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Las cosas de W&CC así como de ALMAYARA.

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domingo, febrero 08, 2026

"Por amor al arte. Seis generaciones de artistas"

Presentación del libro de Thais Martín de la Guerra en el Palacio Bauer



El viernes 6 de febrero de 2026 tuvo lugar un acontecimiento de esos que no se olvidan. Mi hermana Thais Martín de la Guerra presentó su libro Por amor al arte en un acto espectacular; lleno de arte, como no podía ser de otra manera. Para empezar hay que destacar el marco en que se produjo. Sólo visitar el precioso teatro de la Escuela Superior de Canto (Palacio Bauer) en la calle San Bernardo de Madrid, ya merece la pena. No en vano está declarado Bien de Interés Cultural.





Pero es que, además, el acto estuvo salpimentado con números musicales de gran valor. La soprano Eva Marco y el tenor Andrés Lara, acompañados de la pianista Cristina Presmanes elevaron la calidad del evento. También destacaron los meritorios miembros de la Rondalla Lírica de Madrid, que arrancaron al numeroso público a cantar pasajes de sobra conocidos. Hasta la hija de la autora, Dalila Garmendia Martín se prestó a interpretar una pieza al piano y poco después tuvo unas emotivas palabras hacia su madre. De este modo, se puede decir que hubo momentos de deleite sublime, de sonrisas y de emoción; hasta alguna lagrimita se escapó por ahí.



En lo que fue la presentación del libro, propiamente dicho, intervino como moderadora la polifacética Cristina Presmanes, antes citada. Junto a la autora del libro, Thais Martín, se encontraba su primo, Antonio Calero Westermeier, que habló de la rama familiar de los Westermeier y De la Paz. Otra cosa es la rama De la Guerra, que aunque suene a guasa, se acabaron encontrando, demostrando, como recordó la autora, que la realidad, a veces, supera la ficción. A los curiosos sólo me queda animarles a hacerse con el libro. Seguro que lo disfrutan.




Al final del entretenido acto, mientras la autora firmaba ejemplares de Por amor al arte. Seis generaciones de artistas, se ofreció un vino español en el que la mayoría de los asistentes coincidieron charlando animadamente de cientos de anécdotas surgidas al albor de lo recién referido en el teatro. No en vano coincidieron compañeros de profesión de la autora, del colaborador -ambos músicos- y hasta de las orquestas y centros en los que desarrollaron su vida laboral los padres de Thais y Antonio.





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editado por...Wladi Martín @ domingo, febrero 08, 2026
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domingo, enero 18, 2026

A propósito de Allen ¿Qué pasa con Baum?

Hoy que he terminado de leer el último libro de Woody Allen, me surgen algunas reflexiones y recuerdos.



El nonagenario genio neoyorquino ha sorprendido escribiendo a su avanzada edad su primera novela. En ella destila su peculiar humor, fino y cínico a partes iguales, basándose en un protagonista que inevitablemente nos recuerda a él mismo.


Yo vivía, hace muchos años, en Caño Roto, cerca del Canódromo de Carabanchel. Mi colegio estaba en la callejuela Bocarrana; fantástico nombre que se acabó perdiendo. También está en desuso el de poblado de Caño Roto, que ha devenido en barrio de Los Cármenes. (¿Dónde va a parar?).


Muy cerca del colegio, en la misma calle del canódromo, pero más arriba, hacia Carabanchel Alto, había dos salas de cine pegadas la una a la otra. Eran los cines Canadá y Kursal. Este último también tenía discoteca adyacente.


Daban, en sesión continua, dos películas. A mi siempre me ha gustado mucho el cine. A pesar de no encontrar compañía una tarde me decidí a pasar a una de las dos salas -no recuerdo cuál- a pesar de que las carteleras no me parecían sugestivas. Proyectaban, una detrás de la otra, “Trafic” de Jaques Tati y “Toma el dinero y corre de Woody Allen”. A ninguno de los dos genios se les podía considerar por entonces conocidos, ni mucho menos. Del cineasta francés ya hablaremos. Ahora nos ocupa Woody Allen.


Ambas películas me conquistaron. Quedé impresionado y comencé a seguir a ambos llegándome a declarar fan incondicional del judío neoyorquino. Por entonces, ya digo, nadie le conocía y mucho menos en mi entorno. Era la década de los 70. Todavía había un único noticiario y todas las cadenas de radio y las dos únicas que había de televisión, estaban obligadas a emitirlo. Otros tiempos.


Mi pasión por Woody Allen fue tal que llegaron a llamarme Woody, en lugar de Wladi. En aquella época el norteamericano aún no había sido galardonado con un óscar al mejor director por “Annie Hall”; cinta que también se llevó la estatuilla como mejor película (1977).


Por cierto que Woody Allen no recogió el galardón. Estaba tocando el clarinete en un club de jazz. No iba a dejar tirados a sus amigos. Esa fue su excusa para no acudir a tan rimbombante acto.


Y llegados a este punto recuerdo una estupenda anécdota que narra como conseguí el autógrafo del singular actor y director.


Debían estar próxima la década de los 80. Un amigo me llamó explicándome que una compañera de trabajo iba a ir de viaje a Nueva York y quería visitar el club dónde sabía tocaba regularmente el clarinete el señor Allen. Tenía pasión por el ya por entonces famoso cineasta, pero no encontraba forma de averiguar dónde verle.


Mi amigo Mario le explicó que tenía a la persona indicada para averiguarlo.


- Si quién yo pienso no te lo sabe decir, es difícil que encuentres alguien en España que lo sepa.


Se refería a mi.


Recuerdo que por entonces, no funcionaba Internet. Ni siquiera había ordenadores personales en los domicilios del común de los mortales. Tampoco teléfonos móviles.


Yo tenía un fantástico archivo con cientos y cientos de recortes de prensa. Guardaba todo lo que aparecía publicado sobre Allen o su obra o su entorno. Incluso era suministrado por mis amigos. Me entregaban regularmente artículos, fotos y otras publicaciones del tema.


Así es que le pedí a Mario un par de días pues no estaba seguro de tener el dato, pero quería repasar a fondo mi archivo.


