A propósito de Allen ¿Qué pasa con Baum?
Hoy que he terminado de leer el último libro de Woody Allen, me surgen algunas reflexiones y recuerdos.
El nonagenario genio neoyorquino ha sorprendido escribiendo a su avanzada edad su primera novela. En ella destila su peculiar humor, fino y cínico a partes iguales, basándose en un protagonista que inevitablemente nos recuerda a él mismo.
Yo vivía, hace muchos años, en Caño Roto, cerca del Canódromo de Carabanchel. Mi colegio estaba en la callejuela Bocarrana; fantástico nombre que se acabó perdiendo. También está en desuso el de poblado de Caño Roto, que ha devenido en barrio de Los Cármenes. (¿Dónde va a parar?).
Muy cerca del colegio, en la misma calle del canódromo, pero más arriba, hacia Carabanchel Alto, había dos salas de cine pegadas la una a la otra. Eran los cines Canadá y Kursal. Este último también tenía discoteca adyacente.
Daban, en sesión continua, dos películas. A mi siempre me ha gustado mucho el cine. A pesar de no encontrar compañía una tarde me decidí a pasar a una de las dos salas -no recuerdo cuál- a pesar de que las carteleras no me parecían sugestivas. Proyectaban, una detrás de la otra, “Trafic” de Jaques Tati y “Toma el dinero y corre de Woody Allen”. A ninguno de los dos genios se les podía considerar por entonces conocidos, ni mucho menos. Del cineasta francés ya hablaremos. Ahora nos ocupa Woody Allen.
Ambas películas me conquistaron. Quedé impresionado y comencé a seguir a ambos llegándome a declarar fan incondicional del judío neoyorquino. Por entonces, ya digo, nadie le conocía y mucho menos en mi entorno. Era la década de los 70. Todavía había un único noticiario y todas las cadenas de radio y las dos únicas que había de televisión, estaban obligadas a emitirlo. Otros tiempos.
Mi pasión por Woody Allen fue tal que llegaron a llamarme Woody, en lugar de Wladi. En aquella época el norteamericano aún no había sido galardonado con un óscar al mejor director por “Annie Hall”; cinta que también se llevó la estatuilla como mejor película (1977).
Por cierto que Woody Allen no recogió el galardón. Estaba tocando el clarinete en un club de jazz. No iba a dejar tirados a sus amigos. Esa fue su excusa para no acudir a tan rimbombante acto.
Y llegados a este punto recuerdo una estupenda anécdota que narra como conseguí el autógrafo del singular actor y director.
Debían estar próxima la década de los 80. Un amigo me llamó explicándome que una compañera de trabajo iba a ir de viaje a Nueva York y quería visitar el club dónde sabía tocaba regularmente el clarinete el señor Allen. Tenía pasión por el ya por entonces famoso cineasta, pero no encontraba forma de averiguar dónde verle.
Mi amigo Mario le explicó que tenía a la persona indicada para averiguarlo.
- Si quién yo pienso no te lo sabe decir, es difícil que encuentres alguien en España que lo sepa.
Se refería a mi.
Recuerdo que por entonces, no funcionaba Internet. Ni siquiera había ordenadores personales en los domicilios del común de los mortales. Tampoco teléfonos móviles.
Yo tenía un fantástico archivo con cientos y cientos de recortes de prensa. Guardaba todo lo que aparecía publicado sobre Allen o su obra o su entorno. Incluso era suministrado por mis amigos. Me entregaban regularmente artículos, fotos y otras publicaciones del tema.
Así es que le pedí a Mario un par de días pues no estaba seguro de tener el dato, pero quería repasar a fondo mi archivo.
Efectivamente, dentro del plazo que pedí facilité el dato requerido.
- Di a tu amiga que toca los martes en el Michael´s Pub.
No sólo eso. Le di la dirección, le proporcioné los horarios de las actuaciones. Hasta facilité el teléfono del club para poder hacer reserva; cosa muy recomendable.
La muchacha no se lo podía creer. Fue a escuchar al polifacético artista y tuvo el detalle de pedir su autógrafo para mi, en señal de agradecimiento. A su vuelta me fue entregado. Lo he guardado muchos años como un auténtico trofeo.
Volviendo a la novela “Qué pasa con Baum” y sin entrar en valorar técnicamente la obra -cosa que no me considero capacitado para hacer- diré que será del agrado de los seguidores de Allen y muy del desagrado de sus detractores – que también los tiene-.
Una de las muchas películas de Woody Allen se titula “Sombras y niebla”. También las hay en su dilatada vida. Pero, en todo caso, es curioso que tan aparentemente frágil personaje haya sido capaz de levantar grandes pasiones y, casi en la misma proporción, grandes y furibundas aversiones. En muy poquitos casos deja indiferente. Por algo será.
Etiquetas: cine, Famosos o casi, literatura, opinion, reflexiones o así, wladi, wladiario, wladimiro, wlady

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