wladiario

Las cosas de W&CC así como de ALMAYARA.

contador de visitas

domingo, febrero 08, 2026

"Por amor al arte. Seis generaciones de artistas"

Presentación del libro de Thais Martín de la Guerra en el Palacio Bauer



El viernes 6 de febrero de 2026 tuvo lugar un acontecimiento de esos que no se olvidan. Mi hermana Thais Martín de la Guerra presentó su libro Por amor al arte en un acto espectacular; lleno de arte, como no podía ser de otra manera. Para empezar hay que destacar el marco en que se produjo. Sólo visitar el precioso teatro de la Escuela Superior de Canto (Palacio Bauer) en la calle San Bernardo de Madrid, ya merece la pena. No en vano está declarado Bien de Interés Cultural.





Pero es que, además, el acto estuvo salpimentado con números musicales de gran valor. La soprano Eva Marco y el tenor Andrés Lara, acompañados de la pianista Cristina Presmanes elevaron la calidad del evento. También destacaron los meritorios miembros de la Rondalla Lírica de Madrid, que arrancaron al numeroso público a cantar pasajes de sobra conocidos. Hasta la hija de la autora, Dalila Garmendia Martín se prestó a interpretar una pieza al piano y poco después tuvo unas emotivas palabras hacia su madre. De este modo, se puede decir que hubo momentos de deleite sublime, de sonrisas y de emoción; hasta alguna lagrimita se escapó por ahí.



En lo que fue la presentación del libro, propiamente dicho, intervino como moderadora la polifacética Cristina Presmanes, antes citada. Junto a la autora del libro, Thais Martín, se encontraba su primo, Antonio Calero Westermeier, que habló de la rama familiar de los Westermeier y De la Paz. Otra cosa es la rama De la Guerra, que aunque suene a guasa, se acabaron encontrando, demostrando, como recordó la autora, que la realidad, a veces, supera la ficción. A los curiosos sólo me queda animarles a hacerse con el libro. Seguro que lo disfrutan.




Al final del entretenido acto, mientras la autora firmaba ejemplares de Por amor al arte. Seis generaciones de artistas, se ofreció un vino español en el que la mayoría de los asistentes coincidieron charlando animadamente de cientos de anécdotas surgidas al albor de lo recién referido en el teatro. No en vano coincidieron compañeros de profesión de la autora, del colaborador -ambos músicos- y hasta de las orquestas y centros en los que desarrollaron su vida laboral los padres de Thais y Antonio.





PICAR AQUÍ PARA VER VIDEO DE TODO EL ACTO

Etiquetas: , , , , , , , ,

editado por...Wladi Martín @ domingo, febrero 08, 2026
0- Comentarios a esta nota -

domingo, enero 18, 2026

A propósito de Allen ¿Qué pasa con Baum?

Hoy que he terminado de leer el último libro de Woody Allen, me surgen algunas reflexiones y recuerdos.



El nonagenario genio neoyorquino ha sorprendido escribiendo a su avanzada edad su primera novela. En ella destila su peculiar humor, fino y cínico a partes iguales, basándose en un protagonista que inevitablemente nos recuerda a él mismo.


Yo vivía, hace muchos años, en Caño Roto, cerca del Canódromo de Carabanchel. Mi colegio estaba en la callejuela Bocarrana; fantástico nombre que se acabó perdiendo. También está en desuso el de poblado de Caño Roto, que ha devenido en barrio de Los Cármenes. (¿Dónde va a parar?).


Muy cerca del colegio, en la misma calle del canódromo, pero más arriba, hacia Carabanchel Alto, había dos salas de cine pegadas la una a la otra. Eran los cines Canadá y Kursal. Este último también tenía discoteca adyacente.


