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Las cosas de W&CC así como de ALMAYARA.

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miércoles, agosto 05, 2020

El Corte Inglés

Entre que pasa el tiempo despacio y que hace mucho calor estoy deseando que se sucedan los días, uno tras otro, sin molestar demasiado. Luego diré aquello de “cómo pasa el tiempo”.


El caso es que vistas las posibilidades reducidas se cifran las expectativas en cosas banales en las que no se solía reparar “cuando el tiempo pasaba a su ritmo” y no hacía tanto calor (¿o lo hacía?). También está por verse si el tiempo pasaba despacio o deprisa. Tal vez fuera la consciencia la que no nos permitía reparar en el paso del tiempo, siempre ocupados, siempre atareados…


Uno de los mejores ingredientes para notar el paso del tiempo es eso que definimos como “no tener nada que hacer”. Entonces valoramos cosas como tenderse en el suelo para tomar el sol, charlar con amigos, beber despacio sintiendo que nos refrescamos por dentro, jugar con un niño pequeño (como alguna fuimos nosotros mismos), notar la sombra de un hermano árbol, sentir la brisa en la sofocada piel que nos suele aislar del exterior cuando debería ser todo lo contrario (los placeres del tacto, como los definía Camilo José Cela)…


El caso es que solemos vivir ignorantes de que el tedio, eso de “no tener nada qué hacer”, nos otorga el gran privilegio de vivir el presente. Disfrutar del instante, de aburrirnos (¿por qué no?). Claro que para ello, para sentir que es un privilegio, haría falta algo que hemos citado antes: la consciencia. Casi nada.


Nos creemos conscientes y ya se encarga el ego de todo lo contrario. De que seamos totalmente inconscientes. La inconsciencia nos ayuda a ir a trabajar cada día; a meterse en el atasco cada mañana, a dar vueltas en el coche para encontrar lugar en el que estacionar…


Yo trabajaba en el Corte Inglés. Cada mañana me afeitaba, aunque no me apetecía realmente, y me dirigía a mi trabajo pensando que era lo correcto y que pronto progresaría. Un día tras todos los rituales fui a dar un beso a mi hija y a los de mi compañera que aún dormían pues era día festivo a efectos escolares (Carnaval creo que era). Yo, por las tardes, impartía clases de yudo, pero por la misma festividad me libraba de dicha tarea.


Me despedí de mi compañera que se estaba desperezando para preparar los desayunos. También era día festivo para ella.


Llegué a mi centro de trabajo con tiempo y fiché. Pero no me quité el abrigo sino que fui a por un café a una máquina cercana, me senté y me puse a reflexionar (¿que carajo estaba yo haciendo allí?).


Vi pasar a muchos compañeros hasta que llegó uno con el que tenía más afinidad. Apenas me vio, comprendió lo que me pasaba e intentó convencerme para que acudiera a mi puesto de trabajo. No sé ni lo que le respondí ni como lo hice pero, enseguida, comprendió que el caso estaba perdido;que era inútil añadir algo.


Pasaron varios minutos. Dejaron de llegar compañeros. Ya había quedado un poco atrás la hora de entrada. Entonces, sin quitarme el abrigo, subí a mi lugar de trabajo y busqué a mi jefe al que le pedí la cuenta. Con los ojos como platos, en un primer momento me quiso hacer rectificar. La firmeza se había apoderado de mí por lo que, como antes mi amigo, decidió no insistir más en sus razones aceptando las mías. Fui a las oficinas a tomar lo que se me debía hasta ese momento. Firmé mi renuncia y me marché de nuevo a casa. Llegué cuando los niños ya habían salido de la cama.


Mi compañera estaba atónita, pero no tanto (lo presentía). Ella sabía por lo que pasaba. Le propuse aprovechar las vacaciones escolares y así lo hicimos. Arreglamos algo a los niños, cogimos un poco de ropa y salimos con nuestro coche sin rumbo determinado. Creo recordar que acabamos pasando noche en Calahorra después de hacer a nuestra manera la “ruta de las icnitas”. Buena propuesta para ir con niños.


Cuidado con la consciencia, puedes acabar a más de 300 Km. de tu casa.


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editado por...Wladi Martín @ miércoles, agosto 05, 2020
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viernes, mayo 15, 2020

Viajes al norte


Hace unos días recibí una llamada de un viejo amigo. Me hizo mucha ilusión. Nos pusimos al día y me recordó que leyó algo que había escrito, tiempo atrás, de uno de mis viajes al norte de España. Me propuso indicarle destinos a modo de relato del tipo de guía de viajes. Mi ilusión, por que me leyera, era proporcional a mi rechazo a escribir algo parecido a una guía de viajes. No obstante esa llamada ya inspiró, en su momento, mi relato titulado La playa de las catedrales, publicado en mi blog www.wladiario.blogspot.com.

Así es que me pongo de nuevo a relatar anécdotas sobre mis viajes a la costa cantábrica mencionando rincones que me han gustado especialmente, aunque ya aviso que me gusta todo el norte por su belleza y porque se come de maravilla en casi todas partes (y por poco dinero en relación a la calidad del producto que se degusta).

En una ocasión llegué a ponerme malo de tanta vianda que me ofrecieron. Recuerdo que en esa familia hacían riquísimas empandas de las cosas más insospechadas (lamprea, choco, lapas…). Esa es otra de las características que me he encontrado por esas latitudes: la generosidad de sus gentes. Aquella vez del empacho viajábamos dos parejas en coche y recorrimos la costa desde Vigo hasta Aveiro (ya en Portugal). La anécdota es que sólo yo mostré interés en parar en Oporto. Los otros tres se negaron. Muchos años tuve que esperar hasta descubrir una de las ciudades más bellas de Europa.

