuro, pero es que no estamos solucionando el presente y no hay visos de que se esté previniendo lo más mínimo lo que se nos viene encima.

Es muy fácil rebatir este argumento explicando que no nos alcanza la tela para meter en cada aula un proyector de PC y un terminal por alumno. Está clarísimo, aunque –ya digo- lo mismo habría que empezar a esforzarse más en adaptar los medios con que cuentan nuestros educadores que en empecinarse en que los niños sepan decir ‘Im very happy’ a los 5 años.

La imagen decíamos.

Como es improbable que administración alguna se gaste los dineros (de todos) en esta propuesta de modernizar la escuela pública vuelvo a lo de la imagen y a lo del entrenador de fútbol. Decíamos que una imagen vale más que mil palabras. Y la primera imagen con que cuenta el adolescente que llega al instituto es su profesor (o profesores). Muchos de estos profesores ya no saben lo que quiere decir ‘vocación’ más que recurriendo a experiencias que no le son propias. Además, cuando preparan su oposición y su proyecto curricular (que se dice ahora), no lo hacen con los pies bien firmes sobre el terreno que les toca pisar. Es una pena, pero entiendo que el educador tiene una función social tan elevada que debe ser persona feliz por haber encontrado una forma de sustento que, además, da sentido a su existencia vital. Esto lo dice una persona que tiene dos profesiones (el periodismo y la docencia). Con la primera siente que su función social está cada vez más manipulada, menos considerada, pero razonablemente remunerada (a cambio de unos horarios de locura y exigencias un tanto kafkianas por ponerle un calificativo). Pero con la docencia, aún reuniendo menos de la mitad del jornal uno siente que está haciendo labor social. El que educa (o lo intenta) es un ser privilegiado al que se le concede el don de poder influir en la construcción (futura) de la sociedad. Eso es la hostia señores. Si además, se cuenta con unas condiciones laborales más que aceptables… ¿Qué es lo que falta?

No os merecéis a vuestros hijos

Como habíamos empezado confesando que no íbamos a dejar títere con cabeza vamos ahora a por los padres (y las madres ojito). ¿Qué está pasando con los padres de niños y adolescentes? Pues seguramente que no hay vocación de paternidad tampoco. Nos explicaremos…

Cuando uno maneja a un colectivo de niños de escasa edad y ve, a lo largo del trabajo metódico de varios meses, la mucha y firme labor que hace con sus pupilos y lo poco que importa a sus padres siente la tentación de sentirse sólo. Ya se habla por doquier de la soledad del profesor. Ésta siempre existió y era paliada con esa palabra en desuso que antes hemos empleado y que volvemos a recordar: vocación.
En el diccionario de la RAE se puede leer que, coloquialmente, vocación significa “inclinación a cualquier estado, profesión o carrera”. Pero hay una primera acepción: “Inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión”.
Aquí, que hemos presumido de ateos, nos ha gustado mucho eso de que esté ligada la ‘vocación’ a la ‘religión’. ¿Es que no hay algo de religioso en que un líder, docente, educador o ‘profe’ sea capaz de conjugar en un solo alma, los conocimientos que ha atesorado tras muchas horas de estudio, en el alma de su ‘educando’ -de sus alumnos-? ¿Es que no es un acto de fe (por eso he hablado antes de la hostia y tal) que los zangolotinos y gurruminas a que se dirige el profesor acaben interesados en abstractas cuestiones que les plantea y acaben viendo el alcance de ello haciendo acopio de esos conocimientos para alumbrarse en el tránsito por la vida?
En el diccionario antes citado se añade que ‘errar alguien la vocación’ es: “Dedicarse a algo para lo cual no tiene disposición, o mostrar tenerla para otra cosa en que no se ejercita”.
Muchos profesores de instituto son excelentes químicos, buenos historiadores, medianos conocedores de la filosofía griega, expertos en gramática inglesa, habilidosos economistas, etc. Pero como docentes son una puta castaña. Pero además, una castaña pilonga; han errado su vocación.
Todavía recuerdo el caso de Raúl, uno de esos zangolotinos, que fue expulsado de su clase por la profesora de inglés. Llegó a casa con una nota en la que se argumentaba que se había tomado la medida porque el niño ‘omitía’ ruidos en clase. Pregunté si la tal profesora era nativa (nativa de país sajón, se entiende). Al parecer era de Moratalaz y se trasladaba a diario al instituto en un Ford Focus. Insistí mucho en tener una entrevista con la profesora de inglés para tratar de que reconsiderara su decisión y le diera un premio a Raúl que había ‘omitido’ ruidos en lugar de haberlos emitido. La jefa de estudios consideró que no era necesario, que ya le ‘omitiría’ ella los detalles a la profesora (pulquérrima, por otro lado, en el cumplimiento de su función docente en el centro). Y así nos va la cosa.
Concluyendo. Tal vez sea el momento de relajarse y ‘laissez faire, laissez passer’. No es que de esa guisa le haya ido demasiado bien a la Humanidad, pero sí a los que propusieron dicha consigna y a sus descendientes. A lo mejor es momento de dejar que las cosas sigan su cauce y que sea el destino el que se haga cargo de la que estamos liando. Lo mismo la sabia Naturaleza procede a poner a cada cual en su sitio y lo mismo nos cargamos el planeta y viene un nuevo ‘big bang’… ¿quién lo sabe? Igual esto necesita ya una total regeneración y mientras tanto nos dedicamos al trinquete a y a la molicie. Me he leído por fin (una deuda que tenía con mi adolescencia) ‘Utopía’ de Tomás Moro. Me pareció tan fuera de tiempo y lugar (con las ganas que tenía de meterle mano a la famosa obra) que, al acabar, he necesitado zambullirme a lo loco en una lectura tan refrescante como la de ‘El tocador de señoras’ de Mendoza. Se lo recomiendo a todos, en especial a los que prefieren soltar a solas una carcajada en el tren o el autobús, antes que ir contando al personal las imbecilidades que se hablan por el teléfono móvil. Se lee del tirón.

