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domingo, febrero 08, 2026

"Por amor al arte. Seis generaciones de artistas"

Presentación del libro de Thais Martín de la Guerra en el Palacio Bauer



El viernes 6 de febrero de 2026 tuvo lugar un acontecimiento de esos que no se olvidan. Mi hermana Thais Martín de la Guerra presentó su libro Por amor al arte en un acto espectacular; lleno de arte, como no podía ser de otra manera. Para empezar hay que destacar el marco en que se produjo. Sólo visitar el precioso teatro de la Escuela Superior de Canto (Palacio Bauer) en la calle San Bernardo de Madrid, ya merece la pena. No en vano está declarado Bien de Interés Cultural.





Pero es que, además, el acto estuvo salpimentado con números musicales de gran valor. La soprano Eva Marco y el tenor Andrés Lara, acompañados de la pianista Cristina Presmanes elevaron la calidad del evento. También destacaron los meritorios miembros de la Rondalla Lírica de Madrid, que arrancaron al numeroso público a cantar pasajes de sobra conocidos. Hasta la hija de la autora, Dalila Garmendia Martín se prestó a interpretar una pieza al piano y poco después tuvo unas emotivas palabras hacia su madre. De este modo, se puede decir que hubo momentos de deleite sublime, de sonrisas y de emoción; hasta alguna lagrimita se escapó por ahí.



En lo que fue la presentación del libro, propiamente dicho, intervino como moderadora la polifacética Cristina Presmanes, antes citada. Junto a la autora del libro, Thais Martín, se encontraba su primo, Antonio Calero Westermeier, que habló de la rama familiar de los Westermeier y De la Paz. Otra cosa es la rama De la Guerra, que aunque suene a guasa, se acabaron encontrando, demostrando, como recordó la autora, que la realidad, a veces, supera la ficción. A los curiosos sólo me queda animarles a hacerse con el libro. Seguro que lo disfrutan.




Al final del entretenido acto, mientras la autora firmaba ejemplares de Por amor al arte. Seis generaciones de artistas, se ofreció un vino español en el que la mayoría de los asistentes coincidieron charlando animadamente de cientos de anécdotas surgidas al albor de lo recién referido en el teatro. No en vano coincidieron compañeros de profesión de la autora, del colaborador -ambos músicos- y hasta de las orquestas y centros en los que desarrollaron su vida laboral los padres de Thais y Antonio.





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editado por...Wladi Martín @ domingo, febrero 08, 2026
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sábado, septiembre 06, 2025

Conde Yección


Andaba el conde en su huerta. Digo andaba porque así lo hacía y digo huerta porque acababa de volver de su última campaña; estaba de “huerta”. 

El conde, por nombre Iñigo Yección, era más conocido por “Conde Yección”, muy en consonancia con su copiosa manera de ingerir viandas y sus posteriores maniobras para aliviar las tripas. En ese motejo, hay que reconocer cierta mordacidad entre sus súbditos, que así se referían a él.

En uno de los raros momentos en que el noble ni comía ni deyectaba bolos fecales llegó un capitán de su ejército. Había acompañado a su señor en la última campaña y preguntaba:

- ¿Señor conde qué queréis “cagamos” con los moros “cagarramos”?

- “Cagaleras” los mandéis.

- ¿“Cagaleras” los mandemos? Señor “condeyección”, turbado me háis. Y pese a que turbado “meáis” cagaleras los llevaremos.

- Para acabar la transcripción de este viejo legajo y aún a riesgo de rozar lo escatológico citaremos al gran Calderón del Zurullo: “La vida es una barca”.

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editado por...Wladi Martín @ sábado, septiembre 06, 2025
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sábado, diciembre 30, 2023

La partida de ajedrez


Eran las tres de la madrugada. Don Pensón, de la familia de los Urdimbre, volvía a desvelarse. Que se despertó, vaya. Como no era la primera vez, más bien era algo cotidiano, decidió levantarse de la cama sin agobiarse. A fin de cuentas, no tenía que madrugar. Así es que se dirigió al ordenador donde empezó a aplicar su rutina, su forma de operar de manera mecánica cada vez que conectaba el aparato. Primero echar un vistazo al correo digital, luego un paseo por las llamadas redes sociales. Finalmente, abrió la aplicación con la que jugaba al ajedrez contra la propia máquina. Se aseguró de que el nivel de usuario fuera el adecuado para poder ganar, pero sin demasiada facilidad.

Mientras el ordenador, ya viejo, realizaba su proceso, acudió a la cocina y se preparó un té matcha. Parece ser que pese a todo no interfiere en las ganas de dormir. Don Pensón había oído que la infusión es muy sana y la tomaba como si se tratase de un amuleto. Algunos, incluso asignaban al brebaje la capacidad de estimular el sueño.

Con la taza humeante en la mano se dirigió a la habitación donde se encontraba el pecé. Acercó el cenicero se encendió un pitillo, le dio una larga calada y lo depositó en el borde. Sabía que esa costumbre no tenía nada de bueno pero no conseguía erradicarla. A cambio, para eso tomaba el té matcha. Así compensaba. Eso creía él. Así metabolizaba la paradoja: una más.

Abrió la partida como siempre; de la misma manera, con el peón de reina. En seguida se percató de que la máquina preveía sus movimientos habituales. ¡Maldita inteligencia artificial! Por un lado estaba disfrutando de una partida con un invisible compañero a altas horas de la madrugada, gracias a ella. ¿A ver a quién le iba a pedir semejante favor? Para eso sí estaba bien la IA. Pero podía ser más amistoso el invisible rival y dejarse ganar un poco, sobre todo a esas horas.

Don Pensón tuvo que recurrir varias veces a la maniobra de retroceder jugada, para no perder algunas piezas. A pesar de todo la cosa estaba cada vez más enmarañada. Para colmo, empezó a notar retortijones en las tripas. Cada vez los dolores eran más agudos. Empezó a ponerse de mal humor, pero pensaba en aguantar las ganas para acabar la partida. Claro que también quería ganar; otra paradoja.

En uno de los apretones estuvo a punto de ventosear y notó el caldoso material cerca de los gayumbos casi en el límite de los confines de su cuerpo. Pausó el juego y a grandes zancadas se dirigió al excusado. Nunca antes había detenido el juego.

Tan pronto se sentó explosionó su necesidad vital. Casi no llego, pensó.

Al cabo de unos minutos, ya aliviado tras soltar una gran cantidad de mierda (con perdón), volvió a sentarse frente a la pantalla. El pitillo estaba casi consumido. Quedaba apenas lo suficiente para dar la última chupada. Así lo hizo y después tomó otro traguito del saludable líquido.

Reanudó la partida y lo hizo buscando una estrategia diferente a la que llevaba antes de salir corriendo al cuarto de baño. Las cosas empezaron a mejorar. Empezó a comerse algunas figuras del imaginario rival. Lo mismo que había desatascado sus tripas, conseguía ahora desenredar la situación. Casi como en una erupción.

Acabó, pocos movimientos después, ganando la contienda. No podía quitarse de la cabeza el paralelismo entre la resolución del atasco en las tripas y el del barullo en el ajedrez. Sólo tuvo que escuchar las señales, que, en este caso, no podía dejar sin atender. A veces, no hacemos caso a dichas señales.

Así le ocurre a mucha gente; que no atienden a los avisos y no saben desatascar algunas situaciones. Lo malo es que hay quienes van soltando mierda (dicho sea también con perdón) y, encima, no acaban desenmarañando la situación. De manera que el deseo de Don Pensón, desde entonces, es que quienes se ven en situaciones confusas, sobre todo los que tienen cierto poder y responsabilidad, suelten su mierda y no la esparzan, para liberar el bloqueo y solucionar el galimatías. Que ustedes caguen bien (con perdón).