Efectivamente, dentro del plazo que pedí facilité el dato requerido.


- Di a tu amiga que toca los martes en el Michael´s Pub.


No sólo eso. Le di la dirección, le proporcioné los horarios de las actuaciones. Hasta facilité el teléfono del club para poder hacer reserva; cosa muy recomendable.


La muchacha no se lo podía creer. Fue a escuchar al polifacético artista y tuvo el detalle de pedir su autógrafo para mi, en señal de agradecimiento. A su vuelta me fue entregado. Lo he guardado muchos años como un auténtico trofeo.


Volviendo a la novela “Qué pasa con Baum” y sin entrar en valorar técnicamente la obra -cosa que no me considero capacitado para hacer- diré que será del agrado de los seguidores de Allen y muy del desagrado de sus detractores – que también los tiene-.


Una de las muchas películas de Woody Allen se titula “Sombras y niebla”. También las hay en su dilatada vida. Pero, en todo caso, es curioso que tan aparentemente frágil personaje haya sido capaz de levantar grandes pasiones y, casi en la misma proporción, grandes y furibundas aversiones. En muy poquitos casos deja indiferente. Por algo será.

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editado por...Wladi Martín @ domingo, enero 18, 2026
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domingo, diciembre 28, 2025

El muro de hormigón


En su alegoría de la caverna, Platón nos habla de la condición humana; sobre todo en lo relativo a las creencias y la importancia de la mente. Lo hace de manera genial.


Narra cómo un grupo de hombres y mujeres no pueden salir de la cueva en la que viven. Pero ven sombras en una pared. Las provocan objetos y seres que viven en el exterior. Creen en las sombras proyectadas como si fueran la propia realidad.


Alguien de ese clan o tribu consigue escapar de las tinieblas y salir de la sima. Deslumbrado en un principio, pronto acierta a comprender que lo que ve no es lo mismo que lo que veía dentro de la gruta. Lo que veía en su morada y tomaba por realidad era producido por algo muy distinto y que ahora había descubierto. Al volver narra su experiencia y es acusado de loco.


- ¡Venir a cuestionar lo establecido desde hace años y años!


Hoy me he leído un cuento que me ha evocado esta alegoría del filósofo griego. Pero varía un poco.


Vamos con “el muro
de hormigón” a ver si es de tu gusto, querido lector.


Antonio va al médico y se le descubre una enfermedad grave, pero que con reposo absoluto y el debido tratamiento podría llegar a remitir. Hay que actuar con diligencia por lo que es internado inmediatamente en un hospital especializado en ese tipo de casos.


Se le asigna una habitación que ya tiene un inquilino. Lleva allí varias semanas con un percance similar al de Antonio. Se llama Miguel y tiene buen carácter. No tardan en hacer amistad y pasar largos ratos charlando.


Miguel tiene su cama junto a una amplia ventana por la que entra luz a raudales. El recién llegado, Antonio, en cambio, no tiene la suerte de ver el exterior. La ventana sólo le consuela por la luz que deja pasar a la habitación.


Un día en que Antonio se encuentra particularmente aburrido le pregunta a su compañero Miguel si hace buen tiempo. Éste le contesta que sí, que tanto es así que la familia que vive en frente ha salido al jardín y que los dos niños juegan con una pelota mientras los padres arreglan las plantas y las flores de su pequeño parque. Ya ha llegado la primavera.


La cosa vuelve a repetirse al día siguiente. Antonio vuelve a preguntar por lo que se ve al otro lado de la ventana. Miguel contesta con todo lujo de detalles. Otro día, otra vez lo mismo. Miguel siempre está dispuesto a relatar lo que ve. Lo hace gesticulando y satisfecho de su relato. Pasa a ser una costumbre entre ellos.


Hay días que el propio Miguel toma la iniciativa y no espera a ninguna indicación de Antonio.


- ¡Mira! Ya sale el marido con una carpeta bajo el hombro. Debe de ir al trabajo.


En otras ocasiones:


- Se va la mujer con los niños. Me parece que van retrasados. Hoy debe tocarle a ella llevarles al colegio y andan apurados por los gestos que hacen. Se les han pegado las sábanas.


La vida de los vecinos del otro lado de la ventana pasa a ser un entretenimiento para Antonio y Miguel. Son momentos en que ambos disfrutan y salen del tedio y de la pesadumbre, propios, por otra parte, de sus circunstancias. Miguel relame las palabras de su relato y Antonio escucha con sumo placer. Así, día tras día hasta que pasan varias semanas.


Un buen día, Miguel, que ha mejorado notablemente, es dado de alta. De momento parece haber vencido a la enfermedad, aunque debe seguir escrupulosamente los consejos médicos que le dan. Dieta adecuada, caminar mucho y con frecuencia, medicamentos recetados, revisiones periódicas…


Los ya por entonces amigos se despiden con mucho cariño y Antonio, enseguida pasa a tener un nuevo compañero de habitación al que se le asigna la cama que ocupaba Miguel; junto a la ventana.


El recién llegado no tiene el mismo carácter que Miguel. Es taciturno. Cruzan pocas palabras pese a que Antonio intenta ser sociable con él.


Después de una semana consiguen un poco de confianza. Gracias a ello y debido a que se encuentra muy aburrido, Antonio saca fuerzas y se atreve a preguntar, como el que no quiere la cosa...


- ¿Qué hacen los vecinos de enfrente? ¿Salen de la casa aprovechando tanta luz? Seguro que los niños juegan en el jardín ¿no?


El recién llegado hace un gesto de sorpresa y contesta extrañado:


- ¿Qué vecinos? ¿Qué niños, ni qué jardín? Desde aquí sólo se ve un muro de hormigón.

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editado por...Wladi Martín @ domingo, diciembre 28, 2025
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domingo, septiembre 21, 2025

El beso de Raimundo


Debía ser primavera. Habían salido las rosas con sus dulces olores y sonido de abejas alrededor. Los niños también bullíamos plenos de hormonas en nuestro entorno. Y eso que andábamos por los doce años de edad.

