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jueves, julio 16, 2015

El deleite de la Literatura

En estos días lo mismo leía que no leía. Como que me daba igual. Casi me tenía que obligar. No he sido nunca un lector compulsivo, pero sí un buen lector.

Siempre he tenido deseo, curiosidad y hasta disciplina para leer páginas y páginas de libros que casi siempre me han parecido interesantes, cuando no fascinantes. Tampoco suelo tener reparos en dejar un libro a medias si deja de interesarme. Hay tanto bueno que leer que ni aplicándose de continuo toda una vida en ello se abarcaría tanta maravilla. Pero últimamente, la cosa iba floja. En mis visitas a la biblioteca me descubría visitando una y otra vez a mis autores favoritos; como si no hubiera otros. Que si Auster, que si Murakami, que si Mendoza, que si Mankell. Mis paseos de la A a la M empezaron a obsesionarme. Entraba en desasosiego. También tengo que reconocer que últimamente he leído poca novela y sí mucho libro de los que se encuentran en psicología o autoayuda. Napoleón Hill, Osho, Og Mandino, Art Williams... ¿Me ayudaron? Supongo que sí. Pero, de alguna manera, se me fue la pasión por la literatura. De manera que volví a clásicos modernos y me leí Tener o no tener de Hemingway, en la tablet. La cosa pareció empezar a funcionar. Después, volví a la biblioteca y solicité en préstamo La piel del cielo de Elena Poniatowska. De momento me está encantando. Y eso que mi hermana me ha avisado que a ella también le iba encantando pero lo acabó dejando. Ya veremos.




Pero no iba a eso. Hablo de leer y no leer; he ahí la cuestión.

De momento me he vuelto a enganchar a una novela; una buena novela. Lo que pasa es que no acabo de encontrar el momento de leer con la fruición que antes lo hacía. Y ha sido por una extraña necesidad por la que he vuelto a tener profundas sensaciones. La necesidad de desplazarme en transporte público me ha sumergido en mi libro, librándome -valga el juego de palabras- de entretenerme con el teléfono móvil. Malditas distracciones tecnológicas.

Al llegar a mi destino, Madrid capital, y para librarme de la canícula mientras llegaba la hora, varias veces pospuesta, de recoger lo que iba a buscar, me metí en unos grandes almacenes. Lo hice al reclamo del aire acondicionado. Fui directamente a la librería. Fue grandioso volver a interesarme por libros, por muchos y diferentes libros. Eran tantos los que me interesaban que me limité a tomar notas y dejé a salvo mi maltrecho bolsillo.


Me va a faltar verano. Vi juntos un montón de obras de Patrick Modiano al que estoy deseando, hace tiempo, hincarle el diente. Recordé que mi estimado Pérez Reverte tiene nueva novela hace tiempo y yo sin haberme apercibido de ello. Pensaba que era un recopilatorio de artículos publicados en prensa. También recordé la entrevista a Chufo Llorens en televisión y cómo me interesó. Por ahí estaba La ley de los justos. Y también estaba El amante japonés de Isabel Allende. Y Los cuerpos extraños de mi amigo Lorenzo Silva. Y el Viaje de Tanaka de David Cantero. Y varias "historias" de Eslava Galán. Y El alma del samurai de Cleary. Y El valor del samurai de López Romero. Y... ¿En qué habré estado pensando yo estos días de atrás para no encontrar qué leer?



Y de la música ya hablaremos en otro momento. Que también hay tela que cortar.

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editado por...Wladimiro Martín @ jueves, julio 16, 2015