Daban, en sesión continua, dos películas. A mi siempre me ha gustado mucho el cine. A pesar de no encontrar compañía una tarde me decidí a pasar a una de las dos salas -no recuerdo cuál- a pesar de que las carteleras no me parecían sugestivas. Proyectaban, una detrás de la otra, “Trafic” de Jaques Tati y “Toma el dinero y corre de Woody Allen”. A ninguno de los dos genios se les podía considerar por entonces conocidos, ni mucho menos. Del cineasta francés ya hablaremos. Ahora nos ocupa Woody Allen.


Ambas películas me conquistaron. Quedé impresionado y comencé a seguir a ambos llegándome a declarar fan incondicional del judío neoyorquino. Por entonces, ya digo, nadie le conocía y mucho menos en mi entorno. Era la década de los 70. Todavía había un único noticiario y todas las cadenas de radio y las dos únicas que había de televisión, estaban obligadas a emitirlo. Otros tiempos.


Mi pasión por Woody Allen fue tal que llegaron a llamarme Woody, en lugar de Wladi. En aquella época el norteamericano aún no había sido galardonado con un óscar al mejor director por “Annie Hall”; cinta que también se llevó la estatuilla como mejor película (1977).


Por cierto que Woody Allen no recogió el galardón. Estaba tocando el clarinete en un club de jazz. No iba a dejar tirados a sus amigos. Esa fue su excusa para no acudir a tan rimbombante acto.


Y llegados a este punto recuerdo una estupenda anécdota que narra como conseguí el autógrafo del singular actor y director.


Debían estar próxima la década de los 80. Un amigo me llamó explicándome que una compañera de trabajo iba a ir de viaje a Nueva York y quería visitar el club dónde sabía tocaba regularmente el clarinete el señor Allen. Tenía pasión por el ya por entonces famoso cineasta, pero no encontraba forma de averiguar dónde verle.


Mi amigo Mario le explicó que tenía a la persona indicada para averiguarlo.


- Si quién yo pienso no te lo sabe decir, es difícil que encuentres alguien en España que lo sepa.


Se refería a mi.


Recuerdo que por entonces, no funcionaba Internet. Ni siquiera había ordenadores personales en los domicilios del común de los mortales. Tampoco teléfonos móviles.


Yo tenía un fantástico archivo con cientos y cientos de recortes de prensa. Guardaba todo lo que aparecía publicado sobre Allen o su obra o su entorno. Incluso era suministrado por mis amigos. Me entregaban regularmente artículos, fotos y otras publicaciones del tema.


Así es que le pedí a Mario un par de días pues no estaba seguro de tener el dato, pero quería repasar a fondo mi archivo.


Efectivamente, dentro del plazo que pedí facilité el dato requerido.


- Di a tu amiga que toca los martes en el Michael´s Pub.


No sólo eso. Le di la dirección, le proporcioné los horarios de las actuaciones. Hasta facilité el teléfono del club para poder hacer reserva; cosa muy recomendable.


La muchacha no se lo podía creer. Fue a escuchar al polifacético artista y tuvo el detalle de pedir su autógrafo para mi, en señal de agradecimiento. A su vuelta me fue entregado. Lo he guardado muchos años como un auténtico trofeo.


Volviendo a la novela “Qué pasa con Baum” y sin entrar en valorar técnicamente la obra -cosa que no me considero capacitado para hacer- diré que será del agrado de los seguidores de Allen y muy del desagrado de sus detractores – que también los tiene-.


Una de las muchas películas de Woody Allen se titula “Sombras y niebla”. También las hay en su dilatada vida. Pero, en todo caso, es curioso que tan aparentemente frágil personaje haya sido capaz de levantar grandes pasiones y, casi en la misma proporción, grandes y furibundas aversiones. En muy poquitos casos deja indiferente. Por algo será.

Etiquetas: , , , , , , , ,

editado por...Wladi Martín @ domingo, enero 18, 2026
0- Comentarios a esta nota -

domingo, diciembre 28, 2025

El muro de hormigón


En su alegoría de la caverna, Platón nos habla de la condición humana; sobre todo en lo relativo a las creencias y la importancia de la mente. Lo hace de manera genial.