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editado por...Wladi Martín @ sábado, diciembre 30, 2023
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viernes, junio 17, 2022

Un "haiku" seleccionado en un concurso

 La luna bajó

yo la vi en tos ojos

la miré dentro

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editado por...Wladi Martín @ viernes, junio 17, 2022
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miércoles, septiembre 16, 2020

El escondite

Hace poco, mi madre hablaba con una anciana amiga. Recordaba con claridad una anécdota que yo mismo protagonicé y que voy a narrar en forma de cuento. Sirve de ejemplo para lo que somos capaces de hacer: huir (sin que parezca una “huida”). El cuento se refiere a un niño, a una anécdota infantil. Pero creo que todos conservamos un mecanismo similar; de la misma forma que todos conservamos algo del niño que fuimos.


Vamos con el cuento y ustedes deciden.


Eran varias familias de emigrantes que se juntaban a menudo para conservar, en cierto modo, su procedencia. Había varios niños en dichas familias y acabaron fomentando mucha amistad entre ellos.


En una de esas reuniones, tras cenar todos juntos, los niños se pusieron a jugar al escondite en plena casa. El niño protagonista del cuento tendría unos seis años. Era el más menudo de los que jugaban a esconderse y esperar que uno de ellos les descubriera. Los demás, unos cuatro, eran mayores todos. Incluso su gran amigo, Arturito, tenía un par de años más de edad, que él.


Fue precisamente Arturito quien propuso un escondrijo fenomenal en el hueco alto de un armario empotrado. Con las prisas y el nerviosismo de que el encargado ya iba a iniciar su búsqueda, debió olvidar su propuesta y marcharse a buscar refugio. Pero el destinatario de dicho ofrecimiento no lo olvidó y con asombrosa agilidad se encaramó al escondrijo sin que nadie le viera. Cerró desde dentro la portezuela y esperó nervioso a ver el resultado.


Pasó un buen rato. Oyó voces pero nadie le buscaba en el fenomenal escondite. De manera que el niño decidió prolongar su gran victoria. Las voces dejaron de oírse y pasó el tiempo. Tanto que parecía ridículo salir en ese momento en que el efecto de la aparición se diluiría sin testigos presenciales.


La lucha entre la espera y el sueño (era después de cenar) parecía un pulso. Ahora parecía ganar la espera, ahora parecía ganar el sueño. Hasta que ganó el sueño.


El niño se quedó dormido y nadie era capaz de encontrarle. Como broma ya empezaba a ser pesada por el rato transcurrido. Los niños, ya todos descubiertos, empezaron a llamar a gritos al ausente. Nada.


Los adultos debieron escuchar los gritos y se unieron a la búsqueda con un poco de angustia. No se podían creer que hubiera desaparecido como explicaban los retoños.


En una de esas, creo que el dueño de la casa, abrió el compartimento del armario donde me había escondido. Se llevó una gran sorpresa.


- “Aquí está” gritó.


En esas yo me fui despertando mientras los demás acudían a la habitación del armario.


Jugué, fui protagonista y además me eché una cabezadita.


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editado por...Wladi Martín @ miércoles, septiembre 16, 2020
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domingo, agosto 30, 2020

La sordera

Es curioso como uno se arregla para ver lo malo en el otro cuando es un defecto propio. Hay gente que se sabe la teoría de maravilla - para los demás -, pero son incapaces, en la práctica, de enmendarse la plana. Hace poco he vivido en mis propias carnes un buen ejemplo de ello. Una persona tiene sus razones – las suyas digo –. Todos los demás son los confundidos y – lo peor- es con el ego desorbitado, esa persona es capaz de poner en riesgo la convivencia con todos los demás. Es una anécdota a punto ha estado de quebrar unos maravillosos días de vacaciones en familia. Pero es una historia muy larga que dejo para más adelante. Lo que ahora importa, en esta reflexión, es la capacidad que tenemos de ver defectos en los demás. Defectos que nos son propios o no del todo ajenos.


Ya hemos hablado en otras ocasiones de la ley del espejo, por ejemplo. Ahora lo voy a explicar con un divertido cuento que narra Jorge Bucay y que mi madre ha venido a recordarme hace poco.


Vamos allá.


Un hombre ya maduro llama por teléfono al médico de confianza que normalmente trata a su esposa. Es un viejo amigo, se podría decir que de de toda la vida.


Tan pronto oye su voz exclama alarmado:


Algo le pasa a mi mujer que se ha vuelto sorda. No hago más que llamarla y ni siquiera me contesta. Se ha vuelto completamente sorda”.


El médico tranquiliza a su amigo. Como conoce la casa le da instrucciones para ver el alance del mal. Se entera de que la esposa está en es momento en la cocina y le propone que la llame desde la habitación de ambos sabiendo que está a unos 20 metros de donde ella se encuentra.


María… María… ¡María!” - acaba gritando.


Nada, no contesta. No me oye. Se ha vuelto completamente sorda”. Le dice a su amigo otra vez al teléfono.


El médico sigue recomendando tranquilidad, al desesperado marido, y le da nuevas instrucciones.


Vé ahora al salón y vuelve a llamarla a viva voz”


Seguramente, él también daba sus indicaciones a viva voz pese a mantenerse aparentemente impasible. Al menos el buen señor apretaba con fuerza el auricular al teléfono para no perderse detalle.


María… María… ¡María!”, repitió la operación con el mismo resultado: ninguna repuesta pese a estar a menos de diez metros.


Cada vez más nervioso, el cónyuge volvió a ponerse al teléfono para explicar lo sucedido.


Completamente sorda. No contesta” respondió.


Su amigo, al otro lado de la línea, siguió recomendando tranquilidad antes de dar nuevas instrucciones.


Dirígete a la cocina y repite la operación” le indicó el médico.


Así lo hizo el cada vez más nervioso señor.


María… María… ¡María!” Gritó a espaldas de su señora.


Y se llevó un chasco mayúsculo cuando su esposa se giró y le dijo:


¡Qué! ¡Que te pasa que no dejas de gritarme todo el día y cuando te contesto ni siquiera me oyes!”.

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editado por...Wladi Martín @ domingo, agosto 30, 2020
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miércoles, mayo 13, 2020

Las hojas de la enredadera


Parece ser que los barracones de los campos de concentración en que había mayor índice de supervivientes era en los que sus integrantes tenían más fe. Se han hecho algunos estudios que apuntan a que los tienen firmes creencias religiosas se aferraban mejor a la vida. En definitiva, creo yo, que se referían, esos estudios, a los que más esperanzas tenían; más confianza u optimismo (no sólo creencias religiosas).

Eso me recuerda el caso, contrario, de Joseph H. Pilates. El creador del método Pilates, tan en boga hoy en día, sufrió cautiverio debido a su nacionalidad alemana en la Primera Guerra Mundial. El caso es que se observó que donde él estaba se gozaba de manifiesta buena salud, pese a las condiciones. Hay que decir que se ejercitaba con cuanto tenía a su alcance (muchos de los aparatos de Pilates recuerdan los elementos que podían encontrarse en uno de esos barracones) y que a sus compañeros de cautiverio les enseñaba y animaba a practicar esos ejercicios. O sea que también el estar bien físicamente es un buen factor para sobrevivir. Otra cosa es que sentirse bien (en lo físico) igual sube los niveles de la fe y estamos en las mismas. Yo que sé.

Me acuerdo ahora de un cuento de Jorge Bucay que describe la importancia de la fe.

