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domingo, septiembre 18, 2011

¿De cuándo han tenido vergüenza las lavadoras?

Qué revuelto está todo. Corren tiempos de centrifugado y lavado en agua fría. Nos hemos metido en una lavadora que no tiene agua, ni detergente… ni tampoco vergüenza. ¿De cuándo han tenido vergüenza las lavadoras?

Los maestros, profesores o como se les quiera llamar andan jeringados y sospechan que más se les quiere hacer la cusqui en el futuro inmediato. Me refiero a los de lo público.

Siempre he admirado a los maestros y despreciado profundamente a los funcionarios que ganan plaza sin vocación ni idea de dónde se meten ni con quienes habrán de lidiar (adolescentes se llaman en muchos de los casos). Además es que yo siempre me he considerado un maestro, pero en lo mío, que fue desde bien temprano el yudo. Así es que hoy día ando dubitativo. Soy maestro, trabajo en lo público pero ni me quieren hacer currar 20 horas ni con mi contrato podrían hacerlo (y eso que yo estaría encantado). Pero no esperen que caiga en demagogias que para eso ya están los demagogos, así se rocíen perfumes de 100 pavos para montar en el coche oficial.

Estoy en un momento peligroso. Me siento pastor de mi rebaño y sé de alguien que volvió a por la oveja extraviada. En este caso no se trata de un oveja y quizás (sólo quizás, por favor) el extraviado soy yo. Me encanta esa palabra: extra vías… ¡fuera de las vías! Pero dejémonos de misticismos que la cosa está prosaica.

Ando defendiendo a un colectivo que vamos a llamar, por ejemplo, alumnado y me desocupo de acomodar mi laboro a la ley del mínimo esfuerzo que impera en lo público. Soy yo el que debería enmudecer viendo que trabajaré menos horas que otros años (por el mismo plato de lentejas) y mi contratante, el que me debería achucharme para dar mejor servicio a quienes representa (usuarios les llaman a veces y cada cuatro años votantes). Y, como ando extra-viado, actúo al bies. Soy yo el que reclama mejor servicio para los usuarios o votantes (repito la palabra porque sé que se lee con más atención que la otra) del que me paga. Entre tanto el que me paga espera que cierre de una santa vez la boca. Se espera que me vuelva a la cueva a la que huí entre vergüenza de no sacar coraje y de constatar que la vejez oxida el corazón rebelde, incluso el propio. Y así, de paso, que se callen las bocas de los descontentos.

- Voces sensatas apelan a ‘conservar’. Hoy día no están las cosas para perder un empleo estable en lo público…

Respuesta: Después de nueve años en mi nuevo contrato figura ‘NO FIJO’.

Respuesta 2: Hace una semana nos explicaron que sobramos unos 180 remeros en la nave que conducen unos 181 pilotos. Yo entendí que hay que ser dócil para no entrar en la lista. Y recé porque al menos 180 pilotos se acatarrasen con fieras toses convulsas y sacudidas febriles que los inhabilitasen para seguir navegando (a costa de los demás)

- Voces sensatas me dicen que no puedo trabajar en un Ayuntamiento y pretender dar el mismo servicio con un club privado… entraría en competencia.

Respuesta: Me parto el esófago de la risa con lo que “YO” no puedo (o no debo) hacer y lo que veo a diario que se puede hacer y de hecho se hace (aunque no se debiera).

- ¿Por qué a un club de basket o de balonmano se le ofrece la firma de un convenio para que desarrolle la actividad municipal –escuela deportiva- y a nosotros la asociación de yudocas no)?

Respuesta. Ni pajolera idea. Pero está claro que nosotros jamás echaríamos a la calle a un chaval por bajito (y esto ha ocurrido para jugar en una escuela deportiva municipal al baloncesto).

-¿Por qué a un club de uni-joky o como se diga se le cede una tarde a la semana un Pabellón entero y a nosotros los yudocas no se nos puede ceder una sala un par de tardes a la semana?

Respuesta. Ni pajolera idea, pero igual ayuda el que el curso pasado nos buscásemos la vida enterrándonos en la cueva y, encima, con buena cara, sin descomponer el grupo y sacando resultados.

No sigamos con tanto por qué; nos pueden acusar de parodiar a un portugués malhumorado y millonario. Ni somos millonarios ni lusos (aunque sí podríamos ser tildados de ilusos malhumorados).

De momento vamos a conformarnos con una reflexión (y vamos acabando con ella) de una madre indignada por la situación que atraviesa con su hija. Hace cinco años inscribió a la niña, que tenía 5 años, a la actividad municipal de yudo en el grupo de Chiqui-yudo los martes y jueves. Al años siguiente repitió y al otro y también en la temporada 2009/10 siempre los martes y jueves en la misma instalación y con el mismo profesor. En el pasado curso 2010/11 se le cercenó esa posibilidad en dicha instalación y para continuar en la misma actividad, en los mismos días y con el mismo profesor el mismo Ayuntamiento le ofreció la posibilidad de acudir a unas clases que organizó en un colegio. Ahora esas mismas clases serán sólo para los alumnos de ese colegio (al que no acude su hija) y el Ayuntamiento no le ofrece alternativa en esos mismos días en la actividad mencionada con el mismo profesor. La buena mujer piensa que, en estos momentos en que tanto se acusa a las nuevas generaciones de carecer de valores, de sentido del compromiso deberían ser las instituciones las que velaran por garantizar la transmisión de dichos valores. Entiende, con muy buen juicio que, en este caso, tan paradigmático, a esa niña, que ahora tiene diez años y que desea continuar comprometida con su proyecto deportivo en el mismo grupo y con el mismo profesor que le transmite a su vez valores es precisamente la Institución la que le cercena la posibilidad de que así sea. Claro que tiene la posibilidad de cambiar la actividad a lunes y viernes, pero ahora se encuentra con el problema de que no queda garantizada su plaza dado que tras un lustro en la misma pasa a ser considerada como nueva alumna y si no anda presta puede quedarse sin plaza.

En fin, como decíamos al comienzo: ¡Qué revuelto está todo! Corren tiempos de centrifugado y lavado en agua fría. Nos hemos metido en una lavadora que no tiene agua, ni detergente… ni tampoco vergüenza. Pero... ¿de cuándo han tenido vergüenza las lavadoras?

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editado por...Wladimiro Martín @ domingo, septiembre 18, 2011