De aquel viaje por la costa tengo un gran recuerdo; de las vistas desde lo alto del monte de Santa Tecla, del castro, del río Miño…

He vuelto a Vigo en muchas ocasiones y recuerdo aún el caldeado día que nos encontramos en pleno mes de octubre, en una ocasión. Fuimos a la playa de Samil donde incluso nos chapuzamos y, por cierto, el agua no tenía nada de la calidez del ambiente. La comida, como siempre, espectacular.

En el norte, eso sí, llueve mucho. Cuando uno llega en plena borrasca, en verano, suele escuchar eso de “pues la semana pasada estábamos en mangas de camisa”.

Del entorno bellísimo de la Playa de las Catedrales no hago mención aquí, pues ya dediqué todo un relato a la zona. Sólo recordar que nos trataron de maravilla en O Lar de Carmiña y que me impresionó el puente de Ribadeo y sus vistas desde lo alto.

Antes, en mis múltiples viajes a Coruña, recuerdo haber comido estupendamente en Manda Truco, donde se podía degustar buen marisco a precios razonables. Luego, para hacer la digestión, la Torre de Hércules está a un paseo. Interesante.

De otro de esos viajes “apretados” a tierras el norte (1.150 Kms. en un par de días) me impresionó el paseo por lo alto de la muralla de Lugo. Fue genial y muy pintoresco.


Hubo una ocasión en que viajamos en moto, mi pareja Cristina y yo, a Gijón. Fuimos de “camping” justo al lado del mar. Desde nuestra tienda se podía acceder – estaba a pocos pasos -andando y en poco tiempo al mar. No dejó de llover en ningún momento. Tanto fue así que nos metimos en el tren para visitar Oviedo (y, de paso, secarnos un poco). Acabamos huyendo antes de lo previsto y sólo escampó al pasar las montañas ya en la provincia de León.

He visitado muchas veces Asturias y siempre me ha impresionado. Recuerdo muchos bellos rincones que visité: Lastres, Avilés - zona centro -, playa del Superman – Berbes -, Ribadesella y entorno, la ruta del Cares… Pero sin duda el pueblo más bello que recuerdo es Cudillero, donde además comí muy bien a pesar de estar todo abarrotado.

Hice la bajada del Sella en el tren abarrotado de mozos del lugar, desde la salida en Arriondas. Creo que fui el único del vagón que pagó, sobre todo a juzgar por las risotadas de mis compañeros de viaje cuando le mostré el billete al revisor que lo solicitaba. Recuerdo que sólo lo mostré yo.

En cuanto a Santander mis recuerdos son aún más lejanos. De niño viajaba con mi familia los veranos, lo mismo que a tierras vascas. Mi padre, como integrante de la Orquesta Nacional, cubría los llamados Festivales de España lo que me llevó a conocer San Sebastián, Bilbao y, sobre todo, Santander. Recuerdo con gran placer, ya madurito, una tarde que crucé en barca hasta Pedreña atravesando la bahía. También me impresionó mucho llegar en ferry desde Plymouth. Las vistas de la ciudad, simplemente espectaculares entrando desde el mar.

De Cantabria destacaría la capital (Santander), sus playas y, sobre todo, Liencres y entorno. Cuidado con la playa que mi padre tuvo que sacar a un hombre que se ahogaba, con felicitación y desaprobación del equipo de salvamento marítimo.

Un recuerdo de infancia me llega desde el entorno de la Porticada (plaza) que se acondicionaba para celebrar los conciertos de los Festivales de España. Yo andaba en alguna cafetería cercana merendando y esperando a mi padre. Alguien detectó algunas pavesas en el aire y del establecimiento salieron todos, muy nerviosos, a ver aquello. Hay que recordar que Santander sufrió lo que puede haber sido el incendio mas grave de toda España en 1941. Alguien avisó enseguida a los bomberos que acudieron con diligencia al lugar. Pude ver en los rostros de los presentes como se grava la tragedia aunque venga de años atrás, incluso sin haberla vivido, a través de terceras personas.

De Cantabria destacaría Castro Urdiales, sin duda. Ya era un zangolotino cuando pasé varios días hospedado allí en casa de amigos de mis padres.

Ya estamos en Bilbao, por seguir recorrido de este a oeste. Con ello llegamos a tierras vascas que tanto rechazo producen en algunos lugares de Madrid. Yo nunca tuve el más mínimo problema en estas bellísimas tierras. Y eso que mi acento delata mi procedencia.

Recuerdo en este sentido un par de anécdotas. Uno, hace ya tiempo, fui a parar, con mi compañera, Cristina, a alguna taberna del barrio de La Parte Vieja, considerado muy nacionalista. Una televisión daba el partido de fútbol que enfrentaba a la Real Sociedad con el Real Madrid. Los parroquianos animaban a la Real Sociedad que estaba jugando mucho mejor, pese a que el marcador reflejaba empate a cero. Quedaba poco tiempo. Yo me desplacé por la barra eligiendo pinchos y despreocupado de la televisión. Pero no pude evitar hacer un comentario en alto que los clientes escucharon. “Este es el típico partido que gana el Madrid al final y de penalti”. Y así fue. A mi se me escapó un gritito de ¡gol! que supongo no hizo ninguna gracia a los presentes. Pero nadie hizo el más mínimo comentario; ni un mal gesto.

En otra ocasión me invitó mi hermana Thais a pasar unos días en una casa que alquiló a la directora de cine Helena Tabernas en Zarauz. Fui con mi compañera y un día salimos a recorrer la zona. No se me ocurrió más que ponerme una camiseta de algún congreso nacional de “jiu-jitsu”. En un lugar, discreto, llevaba la bandera de España. Era un lugar discreto pero la llevaba. Nadie dijo lo más mínimo. Yo me di cuenta por la noche.

