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domingo, septiembre 04, 2011

El Mundial de Yudo, el otoño...


He pasado la mañana del domingo, casi completamente, montado en mi bici. ¡Qué placer!


Aún veo en el calendario que estamos en verano, pero mi piel sabe que ha llegado el otoño a Madrid. Lo siento, lo noto, lo disfruto. Me recuerda a la primavera en Johanesburgo, cuando era un niño, que, por cierto, anda en estas fechas llegando a esas latitudes (también). Nuestro otoño cañí es el no va más. Es la releche… pero dura poco. Hay que aprovecharlo. Pronto nos dirán que se hace de noche más temprano para ahorrar no sé cuantos puñados de euros (antes de pesetas) y luego sacamos los cazas a pasear (eso sí que es ahorrar) para el desfile de la Hispanidad.

He llegado tan satisfecho como agotado, aunque al principio podía más el primer sentimiento y ahora es cuando noto la fatiga (cuando ya han pasado algunas horas). No importa, lo duro está por llegar.

Estoy con ganas de empezar mis clases, como cualquier profesor de yudo que se precie, a estas alturas de ¿verano? De hecho me llevé una gran alegría cuando encontré una veintena de yudocas esperándome ayer sábado en el primer entrenamiento de la temporada, convocado deprisa y a la carrera. Muchos son los que, como yo, andan excitados por enfundarse el yudogui ya.


Empezamos un curso que se abre justo a continuación del final de todo un Mundial. Seguro que se nos llenan las clases de niños intentando emular a nuestros mejores yudocas. Lo habrán visto a todas horas por la tele y el efecto será todo un imán para que las niñas quieran emular a Ana Carrascosa, a Isabel Fernández, a… Y los niños… 

He oído maravillas del Campeonato del Mundo de París. He oído a gente que se ufana de haber asistido a las maratonianas sesiones (hasta ocho horas de yudo diario) y a otras que lo han hecho por Internet (¡qué remedio!) Me llevo la sorpresa de que, entre mis alumnos (les puedo asegurar que son expertos en eso de Internet) la cosa no ha causado mella. No me extraña lo más mínimo. Son gente sana. 

Yo sí que me he metido entre pecho y espalda sesiones maratonianas frente al ordenador. No me siento nada orgulloso de ello. Lo digo con la mano en el corazón. Es verdad que he disfrutado con el heleno Illiadis, con el uzbeko Sobirov y con el gigantón gabacho Rinner. Los japoneses, perdonen Uds., me han decepcionado pese al cajón de medallas que se han llevado. Pero, sobre todo, me pregunto en qué están pensando los cabeza-pensantes (¿qué los habrá?) de los que depende la promoción del yudo. Para mí es sintomática la final de dos grandes yudocas como la francesa Lucie Decosse y la holandesa Edith Bosch en menos de 70 Kg. No estamos hablando de cualquier cosa. La francesa consiguió en Paris su tercera corona mundial y la holandesa ya había sido campeona del Mundo en el 2005 y sub-campeona olímpica en Atenas. Aquí les dejo la final que protagonizaron (si tienen … se la ven y me cuentan). Si yo le digo a un amigo que practico yudo, que es una maravilla y le pongo esta final (una final de un campeonato del Mundo ¡coño!) me invita a la copa, pone una excusa para marcharse y según se da la vuelta borra mi número de su agenda de contactos del móvil. La francesa se lleva el título mundial sin realizar un solo ataque en todo el encuentro (dejemos de llamarle combate).


He observado que, en líneas generales, el primer minuto de los encuentros es una especie de boxeo en el que no se golpea (eso es lo que le podría parecer a cualquier espectador desconocedor de nuestro mundillo o deporte). Todo un minuto de los cinco que dura el encuentro. 

También he intentado presenciar los encuentros (los cientos de encuentros) con la mentalidad de un niño de entre 8 y 12 años de edad, practicante de yudo… ¿? 

Al final, he tenido que dejar pasar unos cuantos días para saltar a este vomitorio que es el WLADIARIO y expresar mi decepción. Soy un enamorado del yudo, pero me siento estafado cada vez que sigo de cerca este tipo de eventos que vienen a ser lo máximo en nuestro deporte. Son sólo aptos para yudocas. Aún diría más: para yudocas a partir de cierta edad y con cinturón marrón mínimo. 

