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domingo, febrero 17, 2008

Kokoro - Soseki

Kokoro es un término de difícil traducción al castellano. Además, es una novela de esas inolvidables (de las pocas). Se suele decir que las palabras no alcanzan, las más de las veces. Cuando uno acaba de leer Kokoro se da cuenta de que un montón de palabras, ordenadas de determinada manera, pueden componer una obra inolvidable, perturbadora. La novela está traducida (¡encima se trata de una traducción!) por Carlos Rubio. No conozco a este traductor, pero debe de ser un genio. Suya es también la valiosa y documentada introducción de esta obra que pertenece a la colección Biblioteca universal de la Editorial Gredos y cuesta un poco encontrar (en estos días de Internet, bastante menos). El autor es Soseki (Natsume Soseki), que, para situarnos, en 1900 viajó a Inglaterra, donde vivió casi tres años.

La historia que narra Kokoro es la de un estudiante japonés que encuentra a un extraño personaje al que pasa a llamar ‘sensei’ (maestro). No es una historia de aventuras ni una novela de misterio. Sin embargo la acción se sucede con muchísima agilidad, pese a que los espacios en blanco hacen subir la emoción. Por otra parte, se leen las páginas hasta el final a la espera de desvelar el extraño misterio que envuelve al personaje de ‘sensei’.

Lo curioso de esta novela para un yudoca (o yu-yitsuca) es que, sin tener conexiones evidentes, acaban apareciendo bastantes. No hay que olvidar que Yigoro Kano, en 1881, había obtenido su graduación en la Universidad Imperial de Tokio y empezó a dar clases de literatura en la escuela Gakushuin, una exclusiva institución para los hijos de la alta sociedad japonesa. Estos datos conectan al personaje central de Kokoro con el fundador de la escuela de yu-yitsu que pasó a llamar ‘Yu-do’.
Por otra parte, tanto el autor de Kokoro (Soseki), como Kano, andaban implicadísimos en el proceso nipón de acercamiento a occidente. Como se recordará, en 1893 Kano se convirtió Director de la Escuela Secundario de Maestros de Tokio (una escuela para maestros que después se convirtió en La Universidad de Tokio Kyoiku, actualmente la Universidad de Tsukuba). Sólo tenía 34 años de edad. Poco después, en 1899, fundó el Koubungakuin, una escuela para estudiantes extranjeros chinos. Entre sus estudiantes estaba Lu-hsun (Rojin), quién después se convirtió en un gran hombre de literatura.

Yigoro Kano estuvo de director de la Escuela del Maestro Secundario durante mucho tiempo, dejando un legado de logros para el desarrollo de la Educación. Estas raíces permitieron al yudo tener los íntimos lazos con la educación que tiene hoy.

Para quienes creen que Yigoro Kano era un obseso del yudo (que igual lo era, no lo vamos a discutir) y piensan que sólo sabía hacer yudo, aportaremos algunos datos más de ese prohombre nipón. A los 22 años, el joven Kano fue nombrado profesor en Ciencias Políticas y Economía del colegio Gakusuin (en aquellos tiempos era todavía un colegio para los hijos de los nobles). En este mismo año de 1882 fundó dos escuelas: el Kobunkan (escuela de idioma inglés para estudiantes chinos) y la Kano Yuku (escuela preparatoria cuya finalidad era formar integralmente el carácter de los niños que vivían internos en ella). Kano corría con los gastos de dichas escuelas, lo cual supuso que tuviera que trabajar por las noches como traductor (de inglés), ya que sus ingresos no le alcanzaban. También en este año fundó el Kodokan (escuela para estudiar el camino), ubicándolo en el templo de Eisoyi (pequeño templo de la secta budista Yodo, en el Simo-tani de Tokio), y con tan sólo 12 tatamis (denominándose así a la colchoneta que en occidente mide dos metros de largo por uno de ancho y en Japón 1,80 por 0,90 metros).

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editado por...Wladimiro Martín @ domingo, febrero 17, 2008