De este último viaje recuerdo la excursión a San Juan de Gaztelugatxe. Fue una paliza pero mereció la pena por lo bello y singular de todo lo que vimos. Tampoco es de olvidar el paso por Getaria, por Bermeo, el propio Zarauz y nuestra incursión en tierras galas (Biarritz, Bayonne…).

Para ir poniendo fin a este escrito me apetece narrar un viaje a Pamplona en coche que llevé a cabo con mi compañera. Yo iba a un campeonato de yudo como árbitro y en el tiempo libre me dedicaba a recorrer el entorno. Llegamos a San Sebastián que siempre me ha fascinado.

El viaje fue muy intenso (en un sólo fin de semana) y a la vuelta yo estaba cansado. Tanto que ofrecí a mi compañera Cristina que condujera ella. Sin duda, se trataba de una magnífica conductora con un sentido de la orientación un tanto curioso, como trataré de narrar.

Yo me acabé durmiendo a los pocos minutos. Debía de llevar una hora en los brazos de Morfeo cuando me pareció oír la dulce voz de mi compañera un tanto escandalizada. Al abrir los ojos no vi que estuviéramos en autopista alguna como esperaba. Creo que vino a coincidir su frase (“creo que me he perdido”) con el que divisase una señal que indicaba la salida a Basauri o algo así. Estábamos en Bilbao y teníamos hora de llegada a Madrid. Llegamos un poco tarde, casi nada.

Muchos han sido los viajes al norte que he realizado y, por tanto, muchos los recuerdos que tengo. De pequeño no me gustaba, sobre todo por el clima. Tampoco me daba cuenta que, por ello, es tan hermoso y especial. Ha visto a gente marchar con paraguas por el paseo marítimo mientras otros se bañaban en plena playa.

Recuerdo, de n niño, un partidillo de fútbol en Bilbao. Se puso a llover y todos los niños, incluido el dueño del balón, desaparecieron, cada uno corriendo para un lado; hacia su casa. Todos reaparecieron como si nada y siguieron jugando, cuando había escampado.

Se mezclan miles de recuerdos de infancia con otros más recientes.

De niño, casi siempre cumplía años en Santander, con celebración en la intimidad familiar; tenía su encanto.

Estuve concentrado antes de un mundial de Lucha SAMBO en Asturias; guardo gratas memorias y vivencias. Conocí rincones increíbles de Oviedo y de zonas aledañas gracias a nuestro fenomenal anfitrión Jose Antonio Cecchini.

También en Asturias hice con Cristina, ida y vuelta, la ruta del Cares. Inolvidable como sobrecogedoras fueron las vistas desde el mirador del Fitu (cerca de Caravia). Ibamos en moto hacia el punto de partida de la famosa ruta y me desvié hacia dicho mirador. Mi compañera rompió a llorar emocionada ante tanta belleza. Yo estuve a punto; perdí una gran ocasión.

Recuerdo mis viajes con compañeros de El Corte Inglés a Coruña. Descubrí en una tienducha de mala muerte cerca de EL Corte Inglés de Cuatro Caminos. Allí, encontré un queso de tetilla ahumado espectacular. Se había llevado un premio regional o puede que incluso nacional. En uno de esos viajes de El Corte Inglés, salí sólo a pasear por la noche. Me acabé haciendo amigo de un marino alemán con el que compartí taxi que nos llevó a un bar, se suponía que con algo de ambientillo. Acabé huyendo como pude del local. Dejé al marino alemán ebrio como una cuba a punto de destrozar el tugurio Ni se dio cuenta de mi estampida.

Tengo vivencias de mis dos caminos de Santiago, el primero en bici, - del que dejo ENLACE a relato que obtuvo el segundo premio en un concurso del Ayuntamiento de Parla - y el segundo a pie. Inolvidables ambas experiencias.


He asistido a campeonatos de yudo (como competidor, árbitro y entrenador) en Pamplona, Avilés, Coruña, Vigo, San Sebastián… Otros muchos recuerdos, de otro tipo, y muchísimas vivencias. En el frontón Labrit de Pamplona saqué medalla de bronce en todo un Campeonato de España cuando era cadete y me creía inmortal. Estaba - como decía el gran Unamuno - “en la edad aquella en que vivir es soñar”.

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editado por...Wladi Martín @ viernes, mayo 15, 2020
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viernes, mayo 01, 2020

La playa de Las Catedrales


Me ha hecho mucha ilusión una llamada inesperada de un viejo amigo. Asegura que me sigue por las redes y que le gustó uno de mis últimos viajes por tierras del norte de España. Se ve que leyó alguno de mis relatos y me ha recordado mi viaje a la playa de Las Catedrales y cercanías. Me alegró mucho.

Nos hospedamos en O Lar de Carmiña donde también nos dieron buena pitanza, pues tenían restaurante. Muy cerca de la playa de Las Catedrales. Hasta el punto que hicimos algo de amistad con los dueños y más después de que oficiara, para ellos, de camarero improvisado en una anécdota que paso a relatar.

Estábamos comiendo en dicho O Lar...A través de la enorme cristalera que daba al estacionamiento vimos varios coches ingleses. Acaban de llegar. Sus ocupantes parecían dudar, porque al poco, se fueron los coches con ellos dentro (creo recordar que eran varios, todos coches grandes, incluso una auto-caravana). Al cabo de un rato regresó uno de los vehículos y sus ocupantes salieron de él. Entraron al establecimiento donde yo estaba con mi pareja comiendo y pidieron en inglés algo. No se hicieron entender muy bien porque no hablaban ese idioma propio de las Islas Británicas en dicho establecimiento.