Narra cómo un grupo de hombres y mujeres no pueden salir de la cueva en la que viven. Pero ven sombras en una pared. Las provocan objetos y seres que viven en el exterior. Creen en las sombras proyectadas como si fueran la propia realidad.


Alguien de ese clan o tribu consigue escapar de las tinieblas y salir de la sima. Deslumbrado en un principio, pronto acierta a comprender que lo que ve no es lo mismo que lo que veía dentro de la gruta. Lo que veía en su morada y tomaba por realidad era producido por algo muy distinto y que ahora había descubierto. Al volver narra su experiencia y es acusado de loco.


- ¡Venir a cuestionar lo establecido desde hace años y años!


Hoy me he leído un cuento que me ha evocado esta alegoría del filósofo griego. Pero varía un poco.


Vamos con “el muro
de hormigón” a ver si es de tu gusto, querido lector.


Antonio va al médico y se le descubre una enfermedad grave, pero que con reposo absoluto y el debido tratamiento podría llegar a remitir. Hay que actuar con diligencia por lo que es internado inmediatamente en un hospital especializado en ese tipo de casos.


Se le asigna una habitación que ya tiene un inquilino. Lleva allí varias semanas con un percance similar al de Antonio. Se llama Miguel y tiene buen carácter. No tardan en hacer amistad y pasar largos ratos charlando.


Miguel tiene su cama junto a una amplia ventana por la que entra luz a raudales. El recién llegado, Antonio, en cambio, no tiene la suerte de ver el exterior. La ventana sólo le consuela por la luz que deja pasar a la habitación.


Un día en que Antonio se encuentra particularmente aburrido le pregunta a su compañero Miguel si hace buen tiempo. Éste le contesta que sí, que tanto es así que la familia que vive en frente ha salido al jardín y que los dos niños juegan con una pelota mientras los padres arreglan las plantas y las flores de su pequeño parque. Ya ha llegado la primavera.


La cosa vuelve a repetirse al día siguiente. Antonio vuelve a preguntar por lo que se ve al otro lado de la ventana. Miguel contesta con todo lujo de detalles. Otro día, otra vez lo mismo. Miguel siempre está dispuesto a relatar lo que ve. Lo hace gesticulando y satisfecho de su relato. Pasa a ser una costumbre entre ellos.


Hay días que el propio Miguel toma la iniciativa y no espera a ninguna indicación de Antonio.


- ¡Mira! Ya sale el marido con una carpeta bajo el hombro. Debe de ir al trabajo.


En otras ocasiones:


- Se va la mujer con los niños. Me parece que van retrasados. Hoy debe tocarle a ella llevarles al colegio y andan apurados por los gestos que hacen. Se les han pegado las sábanas.


La vida de los vecinos del otro lado de la ventana pasa a ser un entretenimiento para Antonio y Miguel. Son momentos en que ambos disfrutan y salen del tedio y de la pesadumbre, propios, por otra parte, de sus circunstancias. Miguel relame las palabras de su relato y Antonio escucha con sumo placer. Así, día tras día hasta que pasan varias semanas.


Un buen día, Miguel, que ha mejorado notablemente, es dado de alta. De momento parece haber vencido a la enfermedad, aunque debe seguir escrupulosamente los consejos médicos que le dan. Dieta adecuada, caminar mucho y con frecuencia, medicamentos recetados, revisiones periódicas…


Los ya por entonces amigos se despiden con mucho cariño y Antonio, enseguida pasa a tener un nuevo compañero de habitación al que se le asigna la cama que ocupaba Miguel; junto a la ventana.


El recién llegado no tiene el mismo carácter que Miguel. Es taciturno. Cruzan pocas palabras pese a que Antonio intenta ser sociable con él.


Después de una semana consiguen un poco de confianza. Gracias a ello y debido a que se encuentra muy aburrido, Antonio saca fuerzas y se atreve a preguntar, como el que no quiere la cosa...