Entrábamos al colegio en filas de a dos y cantando lo de con flores a María. Mirábamos a las niñas en sus filas al entrar a nuestras correspondientes aulas. Estábamos convenientemente separados. Las niñas en sus aulas y los niños en las suyas.

Surgió la noticia como un bombazo. Mi compañero Raimundo, un tipo tirando a serio, había dado un beso a Mari Nieves, una niña muy mona de nuestra edad. Me imagino que fue en la cara y también que fue por sorpresa. Fue en el recreo.

Los chicos de aquella época, a esas edades, aún teníamos la moral en construcción. Distinguíamos perfectamente entre lo bueno y lo malo; entre el blanco y lo negro. Pero no apreciábamos nada en medio. Para nosotros no había escala de grises en cuestiones morales. O bueno o malo. Así de simple.

De manera que todos pensamos en que a Raimundo le esperaba lo peor. Fue sorprendido por algún profesor y se le dio cita para hablar con el director en compañía de sus padres. Igual le forjaban letras ofensivas en su limpia frente. Lo mismo le daban una paliza delante de sus padres.

- Incluso puede que acabe en un correccional -fantaseábamos-.

Creo que al final todo se saldó con expulsión del colegio. Es lo de menos. Tuvo su castigo. Es decir, que aquello era malo. No tuvo premio ni recompensa por lo que muchos años después considero una simple muestra infantil y espontánea de cariño; incluso de amor.

Poco después de aquello, en otro colegio del barrio al que iban mis primos, hubo otra impactante anécdota. Un chaval de unos doce años, tirando a cachalote, se peleó con un compañero alfeñique, un poco chinche. Consiguió derribar a su adversario y cuando aún se encontraba a cuatro patas pateo su cabeza. De allí al hospital con un gran revuelo en todo el barrio. En nuestra corta pero sencilla moral, aquello estaba mal. Pero algo, enseguida, nos hizo sospechar; igual estábamos en un error. Se citó al autor de la salvaje patada y a sus padres a hablar con el director. No obstante, también se citó a los padres del agredido, que obviamente no podía acudir a la cita por estar hospitalizado.

Pasaron los días y el agresor no abandonó el colegio ni sufrió aparente castigo alguno. Parece que no sólo se libro de cualquier tipo de sanción sino que además, desde entonces, los profesores saludaban al violento muchacho con algo muy parecido a la simpatía. Creo que tras un tiempo, el niño lesionado abandonó el hospital, pero nunca volvió al colegio.

Nos costó incluir en nuestro código moral esta variante. Resulta que no estaba mal. Por alguna razón, mandar a un compañero al hospital no era malo. Preguntábamos a nuestros mayores y nos decían cosas diferentes. Que el niño hospitalizado se lo había buscado por chinche y por provocador. Que si era un niño malo que molestaba a las niñas y se metía con los de menor edad. No entendíamos que aquello fuera motivo para que un niño estuviera excusado de patear la cabeza de otro.

Ya digo que nos costó entenderlo. Hasta que llegó un profesor al que apreciábamos mucho y considerábamos un sabio. Nos dio una consigna sencilla que todos comprendimos enseguida.

- Es que es gitano. ¿Qué queréis?


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editado por...Wladi Martín @ domingo, septiembre 21, 2025
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sábado, septiembre 06, 2025

Conde Yección


Andaba el conde en su huerta. Digo andaba porque así lo hacía y digo huerta porque acababa de volver de su última campaña; estaba de “huerta”. 

El conde, por nombre Iñigo Yección, era más conocido por “Conde Yección”, muy en consonancia con su copiosa manera de ingerir viandas y sus posteriores maniobras para aliviar las tripas. En ese motejo, hay que reconocer cierta mordacidad entre sus súbditos, que así se referían a él.

En uno de los raros momentos en que el noble ni comía ni deyectaba bolos fecales llegó un capitán de su ejército. Había acompañado a su señor en la última campaña y preguntaba:

- ¿Señor conde qué queréis “cagamos” con los moros “cagarramos”?

- “Cagaleras” los mandéis.

- ¿“Cagaleras” los mandemos? Señor “condeyección”, turbado me háis. Y pese a que turbado “meáis” cagaleras los llevaremos.

- Para acabar la transcripción de este viejo legajo y aún a riesgo de rozar lo escatológico citaremos al gran Calderón del Zurullo: “La vida es una barca”.

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editado por...Wladi Martín @ sábado, septiembre 06, 2025
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sábado, agosto 23, 2025

RESIDENCIA EL ÚLTIMO PASEO


Dicen que los ancianos esquimales, cuando sienten cercana la decrepitud, se desnudan y parten del poblado en un último paseo. Lo hacen en silencio, con los pies descalzos sobre la nieve. Antes de ser inútiles, dejan las ropas, junto a todas sus pertenencias, para que otros lo puedan aprovechar y se van. Suelen marchar de noche, sin molestar, sin despedida. No hay más ritual que el de dejarse ir. Respirar profundo, relajarse y dejarse ir. También dicen que el frío, de tan intenso, se llega a asimilar. Hay un momento en que ya no se siente. Algunos científicos explican que se padecen delirios que alejan de la cruel realidad, evitan el dolor. Algo así describe Hans Christian Andersen en su famoso cuento La pequeña cerillera. La niña, antes de morir de frío, ve llegar a su querida abuela que le toma de la mano para llevar a su querida nieta a un lugar cálido. Una ensoñación, ya digo.


En otras latitudes y tiempos alejados del Círculo Polar comprendieron que esa costumbre era muy romántica -sí-, pero poco productiva. Un avispado observador inventó, inspirado en esta costumbre esquimal, las llamadas residencias para la tercera edad. Eso dicen. Incluso, parece ser que consta en antiguos archivos que la primera de ellas se llamó El último paseo. En realidad el invento es el de evitar ese tránsito final a cambio de unas monedas.


En un principio, la idea no acababa de entenderse, por nueva. Hubo enfrentamiento. Pero pronto se tocó la fibra de los afectados y se comprendió mejor. Nada de proezas. A cambio, un puñado de monedas; un buen puñado.


Si la abuelita tenía lo suficiente, se le reclamaba y dejaba poco más o menos como al esquimal: en pelotas. Eso sí, se supone que bien atendida. Es un decir.