Una niña fue un día al médico y expuso sus síntomas. Tosía con algo de sangre, tenía dolores en el pecho, había perdido peso, tenía fiebre, sudoraciones nocturnas…

Al cabo de unos días los análisis confirmaron las peores sospechas. La niña tenía tuberculosis. Así que estaba prácticamente confinada en su cama en su habitación. La ventana daba a la fachada de la casa de enfrente donde crecía una enredadora que iba perdiendo las hojas, dado que se encontraban en invierno. Cada día que pasaba se iban cayendo algunas hojas más.

La niña se refirió, trágica, a la enredadora. Le dijo a su mamá que se encontraba cada vez más débil. Establecía conexión con la planta de la fachada. “Es como si cada hoja que perdiera la enredadera yo perdiera un poco de vida” dijo la niña. Y añadió “temo que en este invierno cuando la planta pierda todas sus hojas yo también perderé la vida”.

La dulce mamá intentaba tranquilizar a su hija diciendo que ya faltaba poco para la primavera (apenas un mes) y que pronto la planta volvería a estar repleta de hojas. Entre tanto para evitar tan sombríos pensamientos de su hija le buscó ocupaciones. Un día bajó a la niña la jardín donde veía toda la fachada de la casa de enfrente. La enredadera estaba casi pelada.

En la casa vivía un famoso pintor desde cuya ventana saludó a la niña. La madre había contactado con él para que le diese lecciones con las que entretener a la niña.

Pocos días después la niña conoció al pintor que enseguida puso tareas a la adolescente. Mandó dibujar rosas, árboles, plantas, pájaros… Siempre eran cosas alegres y se iban usando distintos elementos: carboncillos, lapiceros, ceras…

La niña no parecía entretenerse con nada. Se mareaba, apenas le quedaban fuerzas siquiera para concentrarse. Entre tanto la enredadera perdía hojas. Ya sólo contaba con tres: una casi al ras del suelo, otra a media altura y otra muy cerca de la ventana donde el pintor le saludó el primer día que le conoció.

La madre incansable animaba a su hija: “apenas queda ya una semana para que llegue la primavera y todo volverá a florecer.

Un buen día el pintor anunció que se marchaba al extranjero a exponer pero que dejaría suficiente tarea a su pupila. La enredadera perdió la hoja que se encontraba casi a ras de suelo. La niña desfallecían por momentos. Su madre incansable recordaba la inminencia de la llegada de la primavera.

La niña casi no salía de la cama. Vio que la hoja del centro también desapareció con una ráfaga de viento. Sólo quedaba una hoja en toda la enredadera. La niña parecía entregarse a su destino.

La madre volvió junto a su hija para intentar consolarla. Ya sólo quedaba la hoja junto a la ventana del pintor. Era su último asidero según su propia profecía.

Un día de esos llamaron a la puerta de la casa. Era la casera del edificio de enfrente que llevaba una carta del extranjero para la niña. Era del pintor. La madre se dispuso a leerla cuando la niña observó que la hoja permanecía firme, pero que, además, la enredadera parecía repleta de botones verdes; eran retoños. La primavera había llegado y, en breve, cubriría de hojas toda la planta.

Entre tanto la madre leía la carta donde se informaba que el pintor se quedaría a vivir, un tiempo, fuera de casa; en el extranjero. Pero decía a la niña que había hablado con la casera para que le abriera su casa y pasase a por sus propios pinceles. Se los regalaba para que siguiera progresando con ellos.

La niña alborozada pidió que la madre cumpliera con aquella invitación. La casera abrió el piso del pintor y la niña recogió los pinceles que estaban en un estudio junto la ventana desde la que el pintor saludó a la niña la primera vez. Tomó los pinceles y vio de reojo la hoja que seguía firme en la enredadera. Algo le llamó la atención.

Abrió la ventana y estiró la mano hasta alcanzar la hoja. No era natural: estaba pintada, con gran realismo, en la pared.

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editado por...Wladi Martín @ miércoles, mayo 13, 2020
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domingo, abril 26, 2020

La sequía


Una vez acudí a un pueblo medio perdido en la geografía hispana cargado de ritos cristianos. Estaba aquejado por una contumaz sequía. Hacía años que no caía una sola gota. Las cosechas se arruinaban sin que hubiera mala fruta que recoger. Había un pantano cercano. Otrora lugar de baños que atraía incluso el turismo, ahora se podía atravesar andando entre barro y fangos. Estaba casi seco.

El panorama se prolongaba años y no había visos de que el panorama fuese a cambiar. La gente se arruinaba. Pero aún más preocupante era la salud. Estaban empezando a enfermar por falta de agua, por no poder comer adecuadamente.

Los peces habían muerto en el pantano; también escaseaban en el río que pasaba por el pueblo y que abastecía al embalse. Los animales habían huido al norte, a varios kilómetros, donde había algo de humedad.

No sé de quién fue la idea ni de dónde salió. El caso es que decidieron reunirse un día en concreto y ir a rezar todos juntos a la ermita de la montaña. Su santa patrona no les abandonaría. Con su fe, decían, la santa vería la necesidad que tenían de que lloviera y les enviaría el agua.

Confiaban en que su oración sería escuchada y la lluvia pronto vendría abundante y sana; que todo lo limpiaría, que volvería a renacer la vida.

Confieso que tuve curiosidad por aquello. Tampoco se hubiese entendido que sólo yo me excluyese de aquel acto tan importante para aquella gente humilde e ignorante.

A la hora convenida todo el pueblo se reunió en la plaza mayor del villorrio. De allí partieron hacia la ermita por la senda de la montaña. Gentes de avanzada edad, hombres, mujeres, niñas y niños; la fila e pueblerinos era impresionante. No faltaba nadie. Todos a rezar a su santa patrona; todos a rezar por la lluvia.

Entre las personas que componían la impresionante comitiva sólo vi un niño de corta edad que daba el paseo con un paraguas. Nadie más.

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editado por...Wladi Martín @ domingo, abril 26, 2020
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jueves, abril 23, 2020

Los perros del rey


Había hace muchos años un rey tal y como sucede hoy en día en España (ya ve usted). El caso es que eran otros tiempos y uno de sus ayudantes cometió un error al intentar cumplir una de sus regias obligaciones.

El rey, que tenía todo el poder y muy mal genio, montó en cólera. Tan grave fue la cosa que mandó echar a sus perros feroces al sirviente. Así es que le envió a una cárcel de la que saldría diez días después en que se fijó la fecha de la ejecución.

El sirviente fue conducido a las mazmorras donde habló con su carcelero. Le pidió ayudarle en sus quehaceres durante sus diez últimos días de vida. Al final, con gran insistencia, el servidor convenció a su carcelero. Se ocuparía de los perros que habrían de poner punto y final a su existencia; los cuidaría, alimentaría, limpiaría…

Al principio le costó algo el enfrentarse a las temibles bestias. Pero fueron pasando los días y parecía que la confianza entre todos iba creciendo. Así hasta que llegó la fecha de la ejecución.

Los perros y el servidor fueron debidamente preparados. Se lanzó al hombre a un habitáculo donde sólo estaban los bravos perros. Pero éstos, en vez de devorar al criado, para sorpresa de todos los que lo vieron, se limitaron a lamer los pies del servidor. Ni un sólo bocado, sólo muestras de cariño.

Entonces el rey asombrado preguntó por aquella extraña escena.

La explicación le vino del sentenciado.

“He tratado bien a tus fieras durante sólo 10 días. Las he cuidado, alimentado, limpiado… Y en sólo diez días me han tomado tanto cariño como para no desearme ningún mal. Sólo me dan muestras de amor. En cambio, a ti te serví con abnegación durante diez años. Y al primer fallo que tuve mandaste acabar conmigo”, explicó el hombre.

Parece que hay alguna personas desagradecidas, sobre todo cuando creen tener todo el poder. También hay seres de corazón sencillo que saben apreciar hasta el más mínimo gesto de cariño.

Otra reflexión vendría del lado de saber elegir a su señor.