- ¿Qué hacen los vecinos de enfrente? ¿Salen de la casa aprovechando tanta luz? Seguro que los niños juegan en el jardín ¿no?


El recién llegado hace un gesto de sorpresa y contesta extrañado:


- ¿Qué vecinos? ¿Qué niños, ni qué jardín? Desde aquí sólo se ve un muro de hormigón.

Etiquetas: , , , , ,

editado por...Wladi Martín @ domingo, diciembre 28, 2025
0- Comentarios a esta nota -

domingo, septiembre 21, 2025

El beso de Raimundo


Debía ser primavera. Habían salido las rosas con sus dulces olores y sonido de abejas alrededor. Los niños también bullíamos plenos de hormonas en nuestro entorno. Y eso que andábamos por los doce años de edad.

Entrábamos al colegio en filas de a dos y cantando lo de con flores a María. Mirábamos a las niñas en sus filas al entrar a nuestras correspondientes aulas. Estábamos convenientemente separados. Las niñas en sus aulas y los niños en las suyas.

Surgió la noticia como un bombazo. Mi compañero Raimundo, un tipo tirando a serio, había dado un beso a Mari Nieves, una niña muy mona de nuestra edad. Me imagino que fue en la cara y también que fue por sorpresa. Fue en el recreo.

Los chicos de aquella época, a esas edades, aún teníamos la moral en construcción. Distinguíamos perfectamente entre lo bueno y lo malo; entre el blanco y lo negro. Pero no apreciábamos nada en medio. Para nosotros no había escala de grises en cuestiones morales. O bueno o malo. Así de simple.

De manera que todos pensamos en que a Raimundo le esperaba lo peor. Fue sorprendido por algún profesor y se le dio cita para hablar con el director en compañía de sus padres. Igual le forjaban letras ofensivas en su limpia frente. Lo mismo le daban una paliza delante de sus padres.

- Incluso puede que acabe en un correccional -fantaseábamos-.

Creo que al final todo se saldó con expulsión del colegio. Es lo de menos. Tuvo su castigo. Es decir, que aquello era malo. No tuvo premio ni recompensa por lo que muchos años después considero una simple muestra infantil y espontánea de cariño; incluso de amor.

Poco después de aquello, en otro colegio del barrio al que iban mis primos, hubo otra impactante anécdota. Un chaval de unos doce años, tirando a cachalote, se peleó con un compañero alfeñique, un poco chinche. Consiguió derribar a su adversario y cuando aún se encontraba a cuatro patas pateo su cabeza. De allí al hospital con un gran revuelo en todo el barrio. En nuestra corta pero sencilla moral, aquello estaba mal. Pero algo, enseguida, nos hizo sospechar; igual estábamos en un error. Se citó al autor de la salvaje patada y a sus padres a hablar con el director. No obstante, también se citó a los padres del agredido, que obviamente no podía acudir a la cita por estar hospitalizado.

Pasaron los días y el agresor no abandonó el colegio ni sufrió aparente castigo alguno. Parece que no sólo se libro de cualquier tipo de sanción sino que además, desde entonces, los profesores saludaban al violento muchacho con algo muy parecido a la simpatía. Creo que tras un tiempo, el niño lesionado abandonó el hospital, pero nunca volvió al colegio.

Nos costó incluir en nuestro código moral esta variante. Resulta que no estaba mal. Por alguna razón, mandar a un compañero al hospital no era malo. Preguntábamos a nuestros mayores y nos decían cosas diferentes. Que el niño hospitalizado se lo había buscado por chinche y por provocador. Que si era un niño malo que molestaba a las niñas y se metía con los de menor edad. No entendíamos que aquello fuera motivo para que un niño estuviera excusado de patear la cabeza de otro.

Ya digo que nos costó entenderlo. Hasta que llegó un profesor al que apreciábamos mucho y considerábamos un sabio. Nos dio una consigna sencilla que todos comprendimos enseguida.

- Es que es gitano. ¿Qué queréis?