Dicen que en los Juegos Olímpicos el deporte donde más se acusa la falta de espectadores ‘no practicantes’ de ese mismo deporte es el yudo. A ver si me he explicado. En los Juegos Olímpicos hay gente que va a ver el atletismo, el baloncesto, la natación… y no son atletas, ni jugadores de baloncesto, ni nadadores. En lo Juegos Olímpicos, al pabellón en que se celebra la competición de yudo van yudocas y, todo lo más, las novias o novios (familiares, también) de los concursantes (que también suelen ser yudocas). Es una especie de fagocitosis endogámica o dicho en más calorro: yo me lo guiso yo me lo como. El yudo para los yudocas que ellos se entienden. 

Hay otros deportes en que se retransmiten horas y horas de espectáculo (¿?) Ahora que hemos tenido el Tour o la Vuelta, hemos comprobado que se llega a retransmitir toda la etapa en ocasiones. Pero lo ven incluso gentes que no son ciclistas (ni falta que les hace). Será por las tomas en helicóptero, por los comentaristas… No lo sé. También con las motos y los coches de los multimillonarios retransmiten los entrenamientos y las carreras, y cuentan con espectadores que ni montan en moto o jamás conducirán un carro de esos que se calzan los Alonso y compañía. ¿Por qué será? 

No voy a abundar en estas críticas porque va a parecer que no soy yudoca y lo que toca es decir que ha sido la caña, que Francia (y esto es verdad) sabe organizar este tipo de acontecimientos de maravilla, etc. Pero sigo decepcionado de no poder compartir lo que más me gusta con gente que no sea acérrima como yo. Mi decepción alcanza también a decir que el Europeo de Baloncesto sí que va a llenar las escuelas de baloncesto de los municipios españoles de chavalines que la quieren botar como Pau Gasol o encestar como Riky Rubio (o viceversa). Mi decepción es también porque el Tour sí que despierta el interés de nuestros jóvenes por un deporte tan duro y complicado como el ciclismo. Y así sucesivamente. En cambio, desde que Miriam Blasco consiguió la primera medalla olímpica de orol del deporte femenino español (y al día siguiente Almudena Muñoz la segunda) o desde que Ernesto Pérez se proclamase sub-campeón olímpico en Atlanta, no he notado ninguna ayuda en mis clases de ‘nanos’ por parte de tan egregios acontecimientos. No me viene gente a probar el yudo por el efecto de los medios de comunicación porque el yudo es simplemente un ‘apestado’ para la tele. Por algo será (digo yo). Sin duda habrá que mirar a los que saben algo más de esto (que nosotros). Da la casualidad de que el Mundial de Yudo se ha celebrado en Francia, país en el que el deporte es cultura por encima de cualquier otra cosa. Igual es el modelo a seguir. Bien cerquita está. 

Para acabar quisiera decir que he leído en un periódico un artículo bajo el título “Señal de alerta en París para el yudo cubano”.  El periodista Osvaldo Rojas Garay acaba su artículo diciendo: “Lo sucedido en Francia constituye una advertencia para las alumnas de Ronaldo Veitía, para no seguir perdiendo terreno en la élite, y no tener que entonar aquel tango de Gardel y Lepera que en la década de los 70 popularizaron Los Terrícolas: Cuesta abajo”. Hay que recordar que Cuba, como España, se marchó de Francia con una sola medalla de bronce. En el caso del combinado caribeño la consiguió Asley González Montero en menos de 90 kilogramos, en el de la Selección Española fue Ana Carrascosa en menos de 52 Kg. ¿Cuesta abajo? Los profesores de yudo seguiremos a lo nuestro y ya que el compañero periodista sacó el tango yo me despido con una estrofa de uno bien conocido, Garufa, que dice así:

Garufa,
¡pucha que sos divertido!
Garufa,
ya sos un caso perdido;
tu vieja
dice que sos un bandido
porque supo que te vieron
la otra noche
en el Parque Japonés.



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editado por...Wladimiro Martín @ domingo, septiembre 04, 2011