El resto de interpretaciones se las dejo a ustedes.

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editado por...Wladi Martín @ jueves, abril 23, 2020
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martes, marzo 24, 2020

El presente


Un personaje de Lluvia fina de Luis Landero le dice a otro “No sé si es bueno contar o no las cosas. No lo sé. Quizá hay historias que no deben contarse, asuntos del pasado que es mejor que sigan perteneciendo para siempre al pasado”. Y le contestan: “Es difícil saberlo, pero ya está, ya pasó. Ahora te queda seguir adelante.”

Es genial y hace que pensemos en el pasado de cada cual y, sobe todo, en el presente. Aunque parezca mentira, en estos días, merece la pena pensar en el presente sin engancharse en el pasado (y mucho menos en el futuro). Otro personaje, en el mismo libro, dice “Y ahora ya sabe con certeza que los relatos no son inocentes, no del todo inocentes, y que no es verdad que a las palabras se las lleve tan fácilmente el viento. No es verdad. Todo cuanto se dice queda ya dicho para siempre, y sólo con la muerte se consuma por completo el olvido y se logra el silencio y, con él, la paz definitiva”. Lo que lleva a reflexionar no sólo por el pasado sino también por la palabra, por lo que se dice. Es importante (desde el presente) saber lo que se dice. Y sobre todo sería recomendable no decir lo que no se sabe. O dicho de otro modo, decir que no se sabe, ser un poco humilde. Como lo que me falta a mí aquí y ahora, que igual ni sé lo que digo. Sólo me anima a seguir pensar que muevo a reflexionar sobre cosas importantes: el pasado – quiénes fuimos -, el presente -quienes somos – y el futuro – quienes queremos ser -.

Hablando del futuro y citando también el mismo libro de Landero (Lluvia fina), uno de sus personajes dice también: “Milagrosamente, el futuro ya no la apremia ni abruma con sus amenazas. Al revés, de pronto se presenta ante ella como un refugio idílico de paz”. O sea que, de alguna manera, se consigue la paz – en el presente y para el futuro – por algún mecanismo. Y no voy a desvelar más. El que quiera saber más que lea la novela; es recomendable. Y lo mismo saca conclusiones diferentes a las que yo he sacado. Diré que, para mi, queda claro que se deshacen las ataduras de los personajes (que son muchas y claustrofóbicas) a través de lo que son capaces de decir (de la palabra). Algún personaje estaba enganchado en pasajes del pasado y sólo logra liberarse por medio de lo que acaban siendo capaces de decir (de reconocer, de revisar…).



Como dice Rick Warren “somos producto de nuestro pasado, pero no tenemos por qué ser su prisionero”. Y añade Bill Cosby “el pasado es un fantasma, el futuro un sueño y lo único que tenemos es el presente”. Es decir que si te alimentas de recuerdos vives en el pasado y si sólo piensas en tus planes o ensoñaciones vives en el futuro. En ambos casos se pierde uno el presente, el aquí y ahora Esa actitud nos impide pensar o ser conscientes de lo que decimos, de la palabra (la nuestra y la de los demás). No escuchamos ni nos escuchamos; no somos conscientes.



En resumen, lo que aquí planteamos es el valor del presente, de lo que hacemos y de lo que decimos. Claro que el pasado hay que solucionarlo, pero sin dejar de pensar que igual no tiene solución (no al menos en el pasado). La solución que tenemos que buscar – si se me permite la expresión - es que el pasado “no dé más por saco”. La solución hay que buscarla desde el presente y para el presente.

En cuanto al futuro, ya llegará. Lo importante es el presente. Lo importante es estar en paz aquí y ahora, en plena consciencia. El futuro realmente es la muerte y para ella nos preparamos en el presente. No es tan grave si se alcanza la paz interior.

Y como no quiero acabar estas líneas de manera tan “trágica” vuelvo a apostar por el presente y el de quienes nos rodean. Sin olvidar nuestros temas (la palabra por ejemplo) puede llegar a ser placentero el ayudar en el presente de quienes nos rodean. Alegrarles un poco, colaborar un mínimo a que su entrono resulte más cómodo, hablarles, entretenerles, sacar una sonrisa, jugar.

Ya volveremos a lo de los abrazos.

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editado por...Wladi Martín @ martes, marzo 24, 2020
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lunes, marzo 23, 2020

El espejo


Como cada día (de momento) escribo un poco; no para sentar cátedra – ojalá fuera tan listo – sino porque me resulta placentero y me entretengo. Hace poco ni siquiera podía dedicarme a estos menesteres, me suponía un gran esfuerzo. Pero he perseverado y ahora se ha vuelto una tarea casi fundamental. Además recibo estímulos (comentarios) importantes, de gente importante para mi, que me animan a seguir con mi faceta de escritor.

Cuando hablas y notas que no te escuchan sientes una frustración proporcional a la alegría de saber que te leen lo que escribes; es una pasada.

En estos días en que tan poquito se puede hacer por los demás, es cuando más se puede hacer. Me explico. Se suele decir que cuando tener buenas intenciones no ayuda es importante, al menos, no molestar. Eso nos lleva a dar ejemplo con nuestra actitud, pero sin mostrársela a nadie (ya serán ellos los que lo vean… si quieren). Dicho de otra manera, ¿has preguntado si el otro necesita tu asistencia? Un poquito de humildad que lo mismo no necesita lo mismo que tú necesitas. No impongas.

Pero no quiero dejar la reflexión sobre que lo poco que podemos hacer, en estos días, es mucho. Sobre todo desde estos valores de no molestar, de tener humildad y respeto… En estos días tan proclives para desarrollar cuestiones propias que de otro modo no desarrollaríamos, es momento de dar ejemplo, si se puede. A falta de otras cosas es importantísimo el alimento moral que nos proporciona la voz de un ser querido aunque sea a través de un aparato de telefonía. Hemos descubierto la importancia de hablar, de escuchar. Hemos descubierto la verdadera importancia de esos aparatitos que hemos dado en llamar “móviles”. Y, una vez más, la acción individual - de los individuos – dentro de una masa -, es brutal. Empezamos a lograr colapsar la Red pese a los 4G, los 5G y los satélites en los que antes confiábamos. ¿Que sería de la energía de esa misma masa aplicándose, por ejemplo, a la protección de la naturaleza, haciendo acopio de amor…?

Ojalá que aprendamos la lección del cosmos, o como carajo lo quiera llamar cada cual. Ojalá seamos sabios por una vez en nuestras vidas, por lo menos que tengamos un poquito de sabiduría para mitigar esa cualidad tan humana de la desmemoria. Esa desmemoria que nos hace tropezar dos (y tres y cuatro…) veces en la misma piedra.

Nada volverá a ser lo mismo… ¿o sí? Seamos también buenos alumnos y que la lección la aprendamos sin reservas, sin soberbias. Nos han dado una lección y de nada vale aquí el famoso “y tú más”. Si volvemos la vista hacia el otro no hemos aprendido nada. Dicen que le preguntaron al maestro: “¿Qué es la ira?” Y él contestó: “Es el castigo que nos damos nosotros mismos por el error de alguien más”. (De nuevo se asoma la teoría del espejo).

La teoría del espejo, es de Jaques Lacan, médico psiquiatra y psicoanalista francés, conocido por los aportes que hizo al psicoanálisis basándose en la experiencia analítica y en la lectura de Freud. La teoría del espejo viene a recordar que la construcción de nuestra identidad personal se produce a través de la captación de uno mismo en otros.

