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viernes, abril 22, 2011

Camino de la “fluxibilidad”. La vía dúctil

Se suele decir que el yudo es “el camino de la flexibilidad”. Con ello se quiere indicar que el yudo enseña a no enfrentarse con rigidez a la fuerza que nos ataca; no se debe enfrentar fuerza a la fuerza. Por eso hemos sostenido muchas veces que, en España, hay pocos maestros de yudo y sí , en cambio, muchos entrenadores de una especie de lucha que practican con yudogui. Son entrenadores que suelen recurrir al famoso “tira más fuerte”, para corregir a sus pupilos. ¡Menudo argumento técnico! Este argumento es, sin duda, el que lleva a muchos jóvenes yudocas a la sala de pesas en busca de un fundamento técnico que ni siquiera conocen; sus entrenadores quizás tampoco.


De momento, no insistiremos más en esta cuestión. Sólo recordar que son personas, este tipo de entrenadores, que no practican ni enseñan “YU-DO”. No tienes más que recordar que se trata de dos palabras con un significado cada una de ellas y, siempre, muy alejado del empleo de la fuerza (y más de la fuerza bruta).

Pero volvamos ahora a lo del “camino de la flexibilidad”, porque, a pesar de ser cierta la definición, nos parece que se queda corta. Sobre todo porque, actualmente, hablar de flexibilidad, casi siempre, lleva a pensar en una persona elástica; en alguien capaz de doblarse más que los demás. No se trata de eso.

Quizás sería más correcto decir que el yudo es el camino de la “fluidez”, para comprender que de lo que se trata en yudo es de adaptarse a los ataques del adversario sin rigidez. Y esto acaba siendo una filosofía para comportarse en la vida adaptándose uno, a los problemas que le van surgiendo y resolviéndolos de forma flexible y fluida; con ductilidad.


Todavía surge un inconveniente al utilizar la palabra “fluidez” para definir el yudo. En nuestra sociedad, aquejada de las sempiternas prisas y tensiones, hablar de fluidez suele llevarnos a pensar en “rapidez”. Se suele entender que lo fluido es lo que transcurre en un corto espacio de tiempo; pasa rápidamente. No nos interesa esta connotación, pues en el yudo las prisas están expresamente contraindicadas, si se quiere progresar. Es un deporte en el que no conviene tener prisas para pasar de cinturón, pues no por el mero hecho de conseguir un cinturón o grado se sabe más yudo. Los atajos no existen en el yudo, como en casi nada importante de la vida. Lo que hay es un proceso de maduración que hay que saber respetar. Tampoco conviene tener prisas para ponerse en forma, pues ni siquiera una buena condición física garantiza la victoria ante un rival más cualificado técnicamente.

La fluidez a la que nos referimos para definir el yudo es, más bien, la que indica la cualidad que tienen algunas sustancias en estado líquido o gaseoso. Por ejemplo, fíjate en el agua y la capacidad que tiene de adoptar la forma de cualquier recipiente sobre la que se introduzca. Fíjate en la forma que tiene el agua de un río en seguir su lecho. Lo hace con fluidez, con calma en los remansos y con rapidez cuando el terreno se inclina. El agua no se puede cortar, fracturar o quebrar, aunque se la golpee con fuerza. Sin embargo, la fuerza del agua es tremenda. Sólo tienes que pensar en el agua del mar que muele la roca y la convierte en fina arena de playa; que es capaz de esculpir la costa.

Después de estas reflexiones se nos ocurre una palabra que vamos a acuñar aquí sin ánimo de elevar la petición a la Real Academia Española de la Lengua, para que la reconozca. Bastante batalla tenemos ya al emplear la “i griega” en lugar de la “jota”, para escribir yudo. En esta batalla, por cierto, nos da toda la razón la Real Academia Española; no tienes más que consultar su Diccionario de la Lengua Española. Sólo siguen escribiendo yudo, en castellano, con jota, gente bruta, ignorante, incapaz de corregir sus errores, imposibilitada para adaptarse a la razón… ¡Incapaces de hacer yudo!

La palabra que nosotros hemos propuesto en este artículo para definir el yudo es “fluxibilidad”. Para nosotros, el yudo es el camino de la “fluxibilidad”, porque es un deporte que nos enseña a caminar por la vida de manera flexible y fluida a un mismo tiempo. Ocurre que la riqueza del castellano es tal que tenemos una palabra como ductilidad que bien pudiera encerrar este significado que nosotros hemos intentado hacer aflorar. Así pues, optemos por la vía de la ductilidad. ¡Todo un reto! ¡Toda una filosofía!

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editado por...Wladimiro Martín @ viernes, abril 22, 2011