Al cabo de un rato regresaron al estacionamiento el resto de los coches ingleses que yo antes había visto. En uno viajaban jóvenes, en otro una pareja con niños, en otro los que debían ser los abuelos. Hasta un par de perros sacaron a pasear. Luego se metieron todos los humanos al comedor con gran trasiego y juntado mesas. Comenzaron a intentar hacerse entender en su idioma natal para desesperación de lo camareros.

Entonces, yo, que les había escuchado, me ofrecí a mediar por entenderles algo. Así lo hice, tras consultar con los dueños. Y explicarles que “chanaba” tan complicado idioma.

En un principio los ingleses me volvieron loco. Me trataron con cierta displicencia y chulería. Les intenté complacer hasta que me pareció que se pasaban del ámbito de quien intenta ayudar para entrar en el de la exigencia. Así es que tras ordenar la comanda les expliqué (“I´m a tourist”) que estaba comiendo como ellos. Y con la mente les mandé a buscar guano.

Allí les dejé para acabar con mi comida, sin dejar de estar pendiente del grupo, lo cual no era difícil con el escándalo que montaban.

Al cabo de un rato empezaron a levantarse en grupos. Unos iban al baño y otros salían. Creo que incluso volvieron a sacar los perros para que estirasen las piernas. Hubo un momento en que sólo quedaban en el comedor el matrimonio de los mayores, los que parecían los abuelos. Algunos coches abandonaron el estacionamiento con sus ocupantes a bordo. Poco después, también se fueron los que parecían abuelos de algunos del grupo. Todos habían comido opíparamente y ninguno abonó cantidad alguna de dinero.

Cuando la dueña descubrió el desaguisado clamó a los cielos descomponiendo el gesto. Alguna lágrima se le escapó.

No sería la primera vez que presencié lo que se conoce como un “simpa”(de sin pagar). Otra vez nos pasó en una parada al salir de Valencia en un pueblo desviándose un poco de la carretera hacia Madrid. Había un salto de agua cerca de la población. Un matrimonio maduro se marchó sin abonar la consumición pese a que un camarera les siguió implorando hasta el coche. Lo hicieron con gran desfachatez, pero esa es otra historia; sucedió en otro punto, muy distante, de la geografía hispana.

Me quedo, ahora, con lo sucedido en Galicia con los extranjeros. Pese a mis esfuerzos con el inglés, pese a la buena disposición en atender a los foráneos, éstos, con actitud chulesca, malos modos y premeditación, no abonaron su factura. Los dueños del establecimiento lo lamentaron.

Yo me quedé pensando. Cuánto daño somos capaces de hacer sin apenas saberlo. Cuánto daño habré hecho yo sin siquiera proponérmelo.

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editado por...Wladi Martín @ viernes, mayo 01, 2020
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miércoles, agosto 19, 2009

Coleccion de imagenes de Vuelta Cicloturista

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editado por...Wladi Martín @ miércoles, agosto 19, 2009
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sábado, agosto 15, 2009

Completamos la Segunda Etapa





Arganda del Rey - Aranjuez (62 Km.)

De momento, poco más os contamos. Llegamos tarde a casa (tras recoger el coche en Arganda) y hoy volvemos a salir. Así es que, un poco de paciencia y seguiremos informando. De momento, hoy queremos salir de Aranjuez y llegar a Parla. Ahí podremos darnos un bañito en la piscina si llegamos a buena hora. Pero, antes, queda aclanzar Ciempozuelos desde Aranjuez (y no sabemos por dónde), pasar a Valdemoro, rodear Pinto y llegar a Parla; so pena que demos con el acceso Esquivias por carreteras 'razonables' y, desde allí, encontremos el camino de la Fuente de la Teja para atravesar por Torrejón de Velasco (Torrejoncillo) acceder por caminos a Parla Sur. Ya os lo contaremos.

Y mañana... ¡más!


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editado por...Wladi Martín @ sábado, agosto 15, 2009
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jueves, agosto 13, 2009

I Vuelta Cicloturista a la Comunidad de Madrid

Bueno... Bueno, bueno, bueno. Pues ya hemos empezado nuestra nueva locura-proyecto. Otros se ponen como objetivo un vuelo barato y una playita para pasar unos días. Algunos, se lo cuecen con un familiar, o varios, para organizar unos días en el pueblo y cosas de esas... El caso es que un servidor y su fiel escudera se lo han montado en plan 'duro' (o casi) y se han metido ya la primera etapa de esta I Vuelta Cicloturista a la Comunidad de Madrid, que, lo mismo, acaba en algo consolidado.



Estábamos seguros de que era imposible que lo lográramos, tras varias pruebas iniciales. Por eso precisamente nos animamos más. Ahora, ya hemos empezado y seguimos pensando que no lo lograremos, pero ya hemos empezado y tenemos curiosidad por saber hasta donde nos llegan las fuerzas. Mañana, si conseguimos salir de la cama pensamos volver a Arganda del Rey donde hemos acabado hoy la etapa. En total hemos cubierto 57 Km. (que se dice pronto). Según nuestro marcador (el de la bici) hemos estado pedaleando casi 4 horas. Salimos de casa (de Torrejón de Ardoz) a las 9h. 20 min. Y hemos llegado a Arganda (donde habíamos dejado el coche) a las 17 h. 15 min. Es decir que la jornada ha sido de ocho horas como si fuera una jornada laboral.

Nuestras primeras pedaladas se dieron por zona de caminos que conocemos bien para salir de Torrejón de Ardoz. Por el cauce del Henares hay sendas que ya tenemos muy conocidas y que nos conducen hasta las laderas del Cerro del Viso. Tras superar la primera loma seria divisamos Torres de la Alameda y nos lanzamos hacia la localidad con ganas de pillar las primeras sombras. El día ha sido muy caluroso y ya, a esas horas, empezábamos a buscar refugio del sol.