Bien es cierto que el psicólogo francés se refería a una etapa en el desarrollo del ser humano (aparición del yo en el niño) y que se basaba en teorías que ya existían. Aquí nos referimos a esa cualidad de ver en los demás algo propio (bueno o malo; es igual). Nos referimos al porqué uno ve unos programas de información o humor y otros no. También nos referimos a esa incomodidad que nos producen ciertas personas (incluso amigos) cuando vemos en ellos algún defecto (según nuestro criterio). Cuidado que igual no es más que un reflejo de ese espejo y somos nosotros los que en algún lugar (a veces el ego se encarga de ocultarlo, incluso a nuestros ojos) tenemos es posible defecto.

Ahora nos referimos a ese espejo desde el lado en que es uno mismo el que emite imágenes. Es momento de seleccionar lo que emitimos. Si se ha de llorar, no pasa nada por mostrarlo, pero si es para que nos den mimitos a nuestro ego, mejor dar la vuelta a la cara y que nadie lo vea. Cuida tu espejo y cómo decía Pirandelo “así es, si así os parece”.

Ánimos.

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editado por...Wladi Martín @ lunes, marzo 23, 2020
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viernes, diciembre 30, 2016

Vuelve la ilusión del cuaderno nuevo

Vuelve la ilusión del cuaderno nuevo, con las hojas sin mácula. Todo por escribir, por dibujar. La mente se ilusiona con la idea de afilar el lápiz mientras piensa en historias o tareas que apuntar. La sensación del estreno del inminente futuro huele a uva; a doce uvas. Cada una es un deseo. Cada una es una página limpia en la que aparecerán hermosos dibujos que luego -lástima- quedan en garabatos, las más de las veces.



Pero allá vamos de nuevo. El abuelo empieza a pensar más en los demás que en sí mismo. Mucho más que los que habitan la edad de la inmortalidad. Para ellos, cada frase tiene una puerta con un letrero: invariablemente en ese letrero pone: Yo, Mi o Me. ¿Cómo pensar en los demás si son simple atrezo de lo mío?

"Por un mundo sin guerra y baja la puta tele que parece que estamos locos y nadie la hace ni caso".

"Que se acabe el hambre en todo el planeta y tira eso que se ha quedado mohoso".

"Si me toca a mí, lo primero a repartir. Yo eso no lo declaro, no te jode".

"Que trinquen a todos los corruptos. Cada año les digo que me cambio de compañía y me regalan un móvil nuevo para que no me vaya".

¡Tolón, tolón!

"El último que me fumo" Y entonces el recuerdo de cáncer, de la putada del que padece que siempre parece vivir en otro canal hasta que te estalla la tarta en la cara. Ahora es cuándo ves a todo el mundo igual. Lo mismo que la embarazada ve más bebés que nunca y el que ha sufrido una fractura sólo ve escayolas, hasta en la galería de esculturas del Museo del Prado.

Si he de ser oveja, al menos que no sea la lenta a la que coge el lobo. Las uvas me las acabo el primero. Las rebajas no me las pierdo. Las felicitaciones que no se me olvide ni una ("has visto esta tan chula; te partes de risa, mira, mira"). Cojo el coche el mismo día uno y directo a la playa.

Y ya que soy del rebaño a ver qué me pongo para ser diferente. "Me voy a personalizar con un tatuaje". Mejor un piercing en el ombligo, de momento.

Yo el piercing  me lo puse hace tiempo en el cerebro profundo, en la amígdala. A ver si me luce sexy el sistema límbico y dejo de preocuparme también por banalidades como  la rabia o el miedo. Total, ¿"pa" qué?

Quiero ser Ronaldo, aunque lo de cristiano me vaya grande. Quiero la audacia de la ignorancia y la constancia del ególatra. No más dudas. Las dudas para el filósofo. Pienso luego existo. Yo no pienso luego…

Luego, es después, Hommer Simpson (¡Cerveza!)

Pero sí que existo porque dedico mi parte alícuota de humano agilipoyao a las redes sociales. "Me siento feliz con…" "JAJAJA". "XD".

Voy a coger el cuaderno de la ilusión y lo voy a tirar por la ventana. Como dice el chiste: "métase el gato por el culo".


Y hablando de chistes aquí dejo uno genial que resume todo lo que torpemente yo quería decir. ¿Ves como no era tan difícil?


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editado por...Wladi Martín @ viernes, diciembre 30, 2016
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Quedan pocos

Tenía este texto perdido por ahí sin publicar. Por alguna razón sería. Alguna razón que no acierto a recordar así es que me da ahora por compartirlo por si a alguien le gusta y se toma la molestia de leerlo. 

A ver si me calzo el espadín de corto y sacudo a Campanilla. Necesito sus polvos (no seáis malpensados que todos andamos necesitados de polvos mágicos ¿qué otra cosa queda?) Pego un salto y vuelo… me lanzo a descabezar al dragón. Pero es cicatero, mucho más fuerte que yo y tiene varias cabezas. Todas huecas; todas provistas de feroces mandíbulas que hieden y echan fuego. Ese dragón no come; devora. Por donde pasa no vuelve a crecer la hierba. Y yo que me había vuelto vegetariano.

He despertado del letargo a fuerza de coscorrones. He despertado y no reconozco nada a mi alrededor. Siempre estuve orgulloso de esta tierra en la que nací. Ahora no la reconozco. Ahora me avergüenzo de este país. Entre todos los hemos dejado hecho un erial. Está irreconocible. Campo de batalla donde hasta las ratas se ocultan. Sólo el dragón pasea sin saber qué arrasar. Nada queda en pie. La esperanza fue la segunda víctima; la primera fue la verdad. Eso dicen los que saben.

Sólo los nobles podrán entregarse a su última tarea; morir con dignidad. Yo ya he empuñado mi espadín de juguete. Espero no pincharme con él. ¡Qué más da ya! Al menos caer con el arma en la mano. Al menos caer luchando ahora que aún nos quedan fuerzas para mantenernos en pie; para reconocer a los nuestros; a los pocos que quedan.

Ayer estuve en un campeonato de yudo y me entregué a vibrar con las emociones que proporciona. No fui el único. La gente está alterada. Y algunos empiezan a recoger tempestades donde antes sembraron vientos. ¿Qué esperaban?

Hubo un rifirrafe con los de siempre; los que acuden con los primos a todos lados y en bandada. Los que chillan más para tener ‘más’ razón (y nunca la tienen). Yo esperaba entregarme a la pasión pero siempre tuve lejanos los límites, así es que me vi, una vez más, apaciguando ánimos. Al cabo de un rato, un estupendo muchacho al que no conocía más que de vista me saludó efusivo y me dedicó estas hermosas palabras: “quedan pocos como tú”.

Y menos que vamos a quedar –pensé para mis adentros-. Luego me di a eso tan en desuso que me tiene a mí echo unos zorros; a reflexionar. La primera sensación de orgullo se diluyó en un cóctel de tristeza, pudor, timidez y perplejidad. Así es que esta mañana acudí con la resaca de la pócima al Auditorio Nacional. Hacía tanto tiempo que no iba, pese a haber sido asiduo de los conciertos de la Orquesta Nacional. De niño, los de mi barrio se sabían la alineación de su equipo de fútbol favorito. Yo repetía los nombres de los músicos de la Orquesta Nacional por cuerdas o grupos. Los trompas Bruguera y Colmenero, Ortiz el trompeta, Calero el fagot, Arias y Cuesta los flautas, Tudela el oboe… Corvino, Cañete, Víctor Martín, Romo, mis padres, mi tío Francis, Periáñez, entre los violines y así hasta completar más de un centenar de nombres, muchos de ellos de familiares. Cómo pasa el tiempo. Sólo reconocí a Romo y a una tal Julia, alumna de mi padre a cuyos encantos me asomé cuando éramos jóvenes y teníamos todo por delante. Quedan pocos…

Al menos escuché de nuevo la Consagración de la primavera de Stravisnky y a la magnífica soprano Patricia Petibón. ¡Qué gozada! He recargado pilas para toda la semana (espero). Cantó una obra de Nicolás Bacri al que tampoco conocía. De hecho la obra era estreno absoluto. Me pareció una verdadera maravilla, máxime teniendo en cuenta que se trata de un compositor de “sólo” 50 años de edad. Quedan pocos… pero habrá que seguir buscando para conocerlos.