Etiquetas: , , , , ,

editado por...Wladi Martín @ domingo, septiembre 21, 2025
0- Comentarios a esta nota -

sábado, septiembre 06, 2025

Conde Yección


Andaba el conde en su huerta. Digo andaba porque así lo hacía y digo huerta porque acababa de volver de su última campaña; estaba de “huerta”. 

El conde, por nombre Iñigo Yección, era más conocido por “Conde Yección”, muy en consonancia con su copiosa manera de ingerir viandas y sus posteriores maniobras para aliviar las tripas. En ese motejo, hay que reconocer cierta mordacidad entre sus súbditos, que así se referían a él.

En uno de los raros momentos en que el noble ni comía ni deyectaba bolos fecales llegó un capitán de su ejército. Había acompañado a su señor en la última campaña y preguntaba:

- ¿Señor conde qué queréis “cagamos” con los moros “cagarramos”?

- “Cagaleras” los mandéis.

- ¿“Cagaleras” los mandemos? Señor “condeyección”, turbado me háis. Y pese a que turbado “meáis” cagaleras los llevaremos.

- Para acabar la transcripción de este viejo legajo y aún a riesgo de rozar lo escatológico citaremos al gran Calderón del Zurullo: “La vida es una barca”.

Etiquetas: , , , , , ,

editado por...Wladi Martín @ sábado, septiembre 06, 2025
0- Comentarios a esta nota -

sábado, agosto 23, 2025

RESIDENCIA EL ÚLTIMO PASEO


Dicen que los ancianos esquimales, cuando sienten cercana la decrepitud, se desnudan y parten del poblado en un último paseo. Lo hacen en silencio, con los pies descalzos sobre la nieve. Antes de ser inútiles, dejan las ropas, junto a todas sus pertenencias, para que otros lo puedan aprovechar y se van. Suelen marchar de noche, sin molestar, sin despedida. No hay más ritual que el de dejarse ir. Respirar profundo, relajarse y dejarse ir. También dicen que el frío, de tan intenso, se llega a asimilar. Hay un momento en que ya no se siente. Algunos científicos explican que se padecen delirios que alejan de la cruel realidad, evitan el dolor. Algo así describe Hans Christian Andersen en su famoso cuento La pequeña cerillera. La niña, antes de morir de frío, ve llegar a su querida abuela que le toma de la mano para llevar a su querida nieta a un lugar cálido. Una ensoñación, ya digo.


En otras latitudes y tiempos alejados del Círculo Polar comprendieron que esa costumbre era muy romántica -sí-, pero poco productiva. Un avispado observador inventó, inspirado en esta costumbre esquimal, las llamadas residencias para la tercera edad. Eso dicen. Incluso, parece ser que consta en antiguos archivos que la primera de ellas se llamó El último paseo. En realidad el invento es el de evitar ese tránsito final a cambio de unas monedas.


En un principio, la idea no acababa de entenderse, por nueva. Hubo enfrentamiento. Pero pronto se tocó la fibra de los afectados y se comprendió mejor. Nada de proezas. A cambio, un puñado de monedas; un buen puñado.


Si la abuelita tenía lo suficiente, se le reclamaba y dejaba poco más o menos como al esquimal: en pelotas. Eso sí, se supone que bien atendida. Es un decir.


Si el anciano no tenía lo suficiente, que lo paguen sus hijos.


A echar cuentas… Vuelven los enfrentamientos.


En estos casos, las partes enfrentadas viven la situación como un conflicto o como un problema. Como una de las dos cosas.


Si entienden la cuestión como un conflicto -que dicho sea de paso, suele ser lo más habitual- se acaban enemistando. Si las partes, en cambio, lo plantean como un problema, no tienen por qué enemistarse. Pero esto no suele ser habitual. Basta con que una de las partes entre en conflicto para que el enfrentamiento cobre tintes belicosos. Por más que la otra u otras partes quieran resolver el problema.


Entre tanto, al anciano le entra frío en la planta de los pies… como si anduviera descalzo por la nieve. Vaya usted a saber por qué.