Desde Torres de la Alameda fuimos hacia Valverde de Alcalá sin saber que había que seguir subiendo lomas. A pesar de transitar por asfalto tuvimos que echar pie a tierra en alguna ocasión. Estaba previsto; ya hemos dicho que esto es una marcha cicloturista de carácter deportivo, pero no competitivo. Bastante reto representa superar ciertas limitaciones propias, como creemos haber conseguido de momento.



De Valverde de Alcalá, que se preparaba para sus fiestas con talanqueras en algunas de sus calles, salimos pronto. Sólo encontramos una fuente y no tenía mucho abrigo del justiciero sol, de manera que decidimos seguir en dirección a Nuevo Baztán. Sabíamos que tendríamos que volver a subir buenas cuestas pues el pueblo se encontraba en una hondonada. Con más ánimos que fuerzas afrontamos las pendientes y, enseguida comprobamos que los ánimos declinan pronto, cuando merman las fuerzas. Fue un auténtico calvario subir los pinares que separan Valverde de Nuevo Baztán. El sol era implacable y, para colmo, las moscas mostraban una tenacidad y simpatía por nuestra piel fuera de lo común. Nos iban comiendo literalmente.



Tras varias paradas a beber agua y algunas caminatas tirando de las bicicletas coronamos la última ladera y vimos ante nosotros las llanuras que conducen al pueblo en que José Churriguera dejó su huella (Nuevo Baztán). Creíamos que ya estaba todo hecho y, sin embargo, el sol no nos dio cuartel de manera que llegamos más quemados que la moto de un hippy a la bella localidad que debe su nombre a un amigo del Rey Carlos II, Juan de Goyeneche y Gastón.

Nuevo Baztán. Comida y descanso en el conjunto histórico

El municipio fue fundado en 1709 segregándose su territorio del municipio de Olmeda de las Cebollas (hoy Olmeda de las Fuentes -singular pueblo que merece la pena visitar por su belleza y por ser casi ignoto en toda la Comunidad de Madrid-).



El Palacio-Iglesia de Goyeneche fue construido entre 1709–1713, por José de Churriguera.



En Nuevo Baztán vivían familias navarras, castellanas, flamencas y portuguesas. Pero el pueblo fue construido por agotes, venidos de Navarra del valle de Baztán (de ahí que se llamara Nuevo Baztán).


En el parque que se extiende frente a la portada principal de la iglesia de San Francisco Javier dimos buena cuenta de unos bocadillos de embutido comprado en el supermercado que hay junto a la 'plaza del secreto'. Luego, nos refrescamos largo tiempo en la fuente y nos tumbamos a descansar en el césped. Mientras, potentes coches descapotables y cuatro por cuatro aparcaban a nuestro lado. De ellos salían hombres con camisa, pantalón corto y zapatos sin calcetines y mujeres con bolsos de mano, peinado de peluquería y pantalones largos. Sin duda se trataba de turistas de un tipo muy diferente al nuestro.


No pudimos echar la siesta como pretendíamos. Las moscas seguían pesadas como ellas mismas. Se puede decir pues que nos decidimos a partir... ¡por si las moscas!

En cuanto tomamos la carretera hacia Vilar del Olmo comprendimos que el sol estaba en pleno apogeo. Pasaban unos minutos de las dos y la carretera parecía derretirse ante nosotros.



Enseguida nos asomamos al barranco desde el que se divisa Olmeda de las Fuentes, al oeste, y más al sur, Villar del Olmo. Nos deslizamos por las rampas en dirección a esta última población y, enseguida, descubrimos que no era preciso bajar del todo. Una desviación hacia Campo Real se ofrecía hacia la derecha. El ofrecimiento llevaba su veneno; la carretera se empinaba hacia arriba de manera endiablada. Una nubecita nos convenció de que era el momento oportuno de liarse a pedaladas. Todo fue una quimera. Apenas unos segundos después el sol mordía nuestra piel sin clemencia. La cuesta volvió a traer como consecuencia el famoso 'pie a tierra'. Lo malo era que no se encontraba una sombra por ninguna parte.




La tortura duró unos largos minutos hasta conseguir alcanzar la nueva cima. Pero, por delante, se estiraban largos kilómetros de carretera a pleno sol. Había menos sombra que en el patio de colegio de un niño saharaui. Y allí estábamos los dos cicloturistas de esta historia sudando la gota gorda y echándonos agua por la cabeza a cada kilómetro. Llegar hasta Campo Real fue todo un triunfo. Nuestro esfuerzo merecía un premio y decidimos parar en un bar del polígono industrial (El Ven y Ven II). Allí dimos buena cuenta de unas cervecitas a punto de congelación que nos supieron a gloria.




Tras algunas dudas con las señales de tráfico encontramos el camino hacia Arganda del Rey; nuestro destino. Las rampas de bajada fueron mejor premio que las birras. Todavía quedaban ocho kilómetros pero casi todo era de bajada. Así es que nos volvimos a animar y nos lanzamos por las pendientes hacia abajo.


Cuando llegamos al coche pusimos el aire acondicionado como si dispusiéramos de una lámpara maravillosa (con genio dentro y todo). Nos quedamos un rato viendo cómo emanaba ráfagas de aire frío como por arte de magia. Casi se nos olvida meter las bicicletas en el maletero.