Si el anciano no tenía lo suficiente, que lo paguen sus hijos.


A echar cuentas… Vuelven los enfrentamientos.


En estos casos, las partes enfrentadas viven la situación como un conflicto o como un problema. Como una de las dos cosas.


Si entienden la cuestión como un conflicto -que dicho sea de paso, suele ser lo más habitual- se acaban enemistando. Si las partes, en cambio, lo plantean como un problema, no tienen por qué enemistarse. Pero esto no suele ser habitual. Basta con que una de las partes entre en conflicto para que el enfrentamiento cobre tintes belicosos. Por más que la otra u otras partes quieran resolver el problema.


Entre tanto, al anciano le entra frío en la planta de los pies… como si anduviera descalzo por la nieve. Vaya usted a saber por qué.


Mientras al abuelito se le hielan los pies, el fundador de la residencia El último paseo, con la tripa caliente. 

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editado por...Wladi Martín @ sábado, agosto 23, 2025
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NEVERMOR


En la tribu los tumaiself las condiciones de vida son durísimas. Extremas podríamos decir. Todo el día luchando contra el frío polar, buscando alimento, evitando las fieras. En fin, peleando por sobrevivir. Esa es la ocupación de todos los miembros de la tribu. Ese es el trabajo hasta que llega la noche en la que se busca un lugar donde no helarse mientras se reponen fuerzas hasta que llega la mañana; y vuelta a empezar. Saben que juntos tienen más posibilidades de abrigarse, de juntar excedentes para las épocas de hambruna, de defenderse de las alimañas que atacan de vez en cuando. A su manera, son solidarios. Pero no generosos. Se solidarizan para formar un grupo más fuerte que el conjunto de individuos por separado. Lo hacen por interés.


Los varones de la tribu, sobre todo, se dedican a cazar y llevar alimento al campamento. Son fuertes y han desarrollado destrezas y utensilios cinegéticos. Las hembras preparan los alimentos, guardan debidamente los excedentes, si los hay. Tienen hijos y se ocupan de su crianza.


Los niños -un poco más que las niñas- son cuidados y protegidos. El grupo entiende que son el futuro. Pero ay de ellos si el presente se vuelve amenazador. Entonces corren peligro -especialmente ellas-. Los tumaiself saben que las hembras garantizan el futuro de la tribu. En ese sentido las protegen. Pero también saben que una sola mujer puede concebir muchos descendientes. En cambio, un sólo varón no caza lo que varios. Tampoco proporciona la misma defensa un sólo hombre, que una docena. Los tumaiself piensan así desde tiempos inmemoriales. Puestos a elegir… Tal vez podrían reclamar la patente de lo que hoy se conoce como machismo. Ellos no lo piensan así. Lo ven natural. Va en su naturaleza. Cualquiera discute con ellos.


Hace poco, tuve una conversación con un tipo que había nacido en un pueblo cercano al mío. Digamos que se llama Nicanor. Por apellido Niflío. Nicanor Niflío.


Discutimos sobre un tema similar al explicado más arriba. El paisano empezó a ponerse violento alejándose de la templanza que podría indicar cómo se llamaba. Daba argumentos similares a los expuestos por los esquimales acompañándose de fuertes golpes sobre la mesa. Igual era un remoto descendiente de los tumaiself.


Volviendo a la tribu que hoy nos ocupa, vamos ahora con una costumbre peculiar. Antes hablábamos de la supervivencia, o sea, de la vida. Ahora vamos con la muerte. En fin, que vamos a hablar de lo mismo si se piensa bien.


Antes me gustaría ilustrar el tema con algo que en principio parece no tener nada que ver. Me refiero a las traineras. Esas embarcaciones a remo que en la costa norte española gozan de gran popularidad. La tripulación la componen trece remeros y un patrón. Dicen que dicha relación es justo la inversa de algunos organismo modernos donde habría 13 patrones y un remero u obrero.


Existen competiciones muy exacerbadas de traineras. Cada embarcación representa a un pueblo, villa o ciudad. Las carreras levantan pasiones. Los remeros hacen grandes esfuerzos afanándose con toda su energía sobre el remo… parece como si les fuera la vida en ello.


Si en plena competencia uno de ellos perdiese el gran remo inmediatamente se tiraría al agua. Es una norma no escrita. Si no se puede colaborar al éxito del grupo, al menos no ser un peso inútil. Un ejemplo de sacrificio y solidaridad.


Volviendo a los tumaiself, a los que habíamos dejado al fresco, hablemos, como decíamos antes, sobre la muerte. Naturalmente que sienten hacia ella, hacia la de sus parientes y allegados, duelo y aflicción. Pero tienen una peculiar forma de enfrentarse a ella llegado el caso.


Cuando un hombre de la tribu empieza a comprender que se acerca a la vejez, actúa de manera peculiar. Si ese tumaiself empieza a dejar de cazar o empieza a aportar poco en la defensa contra los depredadores amenazantes, entonces suele tomar el Camino del Nevermor. Antes de llegar a la decrepitud, antes de sentirse inútil y constituirse en un peso muerto para el clan, el anciano se desnuda dejando sus ropas para provecho de otros y camina por el hielo en una especie de eutanasia. No se trata de ir a un lugar concreto. El que inicia su último paseo lo hace hacia donde entiende que no molestará a nadie cuando deje de respirar. No soportan ser una carga. Los demás lo entienden; dejan que se marche. Se trataría más de un viaje astral, por así decir, que un desplazamiento hasta un sitio prefijado. Suele hacerse de noche cuando los demás descansan.


Se podría decir que al perder el remo, un tumaiself, se tira al agua, de donde nadie va a ir a recogerlo. Se marcha al Nevermor.

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editado por...Wladi Martín @ sábado, agosto 23, 2025
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domingo, noviembre 10, 2024

LO CONSEGUÍ. LA MONEDA


La niña dormía. Había sido un día intenso. También era muy imaginativa. Quizás por todo ello, Alexia soñaba con mucha claridad. Se veía, en el sueño, en la playa haciendo un pozillo, muy cerca del mar. Justo donde la arena cambia de color por la humedad.