Mientras al abuelito se le hielan los pies, el fundador de la residencia El último paseo, con la tripa caliente. 

Etiquetas: , , , , , ,

editado por...Wladi Martín @ sábado, agosto 23, 2025
0- Comentarios a esta nota -

NEVERMOR


En la tribu los tumaiself las condiciones de vida son durísimas. Extremas podríamos decir. Todo el día luchando contra el frío polar, buscando alimento, evitando las fieras. En fin, peleando por sobrevivir. Esa es la ocupación de todos los miembros de la tribu. Ese es el trabajo hasta que llega la noche en la que se busca un lugar donde no helarse mientras se reponen fuerzas hasta que llega la mañana; y vuelta a empezar. Saben que juntos tienen más posibilidades de abrigarse, de juntar excedentes para las épocas de hambruna, de defenderse de las alimañas que atacan de vez en cuando. A su manera, son solidarios. Pero no generosos. Se solidarizan para formar un grupo más fuerte que el conjunto de individuos por separado. Lo hacen por interés.


Los varones de la tribu, sobre todo, se dedican a cazar y llevar alimento al campamento. Son fuertes y han desarrollado destrezas y utensilios cinegéticos. Las hembras preparan los alimentos, guardan debidamente los excedentes, si los hay. Tienen hijos y se ocupan de su crianza.


Los niños -un poco más que las niñas- son cuidados y protegidos. El grupo entiende que son el futuro. Pero ay de ellos si el presente se vuelve amenazador. Entonces corren peligro -especialmente ellas-. Los tumaiself saben que las hembras garantizan el futuro de la tribu. En ese sentido las protegen. Pero también saben que una sola mujer puede concebir muchos descendientes. En cambio, un sólo varón no caza lo que varios. Tampoco proporciona la misma defensa un sólo hombre, que una docena. Los tumaiself piensan así desde tiempos inmemoriales. Puestos a elegir… Tal vez podrían reclamar la patente de lo que hoy se conoce como machismo. Ellos no lo piensan así. Lo ven natural. Va en su naturaleza. Cualquiera discute con ellos.


Hace poco, tuve una conversación con un tipo que había nacido en un pueblo cercano al mío. Digamos que se llama Nicanor. Por apellido Niflío. Nicanor Niflío.


Discutimos sobre un tema similar al explicado más arriba. El paisano empezó a ponerse violento alejándose de la templanza que podría indicar cómo se llamaba. Daba argumentos similares a los expuestos por los esquimales acompañándose de fuertes golpes sobre la mesa. Igual era un remoto descendiente de los tumaiself.


Volviendo a la tribu que hoy nos ocupa, vamos ahora con una costumbre peculiar. Antes hablábamos de la supervivencia, o sea, de la vida. Ahora vamos con la muerte. En fin, que vamos a hablar de lo mismo si se piensa bien.


Antes me gustaría ilustrar el tema con algo que en principio parece no tener nada que ver. Me refiero a las traineras. Esas embarcaciones a remo que en la costa norte española gozan de gran popularidad. La tripulación la componen trece remeros y un patrón. Dicen que dicha relación es justo la inversa de algunos organismo modernos donde habría 13 patrones y un remero u obrero.


Existen competiciones muy exacerbadas de traineras. Cada embarcación representa a un pueblo, villa o ciudad. Las carreras levantan pasiones. Los remeros hacen grandes esfuerzos afanándose con toda su energía sobre el remo… parece como si les fuera la vida en ello.


Si en plena competencia uno de ellos perdiese el gran remo inmediatamente se tiraría al agua. Es una norma no escrita. Si no se puede colaborar al éxito del grupo, al menos no ser un peso inútil. Un ejemplo de sacrificio y solidaridad.


Volviendo a los tumaiself, a los que habíamos dejado al fresco, hablemos, como decíamos antes, sobre la muerte. Naturalmente que sienten hacia ella, hacia la de sus parientes y allegados, duelo y aflicción. Pero tienen una peculiar forma de enfrentarse a ella llegado el caso.