Hay que decir que decidimos llevar el coche hasta Arganda porque ya nos tocó discutir con un 'seboruco' (palabra cubana que Uds. deben descubrir su significado si lo desean). El intransigente uniformado no consintió que metiéramos la bicicleta pese a que no mostró la reglamentación en ningún momento. Así es que para garantizar el buen fin de esta primera aventura decidimos lleva nuestro coche el día anterior (en realidad dos días antes). También mañana tenemos pensado cargar las bicicletas en el coche para empezar la segunda etapa en el mismo punto que ha finalizado esta primera. Pero de eso hablamos ahora.


Segunda etapa.


Es nuestra intención partir mañana viernes día 14 tempranito con las bicis en el coche. Queremos llegar a Arganda del Rey donde estacionaremos el automóvil y comenzaremos a pedalear. Aprovecharemos el trazado de la Vía Verde del Tajuña hasta Morata (también de Tajuña). Desde allí abandonaremos la estupenda alfombra de esta calzada ciclista para dirigirnos a Chinchón. Seguro que hay ocasión de visitar su famosa Plaza Mayor, por más que eso suponga bajar la formidable rampa en que se encuentra esta villa famosa por su anís. Luego, el objetivo es llegar a Aranjuez, donde pensamos tomar bellas imágenes que den prueba de que hemos concluido nuestra nueva hazaña (si es que es así; que está por verse). Desde Aranjuez pensamos regresar a Torrejón en Cercanías y, ya por la noche, regresar a por el coche.


Adelanto de las restantes etapas.


Como no tenemos objetivos fijos, ni fechas, ni plazos... adelantamos que tenemos intención de realizar una tercera etapa de Aranjuez a Parla (el sábado 15). Posteriormente, el domingo 16 queremos llegar a Guadarrama donde esperamos que un familiar nos de cobijo, para emprender el lunes la última etapa (de Guadarrama a Torrejón de Ardoz, nada menos). Pero insistimos en que todo esto es una idea y que día a día igual tenemos otra u otras muchas... ¡somos así! De momento estamos disfrutando como enanos y sorprendiéndonos de que seguimos rebasando límites que creíamos tener. Ya veremos cuando nos estampamos con la cruda realidad.

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editado por...Wladi Martín @ jueves, agosto 13, 2009
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lunes, agosto 10, 2009

Extracto de la película del Viaje a Asturias

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editado por...Wladi Martín @ lunes, agosto 10, 2009
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viernes, junio 26, 2009

Proyecto de Vuelta Ciclista a Madrid

Creo que en una semanita podría dar la vuelta en bici a la Comunidad de Madrid. Me propongo hacerlo en pleno agosto (¡qué calorina!). A ver; es cuando tengo vacaciones. Tenemos el mes de julio para ponernos en forma o ir haciéndonos a la idea (que nunca se sabe qué es mejor). Si alguien se interesa por el tema que lo diga... o calle para siempre.


Ver mapa más grande

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editado por...Wladi Martín @ viernes, junio 26, 2009
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sábado, mayo 02, 2009

Albumes de fotos

He actualizado un álbum de fotos y he creado otro con imágenes viejas de grupos de yudocas, en viajes, por toda España. Me encanta cómo han quedado y he pensado en compartirlos… Aquí están.

Viajes y Excursiones


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editado por...Wladi Martín @ sábado, mayo 02, 2009
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miércoles, marzo 11, 2009

Estuvimos en Portugal

Pica en nuestro album de fotos
http://www.fileden.com/album/1371795/74660

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editado por...Wladi Martín @ miércoles, marzo 11, 2009
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jueves, junio 26, 2008

Lanzahita


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editado por...Wladi Martín @ jueves, junio 26, 2008
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lunes, agosto 06, 2007

Excursión: Chinchón, Colmenar de Oreja, Villarejo de Salvanés...

Siempre es un placer recuperar actividades sencillas que han venido a proporcionar relajación en otros momentos. Eso de coger el coche y hacer una excursión, tiene su lado maravilloso. Se recorre una distancia que, hace pocos años, no era fácil cubrir, más que en sucesivas jornadas. Con ello, se condensa en una mañana, lo que nuestros antecesores tenían que hacer en unos días.



Ya hace tiempo que no me acercaba por Chinchón, ‘tan cerca, tan lejos’… Ahora te encuentras carteles que te anuncian que estás en la ‘Ruta por las vegas’. Es decir, que se pueden recorrer multitud de localidades cercanas a los ríos Tajuña, que afluye sus aguas al Jarama, que a su vez afluye en el Tajo. Los tres ríos dan una cierta uniformidad a estas tierras en las que hay buenos vinos y productos de huerta; también ajos, melones, cestería…




No era nuestro propósito hacer ningún recorrido turístico, todo lo contrario. Por eso, quizás, empezamos yendo hasta Illescas, para comprobar cómo ha avanzado el salvaje movimiento urbanístico. (Es la locura). También vimos Esquivias y Yeles. Nos entró una especie de depresión de ver lo sucio y feo que puede llegar a ser un barrio como el de ‘La estación’ de Yeles, en la que vive gente humilde a escasos metros de una monumental cementera. Hay un parque infantil lleno de polvo cuya linde se comparte con la de la instalación cementera.



Salimos huyendo de allí y pasamos por Torrejón de la Calzada camino de Ciempozuelos. Antes de legar nos encontramos con la zona sur de Valdemoro. También es impresionante cómo ha crecido la localidad. Pero el conjunto por el que nos adentramos un poco, no era tan feo; hasta resultaba agradable.




Salimos de Valdemoro para reanudar la marcha hacia Ciempozuelos. Allí hicimos una parada que resultó inútil a nuestros propósitos. El cementerio estaba cerrado. Su horario es de 9:00 a 13:00 y de 15:00 a 17:00 horas todos los días. Eran las 13:40. Nos marchamos sin poder pasar un rato en el interior. Prometimos volver, pero nos llevamos en la memoria el recuerdo de los familiares desaparecidos cuyos restos allí descansan.