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editado por...Wladi Martín @ jueves, abril 03, 2008
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sábado, septiembre 29, 2007

Cuando sea mayor

'Cuando sea mayor voy a ser viejo' decía yo. Y ya era mayor que un niño y menor que ahora, que aún lo soy, pero con vergüenza. Con pudor cuando se me asoma en público

Cuando sea mayor voy a ser... si es que soy y no me he muerto por el camino (cosa que sucederá cuando sea mayor, claro)... ¿qué seré de 'mayor'?



Cuando sea mayor quiero entrar en un ejército y alcanzar el grado de Mayor. Ser el ‘Mayor’ del ejército de disparadores de sueños y fantasías; de fusileros de poemas propios y extraños. A ver si me aprendo el de los "cien cañones por banda" que ya se me está olvidando y es el único que suelo recordar.

También quiero ser el menor cuando sea mayor y sentirme joven entre mis compañeros viejos a los que ganaré echando carreras de prótesis de cadera (¡que se jodan!)

Cuando sea mayor mis hijos también lo serán y me verán envejecer para distraerse de su paso por la vida (ellos también envejecerán).

Cuando sea mayor también voy a tener tiempo, un día de esos, para espiarme y ver lo que realmente he conseguido (poca cosa sin duda). Y recordaré que siendo menor soñaba; un sueño que seguramente seguiré recordando, porque siempre me va a acompañar, hasta que me duerma para siempre, hasta que lo sueñe siempre.

Yo que nací con siete vidas, he empezado a vivir la última, que, en realidad, es la primera. Las demás no las voy a gastar; total… ¿para qué? Si ya me lo sé.

Nací muy pronto y enseguida tuve hijos mayores que yo. Y eso pese a que, cuando niño, era mayor que ahora (en lo mejor y más importante). Pero se me ha gastado la madurez y estoy tratando de recuperar la seriedad que empleaba cuando jugaba a cualquier cosa.

Cuando sea mayor no pienso tener un Ferrari, ni dos. No pienso salir con las chicas de la tele, ni tener mucho dinero para viajar en avión a Laponia, aunque no me apetezca. Tampoco pienso beberme todo el líquido de las tabernas, como dice mi amigo que lo intenta cada noche de viernes y de sábado. Voy a cuidarme cuando sea mayor y haré ejercicio, en alguna residencia de ‘mayores’, como las llaman ahora.

Entonces, puede que entonces llegue un nieto mío y me diga con la verdad punzante y sanguinaria de los niños: “abuelo, tú ya eres mayor”. Aprovecharé, entonces, para llorar como un niño, ocultando mis lágrimas de viejo cobarde. A ver si un día de estos tengo un nieto. A ver si se deciden un día a darme un nieto, aunque sea mayor.

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editado por...Wladi Martín @ sábado, septiembre 29, 2007
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