Empezaré la semana restañando heridas y lamiendo cicatrices. Cogeré el espadín y volaré de un salto. Cuando me enfrente al temible dragón empuñaré con fuerza mi arma y comprobaré aterrado que me equivoqué de nuevo. En mi mano no es una espada lo que tengo, es un arco de violín. Es el arco que rompí de niño cuando no quería estudiar música y elegí un camino diferente. Ahora será mi única arma, inútil arma ante el dragón, como también lo sería mi espadín. Qué más da el arma si lo que importa es acabar de una vez; acabar peleando y salvando lo que nos queda: el honor. Nos queda poco y nos queda a pocos.

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editado por...Wladi Martín @ viernes, diciembre 30, 2016
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sábado, agosto 25, 2012

Paseo en bici dedicado a los que me felicitaron el cumpleaños


La mañana estaba fresquita. O era más temprano que otros días. No sé. No miré el reloj. Hace años que no llevo el dichoso aparatito en la muñeca.

Yo tenía más fresquito que otros días atrás. Eché un vistazo por la terraza y no vi actividad. Para ser sábado, demasiada calma. Igual era más temprano que otras mañanas. Pero hacía más fresco, eso sí.

Preparé café, leí el correo electrónico y di una vuelta por las redes sociales. Me acordé de la sabia frase de Confucio: Exige mucho de ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos.

No estaba la cosa para disgustos, con el fresquito que hacía y yo con los 53 tacos recién estrenados. Me cogí la taza de café humeante y me fui al cuarto de baño; el libro en el sobaco.

Veinte minutos dan para mucho. Vacié mis intestinos y leí unas 15 páginas de El topo. Otra maravilla de David John Moore Cornwell al que todos conocemos como John Le Carré. Acto seguido me enfundé en el disfraz de ciclista pero sin demasiadas concesiones. No uso casco ni maillot. Una simple camiseta sin mangas y un culote de rebajas (sin acolchamiento). Uno no va a dejar de ser yudoca porque monte en bici; digo yo.

Sin pensarlo mucho emprendí mi habitual ruta atravesando el parque de la colina; el que tiene en lo alto dos cosas simulando largos cuellos de cines en forma de corazón. De ahí pasé bajo el puente tercermundista con el que se libra la vía del Cercanías. Es como pasar bajo la historia negra del postfranquismo; toda una experiencia. Enseguida, pedaleé subiendo la suave inclinación del otro parque; paralelo al ferrocarril. Al llegar al Hospital observé asombrado que había tardado un par de minutos menos que otras veces. No tenía ni idea de por qué. No sentía haber apretado más. Ni mucho menos.

Tras rebasar el Hospital accedí al camino que va sobre el Henares.

Me encontraba estupendamente así es que apliqué fuerza al acto de pedalear. De manera que llegué enseguida al Parque Europa y decidí bajar por el camino de tierra en lugar de por la carretera.

Entrada a Parque Europa

Al llegar a la glorieta no vi a la puta fea y gorda que estos días atrás buscaba clientes contoneándose como una hembra en celo. Igual era más temprano. Yo ya no sentía tanto fresquito. De hecho iba sudando.

Subí la lomita del barrio del Castillo y decidí dar la vuelta completa al diminuto asentamiento para recorrer un kilómetro más.

Al completar el giro accedí al camino por el que uno empieza a adentrarse en el Parque Regional del Sudeste. Dejé a mi lado izquierdo el Castillo –en realidad palacete- de Aldovea, que da nombre al barrio. Bajé gustoso hasta la tapia de las instalaciones de CLH y crucé la carreterita que acaba en los huertos de ocio. Al avistar la M-50 torcí por el camino que lleva a las Islillas de Mejorada del campo. Ya he dicho que llevaba el objetivo de hacer kilómetros. Me había fijado el propósito de recorrer 40 y necesitaba, por tanto, alargar el recorrido.

Desde Las Islillas continué hasta los paseos de San Fernando de Henares. Pasé el puentecillo de hierro sobre el Jarama y di toda la vuelta completa por la depuradora de aguas y los paseos de acceso a los huertos de la vega. Al volver al puente de hierro me encontré guardando turno para poder pasar la bicicleta por el estrecho pasadizo que se ha habilitado para impedir que se cuelen motocicletas. Volví a pensar en que igual no era tan temprano. Además, no hacía fresquito. Mi camiseta ya estaba empapada en sudor. Menos mal que la mayor parte del recorrido que había escogido transcurre entre árboles frondosos.

Puente sobre el Jarama llegando a San Fernando

Conseguí apresurar mi ritmo de pedaleo para rebasar a los dos grupos de ciclistas que habían demorado el paso por el puente. Ya estaba de vuelta a casa.

Al bajar la cuesta del barrio del Castillo apreté para ganar velocidad. Conseguí, como de costumbre, pasar de 40 Km/h. De manera que tuve que frenar un poco al llegar a la glorieta. Seguía sin estar la meretriz.

Tras rebasar la glorieta de la carretera de Loeches decidí ir –esta vez sí- por la carretera. Fue una sabia decisión porque las piernas empezaban a rezongar. Malditas perezosas. A pesar de todo, al coronoar, todavía subí un poco más hasta el estacionamiento del cementerio. Me gusta mucho pasar por los cementerios para recordar que sigo vivo.

Fue entonces cuando se me ocurrió un frase que anoto aquí ahora: “Hoy estoy dispuesto para morir. Hoy, por tanto, estoy dispuesto para vivir”.

Así es que volví a darle cera a la máquina que tenía entre las piernas. Enseguida se deslizó a más de 26 Km/h. Me pareció estupendo. Pocas semanas atrás, por ese mismo lugar me costaba llegar a los 20.

Cuando salí de la carretera para retomar el camino sobre el Henares vi a dos potrillos con su mamá yegua. Me gustó mucho la escena y pensé que aquellos caballos iban a pasar todo el día a pleno sol en medio del paraje amarillo de cereal tostado por el astro rey.

Como estos pensamientos son fugaces subido en una bicicleta me apliqué a lo que estaba; a pedalear. Le den por culo a los caballos, debí pensar. No me acuerdo.

Sin enterarme llegué al Hospital y decidí bajar por el parque para beber algo de agua de la fuente. No estaba muy fresquita que digamos. Igual no era temprano.

Desde allí me alejé un poco de la ruta para pasar por la avenida del barrio que han dado en llamar Mancha Amarilla, uno de los últimos en crearse en Torrejón de Ardoz. En realidad, la zona siempre se llamó Soto del Espinillo por la información que yo mismo he podido recabar.

Me gusta bajar embalado por esa calle llena de terrazas y comercios. Por las tardes están muy ambientados. En esta ocasión había poca gente. Igual era temprano. Yo iba fresquito gracias a la velocidad que llevaba con la brisa secando mi sudor pegado a la piel.

Al acabar la cuesta, como siempre, me metí sin frenar en el cruce. Me encanta esa pequeña y temeraria concesión a mi perpetua inmadurez. Un día lo pagaré caro. Estoy seguro.

Vuelta a pasar por el tunelito anacrónico en el que tampoco suelo aflojar y siempre pienso en al posibilidad de atropellar a alguien. Un día –ese alguien- lo pagará caro. Estoy seguro.



Atravieso la avenida de la Constitución y me dirijo hacia el parque de la colina. Ahí sigue con los dos cisnes rojos, o lo que sean, en lo alto.