Poco después pasamos por Titulcia, con su paseo umbrío gracias a sus frondosos árboles y, por fin, llegamos a Chinchón. Estaba literalmente tomado por turistas de interior. El sol implacable calentaba de lo lindo las calles con y poquitas sombras. Pese a todo, algunos esforzados caminantes, pateaban las cuestas de la localidad entre soplidos y lamentos. Hoy día los coches suelen tener aire acondicionado, lo que invita a no salir de ellos más que para entrar a otro sitio refrigerado. Entre eso y lo saturado que estaba el pueblo, tomamos unas cuantas fotos y nos marchamos hacia Colmenar de Oreja. Además, la famosa plaza estaba fea. Entre andamios, mallas de protección de obras, talanqueras para delimitar la fiesta taurina… Estaba hecha un verdadero asco y eso que dentro de unos días comienzan sus fiestas patronales en honor a San Roque y la Virgen de Gracia.



En Colmenar la tranquilidad hacía contraste con la agitación de la vecina localidad que acabábamos de dejar. Pero el calor era el mismo. Dimos una vuelta con el coche para ubicarnos y aparcamos en una sombrita, junto a la Iglesia de Santa Marta la Mayor. Está cerrada por obras y no se puede visitar. Pero su exterior es magnífico con toda la piedra limpita por las labores ya acometidas. ¡Menudo torreón!

Caminamos junto a la fachada en que se asoma una estatua de San Bernardino de Siena, sin manos. Un grupo de palomas se le subían por la cabeza, los brazos, la espalda… La cara de la escultura del sufrido santo parecía estar diciendo: ¡cómo os coja!



No sabemos si las cogió o si las molestas palomas siguieron allí incordiando al santo. Nosotros nos metimos en la magnífica plaza mayor y pasamos al Restaurante Don Cándido (Chamorro). Pese al calor sofocante y a tener la puerta abierta, en el comedor se estaba fresquito. Pedimos una ‘ensalada colmenareta’, unas setas, un caldero de cuhifrtio y unas codornices. Con buen vino de la región y soberbios bollitos de pan candeal dimos buena cuenta de todo ello. Aliviamos nuestras flaquezas con alegría y ritmo de caballería a galope. Luego, más calmados y reconfortados fuimos regalados con finos ‘chupitos’ de anisados, muy propios de la zona.



Todavía antes de regresar, pasamos por Belmonte de Tajo, donde tomamos un par de fotografías.




De allí nos dirigimos a Villarejo de Salvanés, donde paramos a tomar un ‘cafelico’. Dimos un garbeo por las inmediaciones del castillo, del que sólo se conserva la torre del homenaje. Pero está magníficamente restaurada siendo su propiedad del Ayuntamiento de la localidad.




La diversión de los mozos del pueblo debe ser la de 'colar'

la botellita sobre el marco de la puerta principal

de entrada a la Iglesia Parroquial de San Andrés

(Villarejo de Salvanés)

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editado por...Wladi Martín @ lunes, agosto 06, 2007
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viernes, marzo 30, 2007

Al camino llaman tránsito como si la vida no lo fuera



Tres años después, me decido de nuevo a hacer el Camino; esta vez a pie y desde Villafranca del Bierzo
En estado de pompas que hierven y no de calor más sí de emoción, me consume una brasa el ánimo que otrora dormitara en el lecho de la muerte, que siempre pone la sábana en el ocaso de la vida. Si oscurantista me lees, no dejes de echar un vistazo a este humilde y perezoso ‘wladiario’ do hallarás en breve –paciencia- mis próximas aventuras. Me dispongo a hacer camino; a hacer el Camino, para más señas. Y todo en mí es alborozo o todo alborozo soy yo, que tanto da en éstas que me ando (o que pronto me andaré, para ser más exactos). Otros buscan con denuedo el solaz allá donde su carruaje les lleve por mor de caminos infestos de otros coches. Aquí, si vuesas mercedes lo dan en consentir, este menda se dispone a desconectar en la medida de lo posible para sublimar terrenales pasiones en fehaceres más espirituales y menos conspicuos. Haremos por bien la penitencia de comer cuando nos llegue en ello el empeño de caminar hasta donde se nos de aposento. Tomaremos de la naturaleza cuanto nos sea dado tomar en cuanto a lluvias, aires, fríos y calores, pues de caminantes nos tornaremos peregrinos en pos de no se qué ideal religioso o que se pluguiera el alma albergar. Misterios insondables nos limitan el entendimiento de nuestra decisión pero esperamos compartirla para solaz y recreo de nuestra escuálida parroquia. Sólo es menester esperar a nuestra vuelta y permitir que nuestras fatigadas ancas nos lleven frente a este infernal artilugio que tanto bien como inquietud nos suele traer. No podremos como sería de nuestro agrado ir transmitiendo los acontecimientos según se presentaran, pero la limitación pecuniaria que el buen entendimiento lleva a tener en el peregrino nos ha impedido dotarnos de artilugio infernal transportable al efecto. Eso y la falta de generosidad de quienes habiendo hacienda y ganancia con el esfuerzo de éste que firma niegan la herramienta con la que se pudiera haber llevado a efeto la empresa.



Queda la palabra dada de que haremos apósito de contingencias y vivencias con las que narrar lo más perfeto posible el avatar que el destino nos depara en breve.