Era un juego que practicaba con sus amiguitos. Cavaban con las manos en la arena hasta que aparecía agua en el fondo del agujero. Lo que pasa es que en este sueño, casi cuando empezaba a filtrarse un poco de agua, Alexia descubrió asombrada que sus dedos tropezaban con algo rígido. Era una moneda.

La niña estaba dormida, pero se daba cuenta de que se trataba de un sueño. Lo tenía claro. Llegó a darse cuenta de que si despertaba lo haría sin la moneda en su mano; a fin de cuentas se trataba de un sueño. De manera que apretó el puño con toda su fuerza con la esperanza de que al amanecer estuviera allí atrapada.

La sensación era reconfortante. Tenía dos euros agarrados; todo un tesoro para una niña de cinco años. Su imaginación le llevaba a fantasear con muchas cosas que podría comprar al abrir los ojos.

Llegó el amanecer y la niña se despertó pese a ser más temprano de lo habitual. Estaba excitada y enseguida recordó su moneda de dos euros. Abrió la mano muy despacio. Pero el dinero no estaba allí. Se había evaporado o quedado en el sueño. Todo un disgusto.

Por aquellos días, Alexia pasaba unos días de vacaciones en la costa. De manera que solía ir todos los días a la playa con su familia.

Esa mañana se fue a desayunar y encontró a su madre en la cocina preparando los desayunos y algo de almuerzo para pasar el día de excursión junto al mar. Como estaba muy excitada por lo que había soñado contó todo a su madre que parecía escuchar sin prestar mucha atención.

Acabaron de desayunar y de prepararse para salir de excursión. Llegaron a la playa donde solían ir. Al poco tiempo, la madre de Alexia recomendó a la niña, que estaba como embobada, hacer un pozo en la arena. La hija reaccionó justo cuando su mamá decía: Lo mismo hasta encuentras la moneda del sueño.

La chavalilla se aplicó con esmero, poniendo los cinco sentidos que se suele decir. Transmitía, a sus tiernos dedos, toda la fuerza mental que encontraba. Sudaba más por la concentración que por el propio ejercicio físico.

Así, hasta que -¡oh sorpresa!- tropezó con algo rígido. Al principio pensó que sería una concha, pero redobló su fuerza mental y empezó a sacudir la arena pegada a aquel objeto. Y, efectivamente, lanzando destellos plateados al sol resultó ser una moneda de dos euros. El tesoro de su sueño.

Lanzó un grito que llegó a asustar a los que estaban cerca incluidos sus familiares. ¡Mira mamá!

Lo conseguiste, contestó su mamá esbozando una sonrisa enigmática.

Alexia contestó sin soltar la moneda: Como dice la profe Puri, “el que de verdad quiere algo lo consigue”.

Pasaron los días y se acabaron las vacaciones. La familia de Alexia volvió a su casa y a su rutina. Luego pasaron semanas y meses. Hasta que llegaron las Navidades.

La familia de Alexia tenía por costumbre acudir a comer a casa de los yayos uno de esos días. Allí se juntaba con sus tíos y primos. Tras la comida, Papá Noel se las ingeniaba para dejar los regalitos junto al abeto decorado al efecto.

A la voz de los mayores, los niños corrían a buscar sus regalos cuidadosamente envueltos con papeles de colores. Eran momentos de mucho alborozo salpimentados por gritos histéricos de júbilo y emoción.

Días antes, Alexia había declarado que le gustaría pedir a Papá Noel una muñeca que por entonces tenía enamorada a miles de niñas como ella. Sus papás ya le habían advertido que igual Santa Claus no podía atender su demanda, pero que probase a solicitarla en su carta.

La niña, sensata como era, sabía que había serias dificultades en recibir tan importante regalo. Pero no perdió las esperanzas. Puso en el deseo toda sus fuerzas mentales. Se acordó del episodio de la moneda en la playa. Activó ciertos mecanismos similares a los de aquel momento. Creía haber descubierto un proceso mental mágico y recurrió a él.

Entre codazos, risas, empujones… Alexia acabó encontrando un voluminoso paquete con su nombre escrito en él. Tenía las letras mayúsculas y en grande. Así es que no tuvo dificultad en leerlo.

Tenía los ojos abiertos como platos. Redobló sus energías psíquicas. Su estado emocional era similar al que experimentó cuando descubrió la moneda junto al mar.

Apenas rasgó el papel del envoltorio empezó a descubrir las formas que ella deseaba ver. No podía ni creérselo. Con un tirón violento sacó la muñeca que tanto deseaba de un amasijo de papel y cintas. Lo alzó como el que lleva un trofeo que acaba de conquistar y vuelta hacia sus padres, tíos y abuelos gritó: Lo “consigué”.

Sí, la niña, de tan emocionada emocionada que estaba se confundió. Quería decir: ¡Lo conseguí! Era tal el esfuerzo que había realizado que nunca dudó de que gracias a ello la muñeca era una conquista más que un regalo. Su tenacidad, su fortaleza llevada en secreto le había llevado a recorrer el camino mental y mágico del éxito.

La anécdota de la muñeca, unida a la de la moneda quedaron como un arcano en Alexia. Nunca se le olvidaba aquella vivencia y cuando necesitaba algo imperiosamente, recurría al proceso que ella iba depurando y agilizando para volver más práctico y accesible. Pronto descubrió, por ejemplo, que nada funcionaba si no se trataba de un deseo importante. Para conseguir tonterías o caprichos no servía.

Pasaron varios meses y la zagala aún jugaba con su muñeca a la que había puesto nombre. Se refería a ella como Puri; la había bautizado con el nombre de su profesora a la que tanto admiraba.

Uno de esos días, Alexia descubrió que el bolsito de la muñeca Puri se abría. No lo sabía. Así es que lo abrió y metió sus dedos. Algún recuerdo surgió de lo más profundo de su mente. Tropezó con algo rígido. No daba crédito a su memoria, mucho menos a lo que iba viendo. ¡Increíble! Se trataba de uno moneda de dos euros; todo un tesoro.