Cruzo la carretera de la Base y me meto en la avenida de Madrid. Ya sólo queda un kilómetro para llegar a casa y no voy a llegar a los 40 que había decidido recorrer. Cachis…

Giro vehementemente por el borde del parque de Veredillas y le doy toda la vuelta. Ya lo tengo. Al enfilar hacia casa el marcador señala que me faltan sólo 200 metros para la cuarentena de kilómetros que había decidido recorrer. ¡Qué gilipollez! Menos mal que no me había dado por recorrer 100. Tanta inmadurez no queda por ahí.

Ya estoy en casa escribiendo mi relato del paseo en bicicleta y sigo sin saber si hacía fresquito o era más temprano. Mañana lo intento aclarar. Lo prometo.







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editado por...Wladi Martín @ sábado, agosto 25, 2012
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sábado, julio 07, 2012

Esfuerzo y diversión a partes iguales



Hice una propuesta al grupo de alumnos mayores (los de más edad; no los viejos, que mayor sigue siendo adverbio y no sustantivo). Chicos de 13 o 14 años de edad y una sola muchacha nacida en Bulgaria, que lleva ocho años viviendo en España. Sólo una chica entre una docena de varones.

Propuse mezclar a dosis iguales esfuerzo y diversión. Y recordé que sólo el esfuerzo puede hacer penoso el proyecto. Y que sólo la diversión puede difuminar el objetivo y camuflarlo.

Parece que funcionó… el primer día.

Los jóvenes escuchan si se les habla directamente y del modo adecuado (nunca chillando, eso les inmuniza, notan que suena la alarma que les atrinchera en su sordera). Cuanto más viejo me voy haciendo más hablo con mis alumnos. Y me oyen. Algunos incluso me escuchan.

¡Ay si fuera yo la voz de la sabiduría! Sólo puedo aportar algo de experiencia; la mía.

En estos días de julio caluroso (como los cien julios que precedieron a éste) andamos con un campamento multideporte en Parla. Está bien concebido de manera que se le da la oportunidad al alumnado de practicar en cursillos de tres días seguidos seis bloques deportivos diferentes. Siempre de 9.30 a 11.30; durante dos horas seguidas ¡nada menos! Luego, tras el almuerzo, tienen curso de natación de 12.00 a 13.00 y a continuación baño libre… Hasta las dos que se van a sus respectivos domicilios (o a donde se les ponga en los cascarones)

Los bloques por los que rotan los 150 niños participantes en este campamento, organizados en grupos de 25 cada uno, son: Fútbol (que no nos falte nunca el fútbol), Atletismo, Juegos Populares, Yudo, Danza y Deportes de Sala.

La oportunidad de promocionar un deporte tan poco atractivo para los Mass Media como el yudo, de una forma tan directa y contundente, es una maravilla. De hecho, tras la primera semana de trabajo los resultados están siendo muy positivos… ¡todavía no se ha matado ningún niño!

Ironías aparte, el trabajo profesional está siendo de altísima calidad llegando a captar en muchas ocasiones el interés de los muchachos. No obstante, rezuma en muchos de ellos un estado de apatía característico del chaval que sabe que está donde está, haciendo lo que sea, con tal de no estar en su casa porque sus padres no pueden atenderle. Este sí es un mal de los tiempos que corren y, por más que en los tiempos de Sócrates ya fueran los jóvenes también díscolos y poco respetuosos, es en nuestra sociedad moderna en la que se sienten desplazados contra su voluntad a lugares que no siempre eligen de motu proprio y por decisiones en las que, además de no intervenir, no están en absoluto de acuerdo. El viaje a ninguna parte –o tránsito contínuo- de los niños de padres trabajadores, se podría decir. Y muchas veces ni siquiera es que sus padres anden tan atareados y tampoco es que no puedan atender a sus retoños; es que no quieren. Y viendo cómo son, a mí no me extraña. Pero es que, cómo son, es precisamente un fiel reflejo de cómo son educados y eso incluye cómo se les trata y a dónde se les manda cuando llegan las vacaciones con tal de no atenderles (o precisamente por no poderles atender).

La sociedad moderna está montada tipo trampa. Una vez sales de eso de la adolescencia aspira el ser humano a independizarse y es cuando más depende si bien sea de un modo más sibilino o inconsciente. Si hasta la adolescencia el ser humano depende de la madre protectora y del padre provisor lo hace a pleno pulmón; con todas las consecuencias. Una vez madura ese ser humano (si es que madurar es la palabra correcta) se pasa a un estado de libertad condicionada que confunde y origina multitud de depresiones. Se pasa a depender de un trabajo, de un jefe, de una empresa, de un coche o medio de comunicación para ir a trabajar o a buscar la fuente de ingresos. Y todo eso cuando la ecuación se puede simplificar así, pues hoy son legión los que pululan sin fuente de ingreso fija, sin dirección pues, de un lado a otro intentando dar visos de normalidad a su existencia; dejando los días pasar a ver si vienen tiempos mejores. ¡Un panorama!

Como yo no tengo soluciones y tampoco he planteado aquí el asunto de una manera demasiado científica voy a volver al comienzo de mi reflexión. Sabido es que este WLADIARIO no pasa de ser un vomitorio de las ideas y reflexiones de este periodista en paro y abnegado profesor de yudo que suscribe. Si a alguien en algún momento le aporta algo positivo ya es todo un inesperado honor.

El primer día del cursillo de los muchachos de 13 y 14 años de edad les propuse ese cóctel de Esfuerzo y diversión; ¿recuerdan? Ahora voy a hablarles de él y de cómo me meto yo lingotazos de dicha bebida inventada que además no se puede beber. Pero a mí me va funcionando.

Se me ocurre que el equilibrio entre esfuerzo y diversión es la receta de lo poco que he ido consiguiendo en esta efímera vida (y no es mucho). Pero no hablo de lo material ahora sino de tener un cierto estilo a la hora de gastar eso que llamamos vida y de no perecer al intentarlo.

Si traducimos esfuerzo por sacrificio y diversión por humor, creo que podríamos obrar algún cambio que a la larga podría ser interesante, cuando no importante. El sacrificio sería el de las generaciones de personas que tenemos (por edad) que pagar las consecuencias de la que hemos liado. El humor sería el de afrontarlo sin pesar, sin hacernos un cáncer o volvernos majaras. ¿Podría esa ser una solución? Afrontar que tenemos que preparar a nuestros jóvenes para una sociedad mejor; la que ellos conseguirán crear. A cambio de afrontar, con sentido del humor, que a nosotros nos ha tocado esa tarea y no otra.

Ahora que se recorta el gasto social en Educación -¡qué disparate!- hay que recurrir al sentido del humor y a la imaginación (su prima hermana).

El autor con las medallas que él mismo ha confeccionado para premiar al alumno más aplicado de cada grupo del campamento mutideporte de la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Parla

Hay menos medios, pero se pueden suplir o, al menos, paliar, con grandes dosis de imaginación. Algo así estamos tratando de hacer, precisamente en este campamento multideporte de Parla. Y ¡ojo! que algunas cosas sí que se tienen. ¡Menudas piscinas tienen a su disposición los chavales que participan en este campamento! También un fenomenal equipo de técnicos y monitores deportivos que están a diario dando lo mejor de sí mismos; y me incluyo sin falsa modestia.

¿Por qué no les damos una lección a nuestros gobernantes educando a sus propios hijos para que sean menos cicateros y mediocres que sus padres? ¿No saldríamos ganando todos?

Esperemos que antes de morir de hambre, los maestros de este país hayan alimentado el corazón de los jóvenes para que sean libres, inteligentes y sanos. Y sean capaces de enmendar los errores de sus mayores, cuando les llegue el momento de elegir entre hacerlo o caer en errores similares. ¡Que así sea!

