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sábado, julio 07, 2012

Esfuerzo y diversión a partes iguales



Hice una propuesta al grupo de alumnos mayores (los de más edad; no los viejos, que mayor sigue siendo adverbio y no sustantivo). Chicos de 13 o 14 años de edad y una sola muchacha nacida en Bulgaria, que lleva ocho años viviendo en España. Sólo una chica entre una docena de varones.

Propuse mezclar a dosis iguales esfuerzo y diversión. Y recordé que sólo el esfuerzo puede hacer penoso el proyecto. Y que sólo la diversión puede difuminar el objetivo y camuflarlo.

Parece que funcionó… el primer día.

Los jóvenes escuchan si se les habla directamente y del modo adecuado (nunca chillando, eso les inmuniza, notan que suena la alarma que les atrinchera en su sordera). Cuanto más viejo me voy haciendo más hablo con mis alumnos. Y me oyen. Algunos incluso me escuchan.

¡Ay si fuera yo la voz de la sabiduría! Sólo puedo aportar algo de experiencia; la mía.

En estos días de julio caluroso (como los cien julios que precedieron a éste) andamos con un campamento multideporte en Parla. Está bien concebido de manera que se le da la oportunidad al alumnado de practicar en cursillos de tres días seguidos seis bloques deportivos diferentes. Siempre de 9.30 a 11.30; durante dos horas seguidas ¡nada menos! Luego, tras el almuerzo, tienen curso de natación de 12.00 a 13.00 y a continuación baño libre… Hasta las dos que se van a sus respectivos domicilios (o a donde se les ponga en los cascarones)

Los bloques por los que rotan los 150 niños participantes en este campamento, organizados en grupos de 25 cada uno, son: Fútbol (que no nos falte nunca el fútbol), Atletismo, Juegos Populares, Yudo, Danza y Deportes de Sala.

La oportunidad de promocionar un deporte tan poco atractivo para los Mass Media como el yudo, de una forma tan directa y contundente, es una maravilla. De hecho, tras la primera semana de trabajo los resultados están siendo muy positivos… ¡todavía no se ha matado ningún niño!

Ironías aparte, el trabajo profesional está siendo de altísima calidad llegando a captar en muchas ocasiones el interés de los muchachos. No obstante, rezuma en muchos de ellos un estado de apatía característico del chaval que sabe que está donde está, haciendo lo que sea, con tal de no estar en su casa porque sus padres no pueden atenderle. Este sí es un mal de los tiempos que corren y, por más que en los tiempos de Sócrates ya fueran los jóvenes también díscolos y poco respetuosos, es en nuestra sociedad moderna en la que se sienten desplazados contra su voluntad a lugares que no siempre eligen de motu proprio y por decisiones en las que, además de no intervenir, no están en absoluto de acuerdo. El viaje a ninguna parte –o tránsito contínuo- de los niños de padres trabajadores, se podría decir. Y muchas veces ni siquiera es que sus padres anden tan atareados y tampoco es que no puedan atender a sus retoños; es que no quieren. Y viendo cómo son, a mí no me extraña. Pero es que, cómo son, es precisamente un fiel reflejo de cómo son educados y eso incluye cómo se les trata y a dónde se les manda cuando llegan las vacaciones con tal de no atenderles (o precisamente por no poderles atender).

La sociedad moderna está montada tipo trampa. Una vez sales de eso de la adolescencia aspira el ser humano a independizarse y es cuando más depende si bien sea de un modo más sibilino o inconsciente. Si hasta la adolescencia el ser humano depende de la madre protectora y del padre provisor lo hace a pleno pulmón; con todas las consecuencias. Una vez madura ese ser humano (si es que madurar es la palabra correcta) se pasa a un estado de libertad condicionada que confunde y origina multitud de depresiones. Se pasa a depender de un trabajo, de un jefe, de una empresa, de un coche o medio de comunicación para ir a trabajar o a buscar la fuente de ingresos. Y todo eso cuando la ecuación se puede simplificar así, pues hoy son legión los que pululan sin fuente de ingreso fija, sin dirección pues, de un lado a otro intentando dar visos de normalidad a su existencia; dejando los días pasar a ver si vienen tiempos mejores. ¡Un panorama!

Como yo no tengo soluciones y tampoco he planteado aquí el asunto de una manera demasiado científica voy a volver al comienzo de mi reflexión. Sabido es que este WLADIARIO no pasa de ser un vomitorio de las ideas y reflexiones de este periodista en paro y abnegado profesor de yudo que suscribe. Si a alguien en algún momento le aporta algo positivo ya es todo un inesperado honor.

El primer día del cursillo de los muchachos de 13 y 14 años de edad les propuse ese cóctel de Esfuerzo y diversión; ¿recuerdan? Ahora voy a hablarles de él y de cómo me meto yo lingotazos de dicha bebida inventada que además no se puede beber. Pero a mí me va funcionando.

Se me ocurre que el equilibrio entre esfuerzo y diversión es la receta de lo poco que he ido consiguiendo en esta efímera vida (y no es mucho). Pero no hablo de lo material ahora sino de tener un cierto estilo a la hora de gastar eso que llamamos vida y de no perecer al intentarlo.

Si traducimos esfuerzo por sacrificio y diversión por humor, creo que podríamos obrar algún cambio que a la larga podría ser interesante, cuando no importante. El sacrificio sería el de las generaciones de personas que tenemos (por edad) que pagar las consecuencias de la que hemos liado. El humor sería el de afrontarlo sin pesar, sin hacernos un cáncer o volvernos majaras. ¿Podría esa ser una solución? Afrontar que tenemos que preparar a nuestros jóvenes para una sociedad mejor; la que ellos conseguirán crear. A cambio de afrontar, con sentido del humor, que a nosotros nos ha tocado esa tarea y no otra.

Ahora que se recorta el gasto social en Educación -¡qué disparate!- hay que recurrir al sentido del humor y a la imaginación (su prima hermana).

El autor con las medallas que él mismo ha confeccionado para premiar al alumno más aplicado de cada grupo del campamento mutideporte de la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Parla

Hay menos medios, pero se pueden suplir o, al menos, paliar, con grandes dosis de imaginación. Algo así estamos tratando de hacer, precisamente en este campamento multideporte de Parla. Y ¡ojo! que algunas cosas sí que se tienen. ¡Menudas piscinas tienen a su disposición los chavales que participan en este campamento! También un fenomenal equipo de técnicos y monitores deportivos que están a diario dando lo mejor de sí mismos; y me incluyo sin falsa modestia.

¿Por qué no les damos una lección a nuestros gobernantes educando a sus propios hijos para que sean menos cicateros y mediocres que sus padres? ¿No saldríamos ganando todos?

Esperemos que antes de morir de hambre, los maestros de este país hayan alimentado el corazón de los jóvenes para que sean libres, inteligentes y sanos. Y sean capaces de enmendar los errores de sus mayores, cuando les llegue el momento de elegir entre hacerlo o caer en errores similares. ¡Que así sea!

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editado por...Wladimiro Martín @ sábado, julio 07, 2012