Por alguna extraña razón la chiquilla no comentó lo sucedido con sus padres. No lo comento a nadie. Lo mantuvo en secreto. Pero no por ello olvidó lo sucedido ni dejó de pensar en que había encontrado un camino mental o un sistema para hacer realidad los sueños.

Dicen que esa niña maduró y se acabó haciendo una gran mujer. Sabía desear con firmeza y conseguir lo que de ese modo se proponía. No queda claro que consiguiera todo aquello que se proponía, pero sí que era cierto que todo cuanto consiguió era por habérselo propuesto. Tampoco se sabe a ciencia cierta si fue feliz. Pero a todos cuantos se consultó reconocieron que fueron felices al cruzar sus vidas con la de ella.

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editado por...Wladi Martín @ domingo, noviembre 10, 2024
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viernes, mayo 03, 2024

El secreto

 


El Gatopardo es una novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa en la que se incluye la famosa sentencia que viene a decir: “Que todo cambie para que todo siga igual”. La gran obra fue rechazada por un par de editoriales y se publicó, por una tercera, a título póstumo. También fue llevada al cine por Luchino Visconti y está considerada como una obra maestra.


Cuentan que el director italiano fue muy minucioso y cuidó muchos detalles durante el rodaje. Una anécdota es que ordenó llenar los armarios con prendas de la época. Los actores y demás trabajadores estaban perplejos. Los armarios no se abrían en ningún momento; no se mostraba su interior. A Visconti no le importaba qué prendas se guardaran. Tampoco la talla, ni el color, ni la forma de los elementos textiles guardados. En cambio, era muy exigente en el sentido de que se tratase de algo susceptible de ser acomodado en un armario. En todo caso insistía en que debía de tratarse de algo de la época en que transcurre la historia. Con ello, el director esperaba dar mayor autenticidad a su película; lograr que fuera más creíble.


Era una especie de secreto, pero que conocía todo el que intervenía en el rodaje. No así los cientos de miles de espectadores que la vieron una vez terminada. Para ellos sí que quedaba invisible.


Si reflexionamos, podemos llegar a la conclusión de que hay varios tipos de secreto. Éste, del que venimos hablando, sería tal por no mostrar algo a la vista. No obstante, cualquiera que abriera el armario podría descubrirlo; además de que muchos lo sabían.


Me recuerda a otro similar, en cierto sentido, en que un ejemplar padre de familia fallece. Ahora no recuerdo quién fue, pero me explicaron que se trataba de un caso real. Tras expirar, su abnegada esposa, recogiendo las propiedades del fenecido, encuentra un cofre que no conocía. Lo abre y comprueba que, efectivamente, era de su cónyuge. En el interior hay varias fotos de los padres del finado, del día en que contrajo matrimonio, de sus hijos… Algunos recuerdos. Pero lo que más le sorprendió fue encontrar una medalla al mérito militar con su nombre. La mujer sabía que su marido había estado en el ejército; que había participado en alguna batalla. Lo que ignoraba es que hubiera merecido una distinción por su valor. La condecoración llevaba grabado su nombre.


En un gesto de máxima humildad, el protagonista de esta anécdota, había mantenido en secreto aquella distinción. Él sí que conocía su valor; para qué iba a ir presumiendo de ello. Los que le conocían personalmente también sabían que era un hombre valeroso. Simplemente no mantuvo a la vista la medalla. La ocultó.


Una cosa es hablar con el corazón en la mano, con franqueza y con sinceridad. Otra, muy distinta, ser sensiblero; dejar que el ego hable por uno, es decir, impedir en el otro los juicios de valor e intentar dárselos ya hechos. Pretender hacer que piense lo que uno quiere que piense.


En estos dos ejemplos, hay una ocultación que viene a estar más cerca de la humildad que del engaño que tienen otro tipo de secretos.


Habitualmente, se suele recurrir al secreto para que una persona siga haciendo algo de una manera determinada. Que no se entere de una circunstancia o cosa que pudiera hacer que su conducta variase en perjuicio de quienes mantienen el encubrimiento. Además, los conspiradores suelen prejuzgar lo que haría un tercero en el futuro. Eso nos lleva a un tipo de personas a las que no parece afectar el secretismo. No son dados a su práctica, no los utilizan ni son cómplices con ellos, ni siquiera parecen variar sus conductas una vez conocen alguno. Hay pocos así, pero los hay.


Quisiera hablar de un tercer caso real que me contaron y me impresionó, casi tanto como a quien me lo contó. De hecho conocí la anécdota hace muchos años y no la he olvidado.


Se trata de un nieto que va a ver a su adorado abuelo al hospital. El anciano está muy grave y parece encarar sus últimos días de existencia. Se trata de un hombre duro, que ha experimentado todo tipo de calamidades y se supo sobreponer a todas ellas. Un hombre generoso, siempre dispuesto a compartir lo suyo con los demás. Pese a ello, ningún sentimiento religioso le movía. Al contrario, presumía de ser ateo y, sobre todo, no apreciaba nada lo que él consideraba aparato de la Iglesia.


Un día, el abuelo se encontraba especialmente débil. Los médicos anunciaron que de un momento a otro se produciría la despedida. Tanto fue así, que acudió a la habitación un sacerdote a administrar la extremaunción al enfermo.


El nieto permaneció en la estancia con los ojos abiertos como platos. Conocía las ideas de su abuelo y esperaba que en cualquier momento el corajudo hombre diera un manotazo al aire negándose a recibir el sacramento, o algo por el estilo. Pero, para su sorpresa no fue así. Con voz apagada contestó “amén”, abrió la boca y se tragó la ostia consagrada que el eclesiástico le ofrecía.


Al chaval casi se le salen los ojos de las órbitas de tanto que los abrió. No creía lo que acababa de ver.


En cuanto quedó a solas con su abuelo le preguntó: Pero abuelo, no era usted ateo.


Su yayo le contesto: Y lo sigo siendo. No me iba a poner a discutir en estos momentos con ese hombre ¿no?


¡Magnífico ejemplo! ...¿No?