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editado por...Wladi Martín @ sábado, julio 07, 2012
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lunes, noviembre 07, 2011

El cupón de la ONCE y la Operación 20N

En la fábula de Steinbeck “La perla” a una familia de humildísimos campesinos les asalta, en un mismo día, la suerte; la buena y la mala. Los dioses y trasgos de la fortuna se fijan en la familia de Kino, Juana y su hijo Coyotito. Primero le toca a la pobre criatura, que se lleva la peligrosa picadura del escorpión. Luego le toca al padre que saca del fondo del mar la que llaman perla del mundo por su tamaño y belleza. Y a partir de ese momento, pese a los sueños y proyectos de la indigente familia, el mundo se les vuelve hostil y la desgracia se les cose a los talones.

Hablando de fortuna y de suertes (mala o buena) recuerdo aún el día, ya lejano, en que firmé como técnico deportivo de la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Parla. Pensé que sin duda se trataba de un golpe de fortuna. Sentí algo parecido a si me hubiera tocado la lotería. De aquello hace ya muchos años porque el tiempo corre que se las pela. Pero el sentimiento de buenaventura me acompañó muchos años también. Pensaba que además de sentirme bien remunerado había caído en un lugar en el que se apreciaba mi trabajo y se reconocían mis esfuerzos (que no han sido pocos… ¡jamás regatee en eso!) Albergaba grandes esperanzas de levantar el maltrecho panorama de la escuela de yudo y lo hice. Pasamos de dos docenas de alumnos a más de 100. Ansiaba contribuir a mejorar el panorama del yudo parleño y lo hice. Parla existe en la Federación Madrileña de Yudo y en el ámbito del sur de la Comunidad Autónoma y yo contribuí con entrenamientos conjuntos, con la Liga de Parla, con las Mañanas del YU…

Pero llegó un nubarrón. Un rumor empezó a sombrear el colorido horizonte haciendo gris lo que antes vibraba en policromía. Se empezó a hablar de privatización. Luego, desde estamentos oficiales se corregía. No, por Dios, nada de privatización; se trata de externalización. Pacatos de mierda que no leen ni el periódico (el MARCA si acaso) y te quieren dar lecciones lingüísticas.

El nubarrón resultó ser la avanzadilla de borrascas y más borrascas que ahora nos traen tormentas y huracanes. Y algunos ni el paraguas hemos cogido entretenidos en soñar con hacer campeones, con formar hombres y mujeres sanos, fuertes y libres, con asentar el grupo y consolidar el proyecto deportivo…

Hace pocos días fui a comprobar un cupón de la ONCE. Juego a veces a eso que algunos seguimos llamando ‘los ciegos’… ¡qué poca corrección política! Cierto es que cada vez juego menos de harto que estoy de comprobar desolado que el cupón ha caducado. Se ve que no tengo vocación de millonario. Pues bien, decía que hace poco al ir a comprobar uno de esos cupones atrasados reparé en que tenía la terminación… los dos últimos números. Mi mente no estaba preparada para leer más números hacia atrás y debió conformarse con esa coincidencia de dos dígitos. Fue mi compañera la que dijo: pero si tienes cuatro números. Sólo el primero era diferente. En lugar de un 3 yo tenía un 2; todo lo demás coincidía. Fui a ver qué premio me correspondía y comprobé que se trataba de 200 euros. Toda una alegría. Pero, entonces, con una rapidez endiablada sucedió en mí una reacción tan humana como absurda. A los pocos segundos de haber comprobado con cierto alborozo que tenía 200 euros donde antes sólo tenía un papelito, empecé a manifestar un cabreo monumental. ¡Puto 3 de mierda…! Por el maldito numerito no tenía 35.000 euros que eso sí es un buen bocado. Mi frustración alcanzaba la cota de la ira y sentía que había fallado vilmente después de haber estado en el punto cercano al pleno acierto. Me sentía tan culpable como derrotado. Y sólo en cuestión de segundos. ¡Cosas de los dioses!
En la historia que antes relataba de mi llegada a la localidad de Parla como técnico deportivo de yudo desde luego no ha habido una reacción tan meteórica. Quizás esté en un punto de frustración similar al arriba descrito y quizás también por la certeza de haber estado muy próximo al pleno acierto y haber quedado con un premio de consolación. Pero sin duda en esta historia mía como profesor de yudo parleño hay poco margen para cabrearse con los dioses y mucho con los endiosados.

Cuando escribo estas líneas en esta otoñal mañana de lunes 7 de noviembre sigo sin haber cobrado mi salario de octubre. Y como yo el resto del personal del Ayuntamiento de Parla. Me dicen que es ilegal… yo de eso entiendo poco. Pero sí que comprendo que es cruel, humillante y desvergonzado… De eso sí que entiendo. Cobraremos –los que aún quedamos, que vamos siendo menos con tanto despido- en tres cómodos plazos. Primero (todavía no sé cuándo) el sueldo; luego la productividad y, más adelante, el no se qué, que no se nos abonó el mes pasado. En resumidas cuentas, que cobraré en tres veces los casi 850 € que percibo por mi media jornada (17 horas y media a la semana). Salgo a unos 12 €/hora sin contar excursiones, campeonatos, cursillos, entrenamientos extra… se me ocurrió echar la cuenta hace poco.

Comienza su obra (“La perla”) el Nobel Steinbeck diciendo: “Como la historia se ha relatado tantas veces, ha echado raíces en la memoria de todos. En ella, como en todos los relatos eternos que viven en los corazones del pueblo, sólo hay cosas buenas y malas, blancas y negras, santas y perversas, sin que se hallen jamás medias tintas”. Y dentro de poco nos proponen votar o gris o sombra, o media tinta o medio en broma, o derecha o más derecha, o mentiroso o trapacero, o babas y todos los que meta con él o babas y todos los que deje con él.

Ya está bien. Tenemos ocasión de decir, como en los relatos eternos que viven en los corazones del pueblo, que sabemos distinguir entre cosas buenas y cosas malas (y no quedarnos con las menos malas), entre blancos y negros (y no quedarnos con los grises por si acaso llegan los blancos o los negros)… Que ya está bien de tanto gris y sobre todo, de tanto endiosado que decide por ti sin contar contigo más que cada cuatro años para intentar seguir perpetuando su viciado círculo morboso. Hay alternativas; hay grupos que empiezan a utilizar Internet como herramienta para seguir pegados a su electorado, para andar cosidos a lo que piensa la masa que les ha elegido y representarla. Y esto tan sencillo es lo que evitan a toda costa los grandes partidos que recientemente han blindado su perpetuación en el poder. Hay medios pero no interesan. Hazlos saltar por los aires. Actualmente hay demasiado culo para tan poco asiento y se nota la feroz lucha por el seguir viviendo a costa del otro, sin dar un palo al agua, sin hacer un trabajo efectivo por quienes les han votado. Con sólo movilizar al 33 por ciento del electorado indeciso, que no vota o que vota en blanco (craso error) íbamos a ver a más de uno de estos chupópteros cogiéndose un libro para preparar una oposición ¿no te haría ilusión? Hay excelsos nombres de criaturas políticas que jamás se apuntaron al INEM y a duras penas completaron estudios básicos o BUP si se me apura. ¿No te haría ilusión verlos en la cola del paro?

Y hablando de ilusiones… Como explicaba más arriba, nos queda la ilusión del cupón de la ONCE. Seguir jugando a ver si toca. Y, luego, si acertamos todos los números menos el primero… a cabrearnos de lo cerca que estuvimos del premio gordo y a contentarnos con el de consolación… ¡podía haber sido peor!



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editado por...Wladi Martín @ lunes, noviembre 07, 2011
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