La partida habrá de ser en la mañana del sábado cuando la albina luz rasgue el velo nocturno. No por medrar ni por flojera iremos montados en coche hasta el punto de partida efectiva. Son cosas de la limitación del tiempo que urge el alma, el espíritu y hasta los cuerpos, por más que es condición humana. Vale decir que disponemos de contadas las jornadas que habrán de dar con nosotros en la plaza del Obradoiro, mundialmente conocida por la andanza del Matamoros, el tal Santo Yago que a la ciudad prestó su nombre: Santiago.

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editado por...Wladi Martín @ viernes, marzo 30, 2007
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sábado, marzo 25, 2006

Barcelona

En estos días convulsos dentro del panorama patrio, suenan rumores de desmembramiento, de desmoronamiento, de desaparición… Demasiados “des” se le antojan a uno. Algunos piensan que se está poniendo a España en el trance de desaparecer, al menos tal y como la conocemos (¿¡conocemos!?).



Se afilan los sables de la intransigencia y se oye su ruido. No gusta que el país vecino (¡uy! Le hemos llamado “país”) se promulgue como tal. Con la calladitos que estuvieron durante mucho tiempo, sin hacer ruido. Trabajando y callando, que de eso sí tienen fama, de trabajadores… y de tacaños: la pela es la pela. El caso es que se presentó la ocasión de pegar un zapatazo al viejo BMW y volver a tierras de butifarra y sardana. Y no nos los pensamos demasiado. Hacía una eternidad que no visitaba Barcelona y la encontré como la recordaba: limpia, ordenada, enorme pero asequible, laboriosa pero no ajetreada, hospitalaria sin ser bullanguera, cercana y misteriosa a un mismo tiempo.




Era poco el tiempo de que disponíamos pero bastó para conocer los ferrocarriles catalanes. Lo cogimos en Rubí y llegamos hasta la Plaza de Cataluña, como siempre llena de palomas. Paseamos por la rambla hasta Colón, hasta el mar. Cruzamos al Maremagno y volvimos por Correos, por el casco viejo y el barrio gótico. Cogimos el metro y nos fuimos a la Plaza de España. Caminamos hasta el Palacio de Montjuich. Ya por la tarde regresamos a la gran urbe en coche. Y dimos varias vueltas a la ciudad en busca de Hostal. No encontramos ninguno baratito que dispusiera de zona en la que dejar el coche cerca, sin riesgo de que lo levantara la grúa al día siguiente. Y es que el lunes 20 (fiesta en Madrid) era laborable a todos los efectos en toda Cataluña. Así es que tomamos algunas fotos de la Torre Agbar, de la Sagrada Familia, merendamos en la Barcelona alta, cerca del barrio de St. Andreu y nos desplazamos a las afueras a buscar alojamiento.






Por la mañana, tras desayunarnos, volvimos al coche para acercarnos al Parque Güell (una deuda que uno tenía desde hace tiempo). Por fin descubrí el bello monte diseñado en jardín por el genio Gaudí. Lástima no disponer de más tiempo. Lástima que se le escape a uno el fugaz paso del viento y no poder detener la brisa; no poder detener la mirada, capturar el aroma y poseer la calma de los árboles por siempre.



El parque estaba atestado de gente y, sobre todo de turistas. Pero no todos se muestran generosos a la hora de conocer. Se diría que incluso huyen de los lugares poco transitados o concurridos. El parque se despliega caprichoso sobre la ladera de un monte escarpado, de manera que el jadeo acompaña en buena parte del recorrido. Tanto más jadeo, tanta más soledad. Así es que Cristina y yo jadeamos bastante. Somos poco dados a mezclarnos con otros, así como así. Disfrutamos de la vista de las alturas. Es un placer que encontré desde muy pequeño. Siempre subirme al alto desde el que mejor se vea el pueblo, la villa, la ciudad o el lugar al que he viajado. Luego leí La Regenta y en sus interminables primeras páginas descriptivas me reconocí en el cura ligón que tenía la misma costumbre. La de alejarse para ver mejor el lugar al que se ha llegado; casi siempre subiendo un monte. También me gusta hacerlo en el mar, donde no es necesario subir una montaña para tomar distancia y perspectiva; basta con nadar mar adentro.




Cuando visitamos Barcelona no estaba la cosa como para alejarse a nado mar adentro. Fuimos a una playa, eso sí. Y encontramos varias fábricas a pie de arena; qué horror. Sus chimeneas, bien humeantes, eran toda una invitación a largarse lo antes posible con el pensamiento bien prendido de que hemos acabado por hacer del Mediterráneo una enorme laguna salada llena de mierda. Algún día lo pagaremos caro (si es que no hemos empezado ya a pagar por ello).




La vuelta, como siempre nos ocurre en estos casos, la hicimos bastante silenciosos. Al emprender el retorno solemos entrar en un estado de desencanto que se va convirtiendo en un sordo cabreo a medida que vamos descontando kilómetros hasta nuestro destino. Entre mis reflexiones (son muchos kilómetros) apareció el Estatut. A uno que siempre le ha molado de profunda convicción eso que llamamos “libertad” no le extraña que esa gente que dejaba atrás luchara por su independencia en el grado y la forma que puedan conseguir. Los vi tan diferentes que no me extraña que quieran esa diferenciación. Ya la hay; siempre la hubo. Lo que pasa es que hay una historia y no siempre la recordamos; no siempre la respetamos. Otras veces es mejor conocerla precisamente para no respetarla. Alguien dijo en un momento crucial de la historia reciente de España “todo está atado y bien atado”. Si antes hemos dicho que nos gusta la libertad, tenemos que añadir –es lógico- que no nos gustan las ataduras. Así es que nos preguntamos ¿Y cuándo coño vamos a desatar algo? Tal vez se hayan empezado ya a aflojar muchos nudos.

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editado por...Wladi Martín @ sábado, marzo 25, 2006
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