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editado por...Wladi Martín @ viernes, mayo 03, 2024
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sábado, abril 20, 2024

La vida como espectáculo



Hoy me he dado un paseo por el cercano parque de El Calero. Se trata de aprovechar el llamado buen tiempo. Otros hablarán de lo malo de eso cada vez más patente que llamamos el cambio climático. De momento, la mayoría de vecinos aprovecha para salir a pasear, aprovechando las anómalas temperaturas y los efectos del astro rey. La terracitas están llenas, los parques espesan en griterío y bullanga, la mayoría empieza a buscar la sombra para caminar. Hasta los pajaritos se suman a la fiesta. Las que más se dejan oír, fieles a su nombre, son las importadas cotorras. Tiempo habrá – piensan muchos- de lamentaciones. De momento, algo hacen los que pueden poco y poco hacen los que mucho pueden.


Entre tanto la vida sigue. Algunos niños se caen y quedan llorando en el suelo para que acudan sus padres en auxilio. Según algunos documentos esto ya era así en tiempos del Platón. Lo que no quedó documentado es si los progenitores acudían solícitos a la llamada de sus retoños para untar de saliva la rodilla dañada y repartir mimos y halagos.


Sí suele haber, en todo momento, un teléfono celular, que es capaz de registrar cada escena. Hace poco vi un vídeo que documentaba cómo un muchacho se colaba en el estadio Santiago Bernabéu. Otros inmortalizan que se están tomando una cervecita con su churri o amigos del alma. Unos lo fotografían y otros toman imágenes en un vídeo. La vida es una fiesta. Cada nimiedad es un espectáculo. Te puedes enterar de que a un viejo amigo de América, al que no ves hace años, le han ascendido en su trabajo. Te sientes más cerca de él. Le felicitas por la misma red social en que has recibido la información. En otras ocasiones te sientes contento de ver a un compañero feliz y alegre en una reunión de trabajo. Les ves unidos aunque luego, en le práctica, se relacionen con el móvil en la mano y sin levantar la vista de la pantalla. Es lo que hay.


Yo mismo, que parezco criticar este fenómeno, he tirado de celular para documentar este escrito cuando en mi paseo he escuchado un cántico que ha llamado mi atención. Se trataba de una congregación que entonaba alguna canción religiosa. Lo deduje porque todos a coro seguían a una persona que portaba una imagen representando a alguna virgen. No tengo ni idea a cuál. Siento no poder dar más detalles. Pero es consecuente con el barrio en que se halla el mencionado parque en el que los nombres de las calles son casi todos de vírgenes. De la Fuencisla, del Portillo, del Sagrario, del Castañar, de la Novena… Y todo en un barrio que ostentó el dudoso honor de ser el que más barras americanas y locales de putiferio tenía en toda España. ¡País de contrastes!


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editado por...Wladi Martín @ sábado, abril 20, 2024
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miércoles, diciembre 06, 2023

Los tres gusanos

 


Las palabras botijo siempre están fresquitas, incluso en días calurosos. “Menta”, “torrente”, “biruji”…


También hay palabras sartén que incluso en pleno invierno dan su abrigo: “edredón”, “chimenea”, “fabada”…


Del mismo modo, se podría decir que hay personas moneda y personas pupa. Las primeras, las personas moneda, serían aquellas que nos alegramos al encontrar. No es que vayan a paliar ningún problema grave, pero siempre es motivo de alegría encontrarlas. Su aparición siempre es celebrada, máxime cuando no se espera.


En cambio, las personas pupa serían aquellas que vienen a causar dolor o daño corporal (más bien mental). Serían esas que dejan un mal que empieza a curarse en cuanto se alejan. Algunos se refieren a ellas como tóxicas. Pero no a todo el mundo le afecta de la misma manera perniciosa. Se podría decir que hay personas menos expuestas a su influencia. Por eso nos hemos referido a ellas como personas pupa; que pueden producir un poco de daño (“pupa nene”). ¡Nada irreparable!


Cuando se juntan ambos tipos de individuos pueden llegar a ser, el uno para el otro (tanto sean hombres como mujeres), fulanos chubasquero. O sea, que ni el uno ni el otro reciben influencia de su contrario. Permanecen aislados. El moneda no parece inmutarse de no verse rodeado de sonrisas como le es habitual. Sólo se vislumbra cierta prisa en acabar la conversación y, por tanto, el encuentro; si uno se fija bien.


Por su parte, el pupa tampoco abandona su castillo de quejas y lamentos. Las buenas vibraciones de su interlocutor no consiguen llegar a las almenas de sus lloriqueos. Cuando le vas a responder, si observas en lo profundo de sus ojos, verás que no te mira, aunque sí te ve. Descubres que está pensando, mientras le hablas, en lo que va a contestar a continuación. Es como si tuviera un guion. Acaba de contar exactamente lo mismo a otro con quien también se encontró.


En todo caso, se suele mejorar en cuanto se van.


Dicen que hay personas que te alegran cuando las ves y otras cuando se marchan.


Todo esto me recuerda a la leyenda de las mariposas. Sucedió cuando eran gusanos. Eran tres y al mismo tiempo les llegó el momento de construir el capullo en que quedarían recluidas un tiempo, sin moverse, sin comer… sin siquiera luz. Un gusano era optimista y pensó que lo que se le venía encima era un trance para alcanzar su sueño de volar libre. Otro, pesimista, no podía quitarse de la cabeza sus males y quejas. Estaba convencido de que se enfrentaba a la muerte. El tercero, realista, pensó que todo sería momentáneo y que volvería, más pronto que tarde, a la “normalidad”.


Pasó el tiempo. Uno de los capullos, el del gusano pesimista ni se abrió. Algo había salido mal. Dentro había una mariposa a penas formada; estaba muerta.


El capullo del gusano optimista se abrió dejando salir a una hermosa mariposa que en seguida empezó a volar con total libertad.


El tercer capullo, el del gusano realista, también se abrió dejando salir una hermosa mariposa. No obstante, a pesar de todo, no alzó el vuelo. Por alguna extraña razón empezó a arrastrase por el suelo como cuando era un gusano. Sin embargo le invadía la satisfacción; como había previsto, todo seguía igual.

