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Las cosas de W&CC así como de ALMAYARA.

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sábado, septiembre 25, 2010

Otra noche de insomnio

Otra noche de insomnio. Cada vez son más habituales; cada vez más frecuentes. No puedo ni quiero dormir. No quiero cerrar los ojos y soñar. Demasiados sueños ya.

Deambulo por la oscuridad. Como un fantasma procuro no hacer ruido, no interrumpir el descanso de otros. Dejad que sueñen los que limpia tienen la conciencia. La mía ya empieza a pudrirse. Demasiado tarde. Sólo me quedan reproches; reproches y aceptación. ¿Por qué consentí? ¿Por qué no me rebelé? Ya es tarde.

Mi vigilia narcotizo con la esperanza de encontrar algo de descanso, algo de paz. No existe dentro, no la encuentro en ningún rincón de mi interior. Fuera sí. La noche es larga, calmada y sugerente. Tal vez me lleve.

Tampoco líquidos destilados actúan. Tampoco los rayos catódicos distraen. El libro se me cae de las manos. Otro libro, otra historia. Siempre otra historia para completar una única historia. Siempre una novedad para conformar lo conocido, lo previsible. ¿Qué puede esperar un cobarde?

Si al menos acudiera a mí la pesadilla. Ay si pudiera llorar en la linde entre este mundo y otro. Llorar con fuerza pero sin lágrima. Llorar en silencio para regresar sudoroso y asustado. Al menos me sentiría vivo. Incluso albergaría algo de heroicidad por haber conseguido el regreso del campo onírico a la dura batalla con la almohada húmeda.

Sólo la claridad me parece valentía. Sólo aceptar me parece revelador. Pero también me condena. Mi propia indolencia me hace esclavo. Soy la ruina de lo que no me atreví a ser. Nadie parece darse cuenta de ello. Sólo en la noche me desnudo. Sólo en lo oscuro acabo de comprender.

Llegará la luz, esa luz tamizada de gris ciudad y de pardo otoño. Llegará la mañana a la que volveré a esperar con el café en la mano. También llegará el vagar por el mar, por ese mar en que avistas islas que te esquivan. Son miles de islas las que diviso y ninguna me ofrece su costa. Tampoco yo navego; soy isla también. Si al menos naufragara alguien en mi soledad.

Voy a ver si consigo llorar. Que caiga la lágrima estéril y nuble mi vista. No quiero que el sol consiga herir mi pupila. Algo me queda por ver. Algo espero aún descubrir. Quizás vea algunos cadáveres más pasar por delante del quicio de mi puerta. No me consuela, sólo me hace seguir la cuenta… ¡ya quedan menos!

Y quedan más. ¡Iluso! Siempre quedan más. No se sabe de dónde salen, pero los hay por todas partes. Ahora huelen a finos jabones y afeites, les brillan las uñas y su oratoria es zalamera. Ahora te hacen girar la cabeza al relumbrar sus finos atuendos, sus cabellos vigorosos, bien mesados los malos tallos. Marcan curvas y llenan vacíos con la materia con que se cuecen las falacias en tierras de villanos. Son auténticos ladrones. Lo primero que te quitan es la tranquilidad, luego la inocencia… Que no os quiten el sueño; dormid, dormid.

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editado por...Wladimiro Martín @ sábado, septiembre 25, 2010