Cuando un hombre de la tribu empieza a comprender que se acerca a la vejez, actúa de manera peculiar. Si ese tumaiself empieza a dejar de cazar o empieza a aportar poco en la defensa contra los depredadores amenazantes, entonces suele tomar el Camino del Nevermor. Antes de llegar a la decrepitud, antes de sentirse inútil y constituirse en un peso muerto para el clan, el anciano se desnuda dejando sus ropas para provecho de otros y camina por el hielo en una especie de eutanasia. No se trata de ir a un lugar concreto. El que inicia su último paseo lo hace hacia donde entiende que no molestará a nadie cuando deje de respirar. No soportan ser una carga. Los demás lo entienden; dejan que se marche. Se trataría más de un viaje astral, por así decir, que un desplazamiento hasta un sitio prefijado. Suele hacerse de noche cuando los demás descansan.


Se podría decir que al perder el remo, un tumaiself, se tira al agua, de donde nadie va a ir a recogerlo. Se marcha al Nevermor.

Etiquetas: , , , , ,

editado por...Wladi Martín @ sábado, agosto 23, 2025
0- Comentarios a esta nota -

domingo, abril 27, 2025

El mendigo y Calderón


Se acercó a una mesa de la terracita. En ella, una familia tomaba café, además del sol primaveral que calentaba con voluntad. Con su rostro torvo, que parecía contradecir su mirada afable, ofreció recitar algún poema.

Barba rala con alguna escama fruto de la vida a la intemperie, el anciano no parecía en mala forma. Caminaba sin ayudarse de muleta alguna y con cierta ligereza. Tal vez ayudase a ello su extrema delgadez fruto de la dieta del puedo. (Como cuando puedo, lo que puedo y si es que puedo… con las muelas que me quedan).

En su canosa y escasa barba había una evidente prueba de que ese día había desayunado. Una inequívoca mancha de café con leche adornaba su mentón. Parte del adorno había goteado hasta el cuello de la descolorida camisa que llevaba tiempo ha. El aseo no siempre se permitía minuciosidad ni en el albergue ni en la fuente del parque. Lo de lavar la ropa, por otra parte, era un lujo de otra época. Ya hacía años que llevaba la misma ropa y sólo la mudaba si encontraba alguna prenda en mejor estado o alguien se la regalaba.

El anciano volvió a ofrecer poesía a cambio de alguna limosna. Lo hacía sin dejar de mirar la tapa del aperitivo con el que se entretenía aquella familia.

Una de las mujeres, con mucha cortesía, declinó el ofrecimiento argumentando que estaban conversando y no estaban para poemas.

Casi al mismo tiempo, un varón del mismo grupo preguntó si los poemas que ofrecía eran propios.

El mendigo dijo que no. Que los tenía memorizados de García Lorca, Machado, Quevedo y otros. 

Mientras rebuscaba en el bolsillo de la calderilla, el hombre le dijo que él conocía el fragmento del inmortal Lope -eso dijo-. Y, sin más, se puso a recitar:

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba recogiendo
las hierbas que él arrojó.

Al acabar la perorata que declamó afectadamente estiró la mano y ofreció un par de monedas al anciano. Éste las tomó y al mismo tiempo pidió las patatas fritas que quedaban en un platillo blanco. Se las dieron y las apuñó llevándolas a un bolsillo de su zamarra. Se despidió con una enigmática sonrisa, balbuciendo algo que ninguno de los comensales acertó a comprender.

Al mismo tiempo, muy cerca, pasaba un niño paseando de la mano de su mamá. Al ver la escena y escuchar la farfulla preguntó:

- Mamá. ¿Por qué ha dicho ese señor: Es de Calderón de la Mierda. Que ustedes tengan una vida llena de barca?

Etiquetas: , , , , ,

editado por...Wladi Martín @ domingo, abril 27, 2025
0- Comentarios a esta nota -