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editado por...Wladi Martín @ miércoles, diciembre 06, 2023
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Las cotorras

 


Otra arruga. Aparece un pliego cada vez que me miro al espejo en esa cara mía que tan ajena se me presenta. ¿Dónde estará la tersura? ¿… y el grano?


Un pliegue más, por fuera, cada vez que desaparece uno por dentro. Es automático. Debe de ser así, por lo visto.


Hay esfuerzo en no tener dobleces internas en que esconder miseria y vergüenza; y -¡plas!- nuevo fruncido en la piel. Esa piel que intenta envolver todo lo que somos; sin empeño, sin querer… ¡sin éxito!


Arruga y más arruga. Todo bien fruncido. Ya no hay tersura en ningún espacio así es que la fascinación contempla dónde se engurruñará lo ya doblado. Increíble.


Con lo visibles que resultan los escondrijos del ego, por dentro… Tenemos muy presente dónde metemos la mierda (con perdón), para que no la vea nadie. Y somos nosotros los que nos tropezamos a cada poco con ella.


Todos somos Prometeo. A todos nos come cada día por dentro el águila que se alimenta de esos restos escondidos en rincones. No dejamos de fabricarlos. Así, la rapaz siempre tiene algo que comer; algo del detrito que no dejamos de elaborar.


Sin embargo, cada vez hay menos dónde esconder esas imperfecciones. El viejo, como el niño, se va volviendo auténtico; sin dobleces. La criatura, en sus primeras etapas, no pugna por ser nada; simplemente es. Si acaso, su lucha es por agradar a la mamá. Su vida es su aceptación. También el anciano busca aceptación de una madre que no sabe dónde está. Tal vez tras la luz del sol. Tal vez la anuncien los alegres pajarillos.


Por cierto, cada vez hay menos humildes gorriones. Creo que están desapareciendo a medida que proliferan las exóticas cotorras y los escandalosos periquitos. Va en sentido proporcionalmente inverso. Dejan de oírse los discretos y alegres piares mientras cada vez es más frecuente escuchar los vocingleros graznidos comunes en otras latitudes. También en el autobús se oyen auténticos berridos incluso a personas que están sin compañía humana alguna. En eso también se van imponiendo las cotorras; y no sólo las de otras latitudes.


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editado por...Wladi Martín @ miércoles, diciembre 06, 2023
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viernes, septiembre 29, 2023

Quien siembra vientos cosecha tempestades

No sé de dónde lo saqué, pero en mí pasó a ser una costumbre de esas que se repiten sin esfuerzo; de esas que si no las realizas no estás a gusto.


Durante muchos años, cuando impartía alguna clase de yudo a niños, al acabar la sesión, tras el saludo protocolario, mandaba a mis pequeños yudocas a calzarse. Había un pasillo en la sala al borde del tatami. Allí permanecía el calzado de cada muchacho. Tras calzarse los niños y las niñas, quedaba configurada una fila frente a la puerta de salida. Yo me iba a ella y la abría cuando todos estaban preparados. De esa forma me aseguraba de que cada niño que pasaba frente a mi se iba con su familiar correspondiente. A veces bromeaba y le decía a los padres que no se preocuparan si no les entregábamos a su hijo, que se llevasen otro niño, que había para todos; ya lo cambiarían al día siguiente.


Pero lo cierto es que aprovechaba para chocar la palma de cada uno de los que habían participado en la clase. A alguno les tocaba en el pelo de la cabeza o les hacía alguna carantoña. Incluso le dedicaba algún comentario corto.


Me dijeron que el legendario José Luis de Frutos (nuestro primer diploma olímpico) recomendaba tocar a todo niño o niña en cada sesión. Lo supe después de haber hecho de mi costumbre un hábito.

También recuerdo los cursillos o clases magistrales de la World Kobudo en que participé. Al acabar la sesión tenían la costumbre de que el maestro pasaba por la fila de los asistentes a quienes chocaba, uno por uno, la palma de la mano. Muy americano, pero también muy lindo; eso me parece a mí.


En todo caso, hubiera salido de donde hubiera salido, mi costumbre venía a ser algo distintivo. A mí, hace poco, me ha recordado ese dicho de quien siembra vientos cosecha tempestades. Me explico.


El pasado miércoles día 27 de septiembre me acerqué a Parla donde se celebraba al aire libre un encuentro de yudo de los que fueron alumnos míos. Todos han estirado y a algunos cuesta reconocer. En cuanto llegué a la explanada donde se iba a celebrar el acontecimiento un muchacho me vio y vino, sin dudarlo a mi encuentro. Me dio un abrazo y me plantó dos besos. Al mismo tiempo, de forma espontánea, los demás compañeros y compañeras hicieron fila tras él y repitieron el gesto. Todos chocaban la palma de la mano, la mayoría daba un abrazo, y muchos aprovechaban para besar las mejillas. Muy emocionante.


Como decía, me acordaba del dicho español. Yo sembré brisas de respeto, alientos de estima, vientos de cariño… Han pasado pocos años de aquello; ahora recojo tempestades de amor. Quien siembra vientos cosecha tempestades.

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editado por...Wladi Martín @ viernes, septiembre 29, 2023
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miércoles, diciembre 21, 2022

Trigésimo quinto (último) audio del libro "Autoayudo"




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editado por...Wladi Martín @ miércoles, diciembre 21, 2022
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Trigésimo cuarto audio del libro "Autoayudo"




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editado por...Wladi Martín @ miércoles, diciembre 21, 2022
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martes, diciembre 20, 2022

Trigésimo tercer audio del libro "Autoayudo"




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editado por...Wladi Martín @ martes, diciembre 20, 2022
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lunes, diciembre 19, 2022

Trigésimo segundo audio del libro "Autoayudo"




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editado por...Wladi Martín @ lunes, diciembre 19, 2022
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domingo, diciembre 18, 2022

Trigésimo primer audio del libro "Autoayudo"




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editado por...Wladi Martín @ domingo, diciembre 18, 2022
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sábado, diciembre 17, 2022

Trigésimo audio del libro "Autoayudo"




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editado por...Wladi Martín @ sábado, diciembre 17, 2022
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